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ENTREVISTA

Jodie Foster: “Mi vanidad está más que alimentada y puedo sentirme feliz con lo que he conseguido”

viernes 09 de mayo de 2008, 00:06h
¡Este tiempo es de locos! -empieza diciéndome, mientras se quita la humedad del pelo con una toalla-.Me he calado hasta los huesos viniendo hacia aquí... Vamos a tener que empezar a hacerle caso a Al Gore y sus predicciones sobre el cambio climático (risas)

Bueno, ahora también se ha sumado DiCaprio a esta lucha…
Y deberíamos hacerlo todos, porque es algo que afecta a todo el mundo. Nada de lo que está ocurriendo debe sernos ajeno. Una de las grandes ventajas que tiene la fama es que podemos predicar con el ejemplo. Todo lo que hacemos llega al público a velocidad de la luz. No debemos dar la espalda a este efecto mediático que podemos causar…

Es una superdotada en el sentido más amplio y literal de la palabra. Su coeficiente intelectual supera “con creces” la media establecida. Sin maquillaje, con el pelo mojado por la lluvia y con gafas de miope parece una colegiala. Nada indica que tengo ante mí a una oscarizada actriz. Su cercanía, complicidad y pizpireta sonrisa es el reflejo de una estrella que no ejerce…
No me aporta nada ir por la vida mirando por encima del hombro a los demás -me dice entre sorbo y sorbo de un humeante café con leche-.La vida me ha proporcionado el privilegio de sobresalir en el camino que he elegido en mi vida, pero eso no me hace diferente a los demás. Donde yo represento algo es en mi casa, que es mi verdadero reino pero, fuera de ella, soy una persona como las demás que, en lugar de trabajar de dependienta o de enfermera, se gana la vida convirtiéndose en otras muchas mujeres que, gracias al talento, lo único que pretenden es servir de distracción a los demás. Eso no me convierte en una estrella…




…pero lo es ¡a su pesar!
Ya nada ni nadie podrá cambiar lo que he hecho, cómo lo he hecho y a dónde me ha traído el camino que elegí. Soy muy consciente de ello, por eso es bueno poner el remedio antes de que sea demasiado tarde. Creo que he vivido, como he sentido que tenía que hacerlo, en cada momento de mi vida… Pero ahora tengo otras prioridades. Mis hijos condicionan todos mis movimientos. Y estoy feliz con el hecho de que sea así…

¿La maternidad ha venido a llenar un vacío?
No lo veo así. Ser madre ha sido una elección voluntaria, muy pensada y realizada en el momento en el que consideré que estaba preparada, no sólo como mujer sino también como actriz. Fui madre cuando ya tenía un nombre en la industria y esa circunstancia me permitió tomarme un respiro. Soy muy maternal, creo que siempre lo he sido… Pero no te das cuenta de lo importante que es hasta que no los notas dentro de ti. Esa es una sensación difícil de expresar…

Ahora los guiones los escriben los niños…
(risas) ¡No lo dudes! Ellos mandan en casa y dominan mi vida. Desde que han nacido, elijo rodar solamente una o dos películas al año ¡como mucho! No quiero dejarlos con niñeras, aunque tenga su ayuda en el día a día, porque sería un egoísmo por mi parte. He tenido a mis hijos para disfrutar de ellos, para llevarles al médico, al colegio, leerles cuentos por las noches, darles de cenar… Soy su mejor compañera de juegos y ellos mis mayores cómplices. Me hacen increíblemente feliz…

¿Las separaciones son dolorosas?
Me cuesta mucho dejarlos varios días en casa, por eso procuro que mis promociones y compromisos profesionales sean lo más ajustados posible. Cuando tengo que estar demasiados días fuera de casa, me organizo para traerlos conmigo.

