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SEGUNDA VUELTA

Crónica de América. La campaña del pánico argentina

viernes 20 de noviembre de 2015, 16:52h
Este domingo se celebra la decisiva segunda vuelta de las elecciones a la presidencia.

Tras la victoria insuficiente de Daniel Scioli, representando cada día con mayor nitidez la continuidad del peronismo de Cristina Fernández de Kirchner, la opción más probable es que en la segunda y definitiva vuelta del próximo domingo, gane su oponente Mauricio Macri, que ha sometido a una presión imprevista al kirchnerismo hasta el punto de que este ve peligrar la presidencia de la República argentina. La maquinaria del poder ha forzado todos sus recursos al máximo ante unos sondeos que han venido dando cierta ventaja a Mauricio Macri en la elección ya decisiva de este fin de semana.

No está en juego solo la prolongación peronista en la Casa Rosada -lo que implicaría únicamente la habitual lucha por el poder entre dos formaciones políticas-, sino que también está en el alero todo el entramado clientelar del kirchnerismo, y, más aún, la resolución de los escándalos en los tribunales de justicia que sin la presidencia podrían avanzar sin obstáculos políticos y desembocar en sentencias donde la corrupción de los últimos lustros, además de ver la luz pública, fuese sancionada ejemplarmente por vía judicial. Ante estas expectativas, el fracaso kirchnerista de Daniel Scioli y el Frente para la Victoria para alcanzar la presidencia en la primera vuelta, ha transformado todas las actuaciones oficialistas respecto a las elecciones del domingo, en una política del miedo, cuando no directamente en reacciones de pánico.

El pavor domina el tramo final de la campaña electoral del kirchnerismo y el pánico le hace dictar medidas preventivas para protegerse de futuras acciones de la justicia. Cubrir la retirada es el objetivo prioritario en la gestión última de Cristina Fernández, colocando en posiciones estratégicas a adeptos de La Cámpora, la organización juvenil creada por Ernesto Kirchner para forjar lealtades. En este apartado, la mandataria argentina se ha apresurado a improvisar nuevos organismos: la Secretaría Nacional de las Juventudes, el Instituto Nacional de las Juventudes, la Red de Consejos Municipales de la Juventud, el Defensor de los Derechos de las Juventudes, con un número indeterminado de cargos en cada uno de ellos, pero adjudicados en todo caso a sus fieles de La Cámpora, que endosará a la siguiente presidencia, sea del signo que sea.

Del mismo modo, y con el escándalo consiguiente, Cristina Fernández ha impuesto a otros dos dirigentes de La Cámpora en el directorio de la Auditoría General de la Nación (AGN), con el fin de controlar la entidad que deberá llevar a cabo la auditoría del Sector Público Nacional en los últimos tiempos de su mandato. Un movimiento de piezas similar se ha intentado realizar con el reemplazo de jueces independientes para situar en sus puestos a sustitutos devotos del kirchnerismo. A ese efecto, el partido Frente para la Victoria de Cristina Fernández logró imponer en el Parlamento una Ley de jueces suplentes, para nombrar a estos desde el poder político en causas especialmente sensibles para el oficialismo. Los nombramientos comenzaron sin dilación, con el fin de erigir una sólida cobertura ante la próxima salida de la presidencia. Aunque con el gran contratiempo de que la Corte Suprema de Justicia ha declarado inconstitucional la ley y ha anulado todos los nombramientos efectuados. La brida ideada para guiar a la justicia en causas que afectan al kirchnerismo ha quedado repentinamente sin efecto.

Este hecho ha añadido todavía más pánico a la campaña electoral del oficialista Daniel Scioli, que ha situado en el centro de su discurso el pavor a que gane su oponente, Mauricio Macri, convertido en el compendio de una amenaza casi milenarista. Para lograrlo, todo el armazón de poder ahora acorralado se ha conjurado para presentar a su antagonista Macri como si fuera un neoliberal de la dictadura de la década de los setenta o la que llevó al “corralito” financiero. Se muