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Crítica de Ópera

El Real aclama a Muti por su soberbio Réquiem de Verdi

martes 15 de abril de 2014, 08:23h
Con casi diez minutos de aplausos y unas apasionadas exclamaciones de bravo, de esas que hacía mucho tiempo que no se escuchaban en el Teatro Real, ha finalizado este lunes la interpretación de la Messa da Requiem de Verdi dirigida por Riccardo Muti.



Todavía resonaban los ecos del enorme éxito del Réquiem de Verdi que el maestro napolitano dirigió este pasado sábado en la catedral de Toledo, en el marco de los actos de la conmemoración del IV centenario de la muerte de El Greco. De modo que el público que este lunes llenaba -literalmente- el coliseo madrileño, sabía que la magnífica catedral toledana había vibrado con la poderosa obra que Verdi compuso para rendir homenaje al escritor Alessandro Manzoni y que quienes no habían logrado una entrada para acceder al templo, no dudaron en asistir a tan especial evento a través de una pantalla gigante colocada en el centro de la ciudad. En realidad, tampoco eran necesarios dichos antecedentes para adivinar que la de este lunes en el teatro de la Plaza de Oriente iba a ser una de esas veladas que permanecen en la memoria. Sin embargo, la expectación fue con mucho superada, y anoche, por fin, parecía que nadie tenía prisa por abandonar el teatro. Por lo menos, no hasta que el propio Muti lo dijera. Porque, si nos permiten una observación quizá algo exagerada, el genial maestro italiano dirigió no sólo a los músicos, a los solistas y a los coros. También, con un simple gesto de despedida con la palma de la mano, “mandó” al público a su casa y nadie rechistó.

Lo cierto es que los solistas -la soprano Tatiana Serjan, la mezzosoprano Ekaterina Gubanova, el tenor Francesco Meli y el bajo Ildar Abdrazakov- habían salido ya siete veces a recibir los aplausos del público junto al maestro y que pasaban casi nueve minutos desde el final de la intensa función de hora y media. Todos ellos -los solistas y, por supuesto, también los coros y los músicos- se llevaron los merecidísimos aplausos por su magnífica interpretación, pero los decibelios de pasión -rozando el delirio- únicamente parecían dirigirse a un Riccardo Muti que intentaba, a toda costa, situarse dos pasos por detrás de los cantantes. También de Andrés Maspero, director del Coro Titular del Teatro Real, y de Pedro Texeira, director del Coro de la Comunidad de Madrid. Hasta que, finalmente, el maestro italiano "accedió" a dirigir al público un breve saludo desde el podio y la aclamación, entonces, se convirtió durante unos segundos casi en estruendo.

PIE DE FOTOEra el entusiasta y potente agradecimiento a Muti, por bordar con maestría y pasión una obra que Giuseppe Verdi alumbró – según sus propias palabras, "como una necesidad de su corazón" -nada más fallecer el escritor y héroe del Resorgimento, a quien el compositor italiano admiraba como poeta y respetaba como hombre. Tanto, que de Verdi partió la iniciativa para organizar un homenaje público a Manzoni con una Messa da Requiem que, incluso, él mismo dirigió en la iglesia de San Marcos en Milán un año después de su muerte, en 1874. Por entonces Verdi tenía 60 años y se encontraba en un periodo de prolongado silencio después del estreno de Aida, pero quiso con este Requiem- que Muti calificaba estos días de humano y no divino -honrar "como se debía" al famoso escritor milanés de 'I promessi sposi'. Días después de su muerte a causa de una meningitis, Verdi se había quejado en una carta a su amiga la condesa Maffei de que todo lo que había leído en los periódicos le parecía insuficiente para hablar de la figura de Manzoni. "Muchas palabras, pero pocos sentimientos hondos", se lamentaba el compositor de Busseto, que volcó, él sí, todos los propios en la composición de esta obra que ahora ha servido para conmemorar el cuarto centenario de la muerte de otro gran genio, El Greco. Y con la dirección de otro grande, Riccardo Muti. Además, el maestro ha venido a España acompañado de nuevo por la Orchestra Giovanile Luigi Cherubini, que él fundó en 2004, y que se ha unido a la Orquesta Titular del Teatro Real y a Coro Titular del Teatro Real, así como al Coro de la Comunidad de Madrid. Un ejemplo -aseguraba Muti estos días previos a los conciertos- de que, en el concepto de una Europa culturalmente unida, la idea de juntar músicos italianos con cantantes y músicos españoles supone la demostración de que la música puede unir mucho más que la política. Porque en la música, los sentimientos son de belleza, sin necesidad de palabras que, demasiadas veces, puedan conducir a terribles malentendidos.

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