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RUEDA MI GRAN NOCHE

Carlos Areces: "Todos estamos muy a favor de la libertad de expresión siempre y cuando sea para temas que no nos tocan de cerca"

Laura Crespo
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lauracrespoelimparciales/12/5/12/24
viernes 20 de febrero de 2015, 20:28h
Es como un coleccionista de ídolos. El actor Carlos Areces tira porque le toca y después de haberse convertido en un imprescindible en las películas de Álex de la Iglesia, al que admiraba como espectador adolescente, se convierte en compañero de reparto de otro de sus grandes ídolos: Raphael. El próximo lunes arranca el rodaje de Mi gran noche, el nuevo trabajo del director de El día de la bestia con el que ‘el jilguero de Linares’ vuelve a la gran pantalla tras cuarenta años centrado en la música. Areces es fan. El también historietista (Autor Revelación 2007 en el Salón Internacional del Cómic de Barcelona) ha hecho recuento en una entrevista con El Imparcial del material sobre el artista jienense en su poder, que incluye un single en japonés. Muy fan de Raphael. Con su polémica expulsión de la gala de los Goya aún coleante, Carlos Areces , el melancólico payaso de Balada triste de trompeta, el delirante protagonista de Spanish Movie, el inquietante villano de Extraterrestre, la bruja maruja de Zugarramurdi o el onanista coquito inesperado de Torrente 5, charla con El Imparcial.
Carlos Areces durante su entrevista con El Imparcial.
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Carlos Areces durante su entrevista con El Imparcial.
¿En quién te conviertes esta vez bajo las órdenes de Álex de la Iglesia?
Seré el representante del personaje de Raphael, Alphonso, una especie de divo eterno con bastante mala leche y que la paga con la gente que tiene alrededor. Y ahí es donde entro yo, su representante, el que tiene que lidiar con sus caprichos y sus malos modos. También es cierto que elbergo un cierto rencor hacia esta figura a la que represento.

Moviéndote por estos mundos del cine y la televisión, ¿te has topado en la vida real con alguien así?
Te encuentras dejes de divo en mucha gente. El personaje de la película ralla la caricatura, y no dudo de que haya personas muy parecidas, lo que pasa es que estarán a un nivel al que yo no he tenido acceso nunca, tengo poco que ver con ellos.

¿Conocías a Raphael antes de empezar con este proyecto?
Muy brevemente. Le conocí cuando preparábamos Balada triste de trompeta. Álex necesitaba para la película que Raphael cediera sus derechos como cantante y fuimos a verle a una de sus actuaciones en Gran Vía antes de empezar a rodar. Yo soy absolutamente fan de Raphael, tengo prácticamente todos sus discos, carteles y afiches de películas suyas, así que ahí ya le llevé alguna cosa para que me la firmara. Después, cuando acabamos la película él pidió verla, para saber dónde se metía su canción, y ahí volví a estar con mis cosas. Pero había sido algo muy anecdótico, habíamos coincidido muy brevemente. Y ahora tengo la mayoría de mis escenas en esta película con él.

¿Y cómo se lleva eso?
Es una sensación muy rara. Llega un momento en el que la situación se normaliza completamente, pero aún así tienes de repente flashes en los que piensas “Dios mío, estoy con Raphael, una persona de la que tengo todos sus discos y he seguido en sus películas”. Yo reivindico completamente la etapa yeyé de Raphael de mediados de los sesenta, cuando empezó a cantar. Es un artista que tiene tantas canciones que te transmiten... Dentro del mundo artístico, las canciones y las películas son las dos cosas que mayor capacidad tienen de tocarme. Cuando de repente das con una letra que tiene algo que ver contigo, que parece que alguien la ha escrito pensando en ti, creo que no hay nada comparable con esa sensación de que alguien ha sabido escribir lo que siento. Esa sensación me ha venido a mí con infinidad de canciones de Raphael, y de repente le tengo al lado, en un terreno, el cine, en el que además él hace mucho tiempo que no se deja ver. Le tengo al lado actuando. El haber estado en su casa leyendo las líneas que Álex ha escrito para nosotros es increíble. Si a mí me hubieran preguntado el año pasado qué proyecto me gustaría que me saliera para 2015, yo hubiera dicho que me encantaría rodar con Álex de la Iglesia y, si pudiera ser, con Raphael en la película y teniendo el mayor número de sesiones posibles con él.

Dicho y hecho. Se ha hablado largo y tendido de que 2014 ha sido el año del ‘comeback’ de Michael Keaton con Birdman. ¿Será 2015 el año del ‘comeback’ de Raphael?
Claramente. Han sido cuarenta años en los que le han tentado de volver, pero sin guiones por delante, hasta que ha llegado Álex con un papel en el que creo que va a estar muy bien, porque da muy bien el perfil. Apuesto tremendamente por ello.

Hace ahora un año y medio que de pronto un tema antiguo de Raphael, Mi gran noche, se convirtió en un hit de lo moderno. ¿Por qué crees que pasó?
Creo que Raphael tiene tantísimas canciones, pero tantas, tantas, que de repente alguien rescata alguna del pasado, normalmente no de las más conocidas, y se convierte en un hit instantáneo. Yo, por ejemplo, soy muy fan de sus versiones. Raphael ha cantado en italiano, en francés, en alemán, en inglés y ha cantado hasta en japonés. Uno de los primeros discos que le he traído en esta nueva etapa nuestra para que me firme ha sido el single que tiene de ‘Amor mío’ cantando por un lado en castellano y por otro en japonés.

