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¿Es populista y socialista el Papa de los pobres?

Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 11 de agosto de 2013, 19:01h
El Papa Francisco ha entrado como un ciclón en el Vaticano. Cada día, nos sorprende más. El ser argentino, mientras no sea psiquiatra, no debe ser un baldón para el Pontificado. Que sea jesuita tampoco, aunque, en algún momento, dicha congregación ha protagonizados sucesos, como poco, oscuros. El problema consiste en que el nuevo Papa quiere poner patas arriba algunas tradiciones desfasadas de la Iglesia Católica. Y, aunque hay que aplaudir su empeño y valentía, lo va a tener difícil.

Es verdad que la Santa Sede está implicada en numerosas y opacas irregularidades, como el caso del Banco vaticano. Es verdad que determinados elementos del pequeño y hermoso Estado incrustado en mitad de Roma se aprovecharon de su poder y su inviolabilidad para amañar, robar y tomar el poder de la Iglesia Católica.

Pero la estrategia del Papa Francisco parece demasiado arriesgada. Esperemos que no le pase como a Juan Palo I. Quizás le sobra coraje para erradicar la corrupción de ese sector del Vaticano. No es solo que haya cambiado el papa móvil por un coche descubierto, una temeridad tontorrona y sinsentido. Es que está hurgando en unas heridas, como poco, peligrosas.

Es un hecho que quiere pasar a la Historia como el Papa revolucionario, que pretende limpiar el Vaticano de toda la basura que ha acumulado durante años. Y hace bien.

Los jesuitas creen que tienen la razón en todo, se creen la vanguardia de la Iglesia, los más puros, los más solidarios con los pobres, que en muchas ocasiones lo han sido, pero también han mantenido misteriosas relaciones con grupos armados y con sociedades que transgreden las normas de la Iglesia Católica. La Teología de la Liberación, plagada de comunistas anticlericales, es el mejor ejemplo.

Se ha visto en su reciente viaje a Brasil. Se ha mezclado con la gente de las favelas, de los indignados y ha llevado el mensaje de Jesús a los más desfavorecidos, pero por mucho que quiera, Brasil, y en especial las favelas, es y seguirá siendo uno de los lugares más peligrosos y con más delincuencia del planeta. El narcotráfico y las metralletas son su “modus operandi”. Y seguro que el Papa ha hecho bien al ir allí, aunque no cambiará nada.

La Iglesia Católica ha caído en manos de un hombre que parece tener mucha prisa. Le llaman, con razón, el Papa de los pobres. Y ése es su gran valor. Algunos, seguramente sin motivos, ya le tildan de ser socialista y populista. Pero el Papa Francisco se está metiendo en un laberinto del que le va a costar salir. Seguramente es un buenazo, pero, también, un inconsciente, un ingenuo o, quizás, un héroe al enfrentarse a cara descubierta a una mafia poderosísima. Ojalá lo logre. El Vaticano lo necesita.

Joaquín Vila

Director de EL IMPARCIAL

JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL

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