Hay una constante en sus trabajos. Siempre intenta evitar que las mujeres que interpreta sean unas víctimas. ¿Por qué?
No me gusta nada la palabra víctima, creo que se le da un matiz peyorativo que nos perjudica como seres humanos. Las mujeres que interpreto hacen frente a las situaciones violentas con una actitud muy responsable aunque, a primera vista, parezca lo contrario. Las mujeres no tenemos porque ser pasivas ante estas situaciones, no hay necesidad de aguantar nada…

Sus mujeres siempre son fuertes…
Me atrae ese matiz que tenemos. Cuando eres rubia y guapa, siempre tienden a darte papeles que menosprecian tu talento. Se puede ser una mujer espectacular y tener una personalidad arrolladora. Ya va siendo hora de erradicar esa idea de que la guapa no puede ser inteligente…

¿Nunca ha sentido que pensaban eso de usted?
(risas) Mírame bien… Soy menuda, bajita, con un físico “de andar por casa”. No despierto envidias, porque con mi aspecto no anulo a nadie. Nunca me han llamado tonta, ésa es la verdad… Pero ¡tampoco lo habría consentido! (risas)




Carácter no le falta, la verdad… ¿Ya era así cuando empezó, siendo una niña, en este mundillo?
La verdad es que, de niña, yo tenía una euforia que ni te imaginas. Me quería devorar el mundo y, en el fondo, era incapaz de dar un bocado a nada. Me dieron premios muy pronto, reconocieron mi talento pero lo mejor de todo fue poder marcar el ritmo de mi carrera. Si hubiese hecho caso a los que escribieron que era los nueva Bette Davis, me habría destrozado la vida yo misma. Sé quién soy, de dónde vengo y lo que valgo. Y, si una cosa tengo clara, es que nunca seré una estrella y, mucho menos, me comportaré como una de ellas.

Ahí está su grandeza…
Te lo agradezco, pero soy una persona normal o, por lo menos, así lo considero. Me gustaría que la gente no estuviese tan pendiente de mis movimientos, cuando salgo de “mi escondite”. Sólo soy una actriz, ése es mi trabajo. Y mis opiniones no son tan importantes, por eso me cohíbe que algunas de mis opiniones tengan tanta repercusión. Hay cosas más importantes en la vida que la opinión de una actriz…

…pero no es una actriz cualquiera.
Hay cosas que me hacen distinta a las demás, que son las que hacen que me mantenga en esta profesión, pero ser actriz es simplemente un trabajo. A mí no me parece ni que sea imprescindible ni difícil. Ser actriz es para mí algo muy natural. No sé por qué, pero nunca me he puesto nerviosa delante de la cámara, no sé explicarte por qué me da tranquilidad cuando a los demás les pone de los nervios. Nunca he hecho teatro y, tal vez, hablaría de otra forma de haber pasado por esa experiencia. Es lo que me cuentan amigos, que se han subido a un escenario… Tal vez lo haga si me encuentro el papel de mis sueños…

¿Y cuál es?
Ese que me permita llevar jeans, la cara lavada sin ningún tipo de maquillaje. Y, por supuesto, que me deje trabajar con naturalidad y ser yo misma, sin ningún tipo de adorno.

¿Es una utopía?
Me gustaría pensar que no. Creo que he madurado como actriz hasta el punto de poder arriesgarme haciendo cosas que rompen los moldes establecidos. Hace algún tiempo que encontré la paz en mi interior y, en algunos aspectos de mi vida, aún me gusta dejar salir “de vez en cuando” a la adolescente que llevo dentro… Es un guiño a mi pasado al que no quiero renunciar…




¿Podría dejar todo esto y dedicarse a vivir en el anonimato más absoluto?
Estoy convencida de que sí. Tengo una vida plena así que, en ese sentido, no hay ningún problema. Aunque no te lo creas, vivo bastante alejada del escaparate mediático gran parte de mi vida, porque sólo me dejo ver cuando tengo algo que contar o una película que promocionar. No disfruto de una fama molesta, no me persiguen los fotógrafos ni tengo a los paparazzis haciendo guardia en la puerta de mi casa. Creo que tengo una vida muy parecida a la que llevaría si me alejara de los focos…

¿Tendría la sensación del deber cumplido?
¡Sin ninguna duda! Tengo dos Oscar en mi casa y una carrera cinematográfica extensa. Mi vanidad está más que alimentada y creo que puedo sentirme feliz con lo que he conseguido. Lo que quiero ahora es conquistar plenamente mi vida personal y familiar, ser una madre ejemplar y un ama de casa comprometida. Ya no necesito alimentar mi cuenta bancaria con grandes sumas de dinero. Prefiero ser menos rica y poder exprimir mi felicidad hasta la última gota...
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