Vuelve a trabajar con Mariano Barroso, con quien ya lo hizo en Lobos de Washington (1999) y Hormigas en la boca (2005). ¿Es importante, además del guión, quien lo llama para un trabajo?Sí, es muy importante. Yo me fijo en el guión, en el personaje y en con quién voy a trabajar, en el director. Y últimamente, también en si pagan y cuánto pagan, porque no está el horno para bollos. Mariano y yo nos conocemos desde hace mucho tiempo, es la tercera película que hacemos juntos y tratamos mucho incluso en la vida privada. Eso también es bueno porque recordamos cosas que nos han pasado y las utilizamos para el trabajo. Mariano toca muy bien la cuerda de personajes como el que hago en esta película: veloz e histérico, que habla sin parar mientras ya está pensando en otra cosa, que es un gran mentiroso y un embaucador. Como director, te sigue, te va guiando y, además, se lo pasa bomba.
La película empieza con una teoría muy curiosa sobre las manadas que formaban los primeros hombres y cómo la afinidad especial que tenemos con algunas personas puede venir de esos grupos originales. ¿Puede que Mariano Barroso y Eduard Fernández sean de la misma manada?Sí, seguramente Mariano es de mi misma manada.
Todas las mujeres fue una serie de seis capítulos antes de pasar a la gran pantalla y, echando un ojo a su trayectoria, la televisión no es su medio predilecto. ¿Qué tiene esta historia que le enamoró?El soporte no es lo que más me interesa. Me importa la historia, con quién y cómo. Últimamente me ha dado, de hecho, por las series, y me las estoy viendo todas:
Los Soprano,
Breaking Bad,
The Wire,
Mad Men,
El ala oeste de la Casa Blanca… Estoy disfrutando muchísimo y viendo que hay muy buen nivel en las series. A mí me gustaría mucho hacer una buena serie de televisión, algo que, para mi gusto, no hay en España. Por lo tanto, hacer una buena serie en España sería un reto para mí.
En cualquier caso, la idea original de
Todas las mujeres era la de ser una película, solo que no se logró hacerla y derivó en serie. Ahora ha vuelto a su inicio y se ha convertido en película, y creo que está mejor así. La cabeza de Mariano creo que piensa más en película que en serie.
El espectador va conociendo a su personaje, Nacho, a través de sus relaciones con seis mujeres: su amante, su mujer, su ex novia, su madre, su cuñada y su psicóloga. ¿No nos definimos todos, en mayor o menor medida, en base a los demás?En parte sí. A este personaje le cuesta mucho asumirse a sí mismo. No se hace responsable de su vida y va pidiendo a las mujeres que le salven, que le saquen de su agujero. No pone los puntos sobre las íes ni asume lo que le pasa para poder actuar en consecuencia. En el otro lado, las mujeres, o algunas mujeres, tienen el rol de salvadora o cuidadora muy a flor de piel. Se junta el hambre con las ganas de comer.
¿Qué tiene Nacho que es capaz de embaucar a seis mujeres y al único personaje al que no se atreve a enfrentarse en toda la película, además de a sí mismo, es a su suegro: un hombre?Es cierto, hay un hombre al que se tiene que enfrentar y pone seis mujeres en medio para blindarse. Supongo que habría que preguntarse si le pasó algo con su padre para ver por qué le tiene tanto miedo a la figura masculina. Creo que va actuando en función de lo que él cree que los demás desean de él. Es un gran manipulador.
¿A quién recurre Eduard Fernández cuando tiene un problema?A un amigo. Según el tipo de problema, también recurro a la familia, a mi hermana o a mi madre, pero sobre todo a amigos, a los pocos que uno tiene, dos o tres.
Durante la hora y media que dura la película el espectador experimenta un abanico importante de sentimientos hacia Nacho: desde el rechazo, hasta la simpatía pasando por la lástima. ¿Es uno de esos personajes con los que, de alguna manera o de otra, todo el mundo puede sentirse identificado?Sí. Creo que todos tenemos algo de ese Nacho. Todos hemos embaucado, todos hemos sido débiles y nos hemos sentido mal por no haber conseguido lo que queríamos en la vida. Nacho va pasando por muchas fases, desplegando distintas partes de sí mismo, y terminas conociéndolo. A veces criticamos a la gente, pero creo que cuando conoces a alguien, sea quien sea, a menudo te provoca cierta empatía. Todos somos queribles.
¿Cómo se construye un personaje tan tridimensional y tan, a priori, desagradable?Para hacer los personajes, a mi me sirve pensar en cosas que me han pasado y que pueden ser parecidas a las que vive el personaje. Lo que creo que es muy peligroso en este sentido es trabajar con heridas abiertas, con problemas no resueltos. Para construir a Nacho he pensado en cosas que he vivido o que han vivido mis amigos. Es una actitud que puedo conocer y, en todo caso, es una gran actividad terapéutica: desarrollar al mentiroso pleno o al embaucador cien por cien en una ficción. Es como decir: ahora puedes mentir hasta el alma y está permitido, no pasa nada, es un lugar protegido para mentir.
Nacho roba cinco novillos porque ve una salida económica fácil para cambiar de vida. En una situación desesperada muy generalizada, como la actual, ¿la gente tiende a tomar medidas desesperadas?Puede ser, y quizá por eso el espectador empatiza más con el personaje, porque no sabe cómo salir de hoyo y tiene una rabia tan intensa al suegro que opta por usarle a él para romper con todo. En este caso es un suegro, pero podría ser un director de banco o un político, que son a quienes tenemos especial manía hoy en día.
Que el cine también está en crisis es una realidad. ¿Está el truco para sobrevivir en enfocarse a películas como esta, con presupuestos muy moderados pero con otras fortalezas? Sí, pero sin que sea un truco. Si se hace como truco, igual ya no sirve, es una contradicción. Esta película es sólo un guión, unos actores y un director con una cámara. Aquí no hay trampa ni cartón, no hay efectos para distraer al público. Si lo básico –el guión, los actores y el director- no está bien, no vale nada. Es el riesgo que tiene este tipo de cine, que tiene que estar verdaderamente bien hecho.
Cuando presentasteis Todas las mujeres el pasado mes de abril en el Festival de Cine de Málaga, fuera de concurso pero con críticas más que excelentes, la película ni siquiera tenía aún distribución. Sin artificios, con cine puro y duro, lo habéis conseguido…Es muy satisfactorio y lo afrontamos de una manera suave, con tranquilidad, pero muy agradecidos y con alegría. La acogida que estamos teniendo es fantástica, es como un regalo.
Aún con la crisis, no ha parado de trabajar. ¿Se considera afortunadoMe considero afortunado, sí, y en parte también desafortunado. A mí me dicen muchos piropos con respecto a mi trabajo, pero también hay otra parte que nunca he contado y que yo creo que ya la puedo empezar a decir. Por poner un ejemplo, un productor dijo de mí que era muy bueno para un papel, que era el actor ideal para hacer ese personaje, pero no me lo dio, dijo, porque la gente no se volvía a mirarme cuando entraba en un restaurante. Se lo dieron a otro, alguien a quien en principio la gente sí se volvía a mirarlo cuando entraba en un restaurante, y yo me quedé con las ganas de hacer un papel que me hubiera encantado. Ese precio he pagado también. Creo que, como los pies planos en la mili, en el cine también hay tópicos: se dice que hay actores que llevan gente a las salas. Yo no sé si es así, francamente, pero creo que una muy buena actuación sí lleva gente al cine. Así que lo que quiero hacer son muy buenos papeles, sobre todo ahora, cuando siento que estoy en un excelente momento, mejor que nunca como persona y como actor.
Es catalán, empezó su carrera en Barcelona y, aunque ha trabajado en casi toda España y en el extranjero, sigue haciendo cine catalán y en catalán. ¿Qué opina de las tensiones entre el gobierno regional y el Estado en torno a la cuestión soberanista?Creo que hay que hablar de esto porque es un tema que está en la calle y porque el pueblo catalán ha salido en masa. Cuando un pueblo sale en masa es que hay un problema, así que hay que echarle mano. Por lo tanto, creo que la consulta hay que hacerla, aunque yo no soy independentista. Hay mucha gente que no somos independentistas y que, francamente, no hablamos demasiado. Los que más hablan son los independentistas. Hay un momento en el que todas esas personas, también gente de mi profesión y personas conocidas, tenemos que empezar a hablar y a dar nuestra opinión. Sería muy triste que venir a Madrid, como hago tantas veces, pueda llegar a ser como viajar al extranjero y llegar una situación de tanta tristeza provocaría una gran división en Cataluña. Supongo que habría que estudiar cuál es la fórmula menos traumática posible para solucionar el problema que existe. Que hay mucha gente con gran sed de independencia en Cataluña es una realidad. Habría que ver hasta qué punto es posible reconducir eso hacia otro lugar o si no lo es.
Empezó como payaso en las calles de Barcelona. Ahora está aquí atendiendo a los medios de comunicación con más de veinte películas y dos premios Goya a la espalda. ¿Qué siente cuando compara estas dos imágenes?Yo es que he ido conmigo todo el rato, así que para mí han sido muy lógicos los pasos, uno detrás del otro, poquito a poco. Aunque sí, comparando las dos imágenes es fuerte, ¿no? Si me lo dicen entonces, cuando era un payaso con una narizota actuando en bar, fliparía, claro. Aunque era un payaso muy ‘heavy’ al que echaron de algún que otro bar. Luego me di cuenta de que era con razón: íbamos con orinales, nos bajábamos los pantalones… pero uno de los recuerdos más bonitos que tengo de hacer teatro es de esa etapa. Es de una actuación que hicimos en La Mina, un barrio de gitanos de Barcelona en el que la gente no entra, y menos entonces. Pensábamos que allí los payasos les iban a dar igual, pero los chavales, entre pico y pico, se lo pasaron bomba.
De hecho, aunque su éxito en la gran pantalla es innegable, nunca ha abandonado el teatro. ¿Cree que es bueno para un actor enfrentarse periódicamente al examen directo del público que exige un montaje teatral?No sé si hay leyes fijas y válidas para todos, pero a mí siempre me ha gustado mucho y ahora mismo siento una gran necesidad física de hacer teatro, una necesidad enorme de estar con el público. Creo que la medida en el teatro es humana y en el cine no lo es. En el cine te supera todo, los focos, el sonido y la cantidad de gente que hay; son medidas que no abarcas humanamente. Aunque sí es cierto que últimamente el cine, con películas más pequeñitas debido en parte a la crisis, empieza a tomar cada vez en más ocasiones esa condición humana del teatro. En teatro es todo más cercano: de repente se abren los focos, sales, dices una palabra y ahí está el público. Cuesta mucho, pero cuando se produce esa magia en el teatro es algo muy grande, impagable.