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Crónica religiosa: Sínodo: punto y seguido

domingo 19 de octubre de 2014, 13:16h
Actualizado el: 19/10/2014 16:23h
El Papa mantiene en el debate los temas más importantes. Por Rafael Ortega

El Sínodo Extraordinario de Obispos dedicado a la familia ha terminado su primera etapa y lo ha hecho aprobando la “Relatio Synodi”, es decir el documento de trabajo de la reunión convocada por Francisco. Una amplia mayoría dio el “vía libre” al documento, ya que 62 puntos fueron aprobados por mayoría absoluta y sólo tres- los 52,53 y 55- no obtuvieron los dos tercios necesarios. Son los puntos delicados en los se acuerda seguir trabajando por el acceso de los divorciados vueltos a casar, se reconocen “elementos positivos presentes en los matrimonios civiles” y se insta a acoger a los homosexuales con “respeto y delicadeza”.

Habrá que esperar al próximo año en el mes de octubre, para ver los resultados finales. Un hecho muy positivo según la gran mayoría de los observadores y sobre todo por el gran discurso que ha pronunciado el Papa, que según el Padre Lombardi, portavoz de la Santa Sede, “ha logrado mantener en el debate los temas más importantes. El Papa, según Lombardi, también “ha proclamado que el la Asamblea Sinodal no se ha puesto en entredicho la verdad fundamental del matrimonio, es decir la indisolubilidad” y que “la Iglesia Católica no mira a la humanidad desde una torre de cristal para juzgar o clasificar a las personas”.

Este sábado puede pasar como un gran día para la Iglesia, aunque el Sínodo no finalice sus trabajos hasta dentro de un año. Es como decíamos “Un punto, muy importante, y seguido”.

Los padres sinodales, según han expresado en la Relatio Synodi, han recogido problemas actuales y lo han hecho de “forma bella y contundente”, como rezan estos párrafos del documento:” La vida familiar suele estar marcada por el debilitamiento de la fe de los valores, el individualismo, el empobrecimiento de las relaciones, el stress de una ansiedad que descuida la reflexión serena. Se asiste así a no pocas crisis matrimoniales que se afrontan de un modo superficial y sin la valentía de la paciencia, el diálogo sincero, del perdón recíproco, de la reconciliación y también del sacrificio. Los fracasos dan origen a nuevas relaciones, nuevas parejas, nuevas uniones y nuevos matrimonios, creando situaciones familiares complejas y problemáticas para la opción cristiana. Entre tantos desafíos queremos evocar el cansancio de la propia existencia. Pensamos en el sufrimiento de un hijo con capacidades especiales, en una enfermedad grave, en el deterioro neurológico de la vejez, en la muerte de un ser querido. Es admirable la fidelidad generosa de tantas familias que viven estas pruebas con fortaleza, fe y amor, considerándolas no como algo que se les impone, sino como un don que reciben y entregan, descubriendo a Cristo sufriente en esos cuerpos frágiles. Pensamos en las dificultades económicas causadas por sistemas perversos, originados “en el fetichismo del dinero y en la dictadura de una economía sin rostro y sin un objetivo verdaderamente humano”, que humilla la dignidad de las personas. Pensamos en el padre o en la madre sin trabajo, impotentes frente a las necesidades aun primarias de su familia, o en los jóvenes que transcurren días vacíos, sin esperanza, y así pueden ser presa de la droga o de la criminalidad”.

Y hoy, este domingo, las campanas de la Basílica de San Pedro han tocado, han sonado, con más alegría. Hoy ha sido proclamado beato Pablo VI, el Papa que clausuró los trabajos del Concilio Vaticano II y que ha sido, por fin, reconocido, y digo “por fin”, porque el ya beato Pablo VI, ha sido el Pontífice olvidado por muchos, sobre todo en ciertos sectores de nuestro país que no deseaban, en tiempos pasados, a un hombre al frente de la Iglesia, que puso los “puntos sobre las íes” al régimen franquista.

FRANCISCO ha querido que la beatificación Pablo VI coincidiera con el final de la primera etapa de Sínodo.

Tuve la fortuna de conocer personalmente al beato Pablo VI, al poco tiempo de llegar a Roma como corresponsal de Radio Nacional de España. Fue con motivo de una visita oficial del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Marcelino Oreja, que llevó a buen fin los nuevos acuerdos Iglesia-Estado, una de las grandes preocupaciones del rey Juan Carlos I. Vi, entonces, a un Papa, ya mayor, con una sonrisa triste y sufrida, como sufridas fueron las jornadas que vivió cuando fue secuestrado por las Brigadas Rojas, su gran amigo Aldo Moro, Presidente de la Democracia Cristiana Italiana. Un secuestro que duró del 16 de marzo de 1978 al 9 de mayo de ese mismo año, fecha en la que fue asesinado. Una muerte del amigo, de la que el Pontífice nunca se recuperó y que, creo, aceleró su propio fallecimiento el 6 a de agosto de ese año.

Este domingo, ha sido otro gran día para la Iglesia y para todos los católicos.

Rafael Ortega
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