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según CEACCU

La crisis obliga a modificar el "carro de la compra" a 6 de cada 10 españoles

lunes 10 de marzo de 2014, 12:19h
La crisis económica y la caída en la renta ha modificado sustancialmente el "carro de la compra" de los españoles: el 61 por ciento se han visto obligados a modificar sus pautas para racionalizar o reducir el consumo y el gasto en alimentos.

Este es uno de los datos que se recogen en un estudio de la Confederación Española de Organizaciones de Amas de Casa, Consumidores y Usuarios(CEACCU), realizado mediante encuesta a 750 familias con el objetivo de conocer los cambios en los hábitos de compra y de consumo, y analizar cómo repercute el debate sobre los desperdicios alimentarios.

El trabajo, hecho público hoy, revela que uno de cada tres consultados reconoce que ahora "busca más ofertas", el 23 % "aprovecha" más la comida y el 9 % afirma que directamente "ha reducido" el gasto en alimentación.

Además, un 18 % de los consumidores asegura que ha "notado que los alimentos son más caros".

En cuanto al formato de las compras, éstas también se han vuelto más racionales: prima el mercado de abastos o supermercado pequeño (68 %), frente a la gran superficie (8 %).

También ahora los españoles compran más al peso o corte (73 % en el caso de carne, pescado y fiambre, y 82 % en fruta) y en menor medida en "bandejas".

Estos nuevos hábitos de compra explican que el 71 % de los consumidores asegura que hace la compra justa y no tira comida.

En caso de quedar restos de lo que se cocina, el 83 % los reutiliza: un 50 % los conserva para consumirlos otro día y un 33 % prepara nuevos platos con las sobras.

La encuesta revela también que "con frecuencia" un 42 % ha tenido que tirar producto porque se ha estropeado antes de la fecha razonable de consumo, el mismo porcentaje que asegura no haber podido aprovechar todo la cantidad a causa del diseño del envase.

Un 62 % cree que las campañas que lanzan mensajes como "no pasa nada por tomar un alimento pasado de fecha", "pueden llevar a confundir" y que "existe el riesgo de que se consuman por error productos caducados".

Así, un dato "preocupante", según CEACCU, es que uno de cada tres consumidores dice usar, "si no han pasado muchos días", los alimentos que han sobrepasado la fecha de caducidad, cuando "deberían desecharse porque han dejado de ser seguros".

Aunque prácticamente todos los españoles (el 92 %) consulta la fecha marcada en los alimentos, el estudio desvela "importantes carencias" a la hora de distinguir entre "fecha de caducidad" y "consumo preferente": un 39 % no es capaz de señalar la respuesta correcta al ser preguntados por el significado de la primera leyenda ("deja de ser seguro, no debemos consumirlo").

Menos confusión hay sobre "consumo preferente", ya que un 81 % acierta sobre su significado, si bien solo una cuarta parte es consciente de que, aunque no haya riesgo en consumir los productos que superen esa fecha, sí pierden calidad.

En cuanto al impacto en los precios, el 89 % considera que es una obligación legal vender alimentos solo dentro de las fechas de consumo y que no deberían costar más.

En contraste con la mayoría de las informaciones que centran en los hogares el mayor volumen de desperdicios, los encuestados consideran que se da más en los establecimientos de venta (44 %) y en los bares y restaurantes (39 %).

Los consumidores tienen claro los motivos de la cantidad de desperdicios que se tiran al año en España: casi la mitad creen que los establecimientos se deshacen de productos al pasar la fecha de consumo.

En vista de estos datos, CEACCU manifiesta su rechazo a cualquier iniciativa que reduzca la protección con que cuentan los consumidores, en particular, una eventual autorización para poner a la venta productos fuera de su fecha de consumo preferente.

También rechaza cualquier incremento de precios directo (subida en productos dentro de fecha de consumo) como indirecto (reducción de contenido en envases sin bajada de precios).

Además, la organización pide adecuar los envases a la necesidad real de los consumidores, sin incrementos de precio; fomentar que toda la cadena agroalimentaria sea más eficiente, limitando al máximo los desperdicios, y hacer más claros y legibles los mensajes de uso y conservación, así como la indicación de las fechas.
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