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CENTRO DE ASTROBIOLOGÍA

Un instrumento científico español buscará formas de vida extrema en colaboración con la NASA

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
domingo 16 de noviembre de 2014, 09:24h
Actualizado el: 18/11/2014 19:36h
Un instrumento científico español buscará formas de vida extrema en colaboración con la NASA
Aplicarán sus resultados a la investigación de la vida en Marte.
Indagar en ambientes extremos de nuestro planeta en busca de vida para dar pistas sobre la hipótesis de que Marte albergue o haya albergado alguna vez microorganismos. Este es el objetivo del último proyecto del SETI Institute, en California, seleccionado por la NASA para seguir avanzando en el campo de la astrobiología, el conjunto de ciencias orientado a estudiar la existencia, presencia e influencia de la vida en el Universo. En la investigación, liderada por la bióloga francesa Nathalie Cabrol, se ha incluido una pequeña pero decisiva participación española, que aportará uno de los instrumentos científicos más avanzados para la detección de marcadores de vida. El jefe del departamento de evolución molecular del Centro de Astrobiología (CAB), Víctor Parro, toma las riendas del equipo español que acompañará a los investigadores del SETI en diversas campañas a partir de 2015/2016.

“El proyecto pretende investigar diferentes ambientes en la Tierra que nosotros llamamos ‘análogos terrestres’ de otros ambientes ya descritos o descubiertos en Marte”, explica Parro a este diario y enumera las “tres claves” del proyecto: “Entender qué tipo marcadores de vida podemos encontrar en estos ambientes, establecer cómo buscarlos y contribuir con ello a la interpretación de los resultados que vayamos obteniendo en las misiones presentes y futuras a Marte”.

A pesar de las diferencias actuales, se cree que Marte fue hace unos 4.000 millones de años un planeta similar a la Tierra, con una atmósfera parecida y agua en su superficie, por lo que los astrónomos piensan que el ahora cuerpo frío y rojo aparentemente inerte pudo albergar vida en el pasado. El investigador del CAB señala que “las condiciones actuales de Marte son poco proclives a pensar que haya vida”, pero deja una puerta abierta: “Tampoco eso quiere decir que no la haya”.

A partir de zonas terrestres que comparten características con los ambientes marcianos conocidos (temperatura muy bajas y en contraste, escasez de oxígeno…) se pretende indagar sobre cómo la vida es capaz de desarrollarse en circunstancias aparentemente hostiles. El único requisito para la vida que, por el momento, parece indispensable y que no se ha descubierto en Marte es el agua. “La presencia de agua líquida no se ha observado y posiblemente no la haya, o quizás sí, no lo sabemos”, tantea Parro. “Es un planeta entero y puede haber aún regiones inexploradas en las que el agua se mantenga en forma de salmuera”, sugiere y recuerda que “la vida necesita agua, pero no en grandes cantidades, según hemos podido comprobar en algunos microorganismos que sobreviven en la Tierra con apenas unas micras”.

Durante este 2015, la doctora Cabrol desarrollará junto a Parro y el resto de colaboradores internacionales la estrategia a seguir, sobre todo en lo relativo a las zonas que visitarán y estudiarán en sus campañas, probablemente en el desierto de Atacama, en la Antártida o en zonas salinas del Ártico canadiense, lugares asimilables al ambiente marciano en los que ya se han detectado formas de vida en extrema.

“La idea es, por un lado, entender qué tipo de vida existe en estos ambientes, probablemente microorganismos o bacteria arqueas, y analizar qué tipo de requisitos mínimos necesitan para sobrevivir, qué moléculas dejan y cómo podemos detectarlas”, explica el investigador del CAB y añade que también buscan muestran geológicas que indiquen vida pasada. “Vamos a estudiar qué huellas dejó la vida en lugares donde ahora no existe para usarlas como guía en Marte”, señala y pone algunos ejemplos de cómo se espera detectar estas señales: “minerales que tienen una estructura distinta porque en su formación intervinieron procesos biológicos; restos de moléculas microorganismos que vivieron en el pasado preservados en rocas; o estructuras que nos indiquen que se formó, por ejemplo, una biopelícula en tiempos pasados”.

Instrumento SOLID, diseñado por el CABSOLID: Signs Of LIfe Detector o detector de signos de vida

La aportación española al proyecto del SETI consiste en el uso de un sistema de detección de vida desarrollado en el CAB: el SOLID o "detector de signos de vida", por sus siglas en inglés. Se trata de un instrumento diseñado y construido para la detección e identificación de compuestos bioquímicos mediante el análisis ‘in situ’ de muestras de suelo y líquidos.

“Hemos desarrollado un biosensor basado en un biochip de anticuerpos, como los que producimos los mamíferos en nuestra sangre”, apunta Parro y explica cómo poniendo muestras de terreno en presencia de ese chip, “un sistema de detección fluorescente ilumina las moléculas, microorganismos o restos biológicos relevantes para determinar la presencia de vida”.

Se trata, en definitiva, de un proyecto de soporte científico a las misiones actuales y futuras a Marte (el actual Curiosity, el Curiosity 2 previsto para 2020 o la misión ExoMars de la ESA, aún no aprobada). Cruzando los datos que se obtengan allí con los que el instrumento del CAB deduzca en la Tierra, “vamos a entender mucho mejor la posibilidad de que exista o que existiera la vida en Marte”, dice Parro.

Además de confirmar la “versatilidad y utilidad” de SOLID, el astrobiólogo confía en que en un par de años hayan contribuido a “expandir el conocimiento de estas zonas”. Parro cree que las campañas junto al SETI les permitirán describir nuevos microorganismos y descubrir nuevos biomarcadores, así como determinar qué minerales favorecen la conservación de esos marcadores y cuáles los degradan. El objetivo último es “poder definir un modelo de lo que pudiera ser un ambiente habitable marciano, lo que no quiere decir necesariamente que haya vida pero tampoco que no la haya”, termina.
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