Acabas de demostrar que eres muy, pero que muy fan de Raphael…
Mucho, y tengo unos cuantos más. Le tengo cantando en alemán, en italiano y tengo el único álbum oficial que sacó con canciones en inglés, que es absolutamente brutal. Mi gran noche volvió a cantarla Alaska y empezó a sonar por todos lados. Tiene tanto repertorio que cuando de repente alguien extrae una canción suya para una película, para un anuncio, para lo que sea, de repente se toma conciencia: “¡Ah! ¿Qué estaba esta canción aquí olvidada?” 'Mi gran noche' no es de las más conocidas de su repertorio, pero es muy buena. Raphael canta con una intensidad que se ha perdido, que ya no es habitual y que te transporta a otro universo.

¿Te ves más como ‘chico Almodóvar’ o como ‘chico De la Iglesia’?
Bueno, claro, Álex ha contado más conmigo en todo su universo. Pero en cualquier de los dos casos significa haber trabajado con los dos directores con los que yo descubrí el cine español. Hay otros muy míticos, pero que los he ido descubriendo con el tiempo. Me gusta mucho el cine de Berlanga o el de Carlos Saura, sobre todo sus primeras películas. Hay infinidad de directores de los que tengo muchas cosas que destacar. Pero digamos que Berlanga, por ejemplo, era un mito que ya venía de antes. Al que descubrió mi generación fue a Álex de la Iglesia. La anterior, lo había hecho con Almodóvar, pero yo llegué más tarde, le descubrí a finales de los ochenta, cuando un amigo mío había grabado de la tele una película que se llamaba Pepi, Luci y Bom. La vimos y no dábamos crédito a aquello que estábamos viendo. También recuerdo el impacto brutal de cuando vi la primera película de Álex, Acción Mutante. Me di cuenta de que había alguien con una serie de referentes de cine de género y que no lo trataba desde un punto de vista extremadamente paródico. Dentro que era cine cómico, tenía los elementos y las claves para respetar los tópicos del género. No era la típica película que se hacía aquí imitando a las de Rocky, desde un punto de vista absolutamente ajeno a todo el universo real de lo que estaba parodiando. Con Álex de la Iglesia tú veías claramente que había mamado cómics, los mismos que me tragaba yo, que había mamado muchísimo de cine de ciencia ficción, de género de aventuras, que se movía a gusto en la comedia pero con una serie de referentes identificables y claramente homenajeados, no burlados. A mí eso me abrió un horizonte de posibilidades. Ver El día de la bestia o Muertos de Risa y darme cuenta de que ese tipo de cine que pensaba que era imposible en España, se podía hacer.

¿En qué estabas cuando viste por primera vez Acción Mutante? ¿Lo viste como un espectador cinéfilo o como un aspirante actor?
Ni siquiera había empezado a estudiar la carrera. Tenía 16 años y estaba haciendo tercero de BUP. La vi en la sesión de madrugada de los cines Ideal con un amigo en una de nuestras primeras escapadas nocturnas. Salimos allí a las tres de la mañana después de habernos reído muchísimo con aquella historia delirante. Desde entonces, el universo de Álex ha sido parte de mi vida, ha corrido pareja a mi desarrollo como persona. Tengo una foto con Álex mucho antes de trabajar con él porque me le encontré en un cubano y le pedí que nos la hiciéramos. La guardo con mucho cariño y se la enseñé pasado mucho tiempo, mientras rodábamos balada triste de trompeta, cinco años después de que nos conociéramos en la serie Plutón BRBNero.



Las redes sociales han alucinado con tu expulsión de la gala de los Goya. ¿Has hecho algún análisis distinto pasadas las semanas de lo que pudo pasar?
Te aseguro que no han alucinado más que yo. En su día me preguntaron si tenía algo que ver con el lazo (el lazo naranja que llevaba prendido en la solapa en solidaridad con los trabajadores de RTVE) y contesté que a mí, desde luego, nadie me lo había dicho así con esas palabras. Pero según va pasando el tiempo tengo más claro que tuvo que ver con el lazo.
Primero, creo que cuando a ti se te pide colaborar en una gala, se te presupone una profesionalidad y nadie te obliga a firmar ningún tipo de papel, primero por honestidad y luego porque se te da cierta manga para que elabores tu intervención. Yo siempre he cambiado los chistes de los Goya y nunca he tenido ningún problema, los he hecho míos sin que haya pasado nunca nada. Ese papel, en el que te comprometes a no salirte del guión establecido al entregar los premios, se empieza a pedir desde el año pasado. Yo advertí con tiempo de que no lo voy a firmar y que si esa decisión implicaba algún cambio que, por favor, me lo avisaran. Pero no me dicen nada, no trae ningún cambio, hasta que yo llego allí a la ceremonia con el lazo naranja. En ese momento bajan a perseguirme antes de salir a la alfombra roja, cosa que no se hizo con nadie más de las personas que subieron a entregar premios y que tampoco habían firmado.
El productor ejecutivo de la gala, Emiliano Otegui, dijo primero que todos los que subieron a entregar un premio habían firmado ese papel, que el único que no lo había firmado fui yo. Es mentira. Luego reconoció en un momento dado que había gente que había subido a entregar premio sin haber firmado el papel, por una cuestión logística, y que lo iban a firmar la semana siguiente. Era perentorio que yo firmara el papel antes incluso de salir al photocall, porque si no ni siquiera tenía donde quedarme y tenía que volverme a mi casa, pero hubo gente que a la semana siguiente iba a comprometerse a no salirse del guión que leyeron ese sábado.
Cuando pasan cosas horribles, como el atentado de Charlie Hebdo, se defiende la libertad de expresión. Pero en los Goya te dicen que firmes un papel por un problema de tiempo, para que no se alargue la gala. Todos estamos muy a favor de la libertad de expresión siempre y cuando sea para temas que no nos tocan de cerca.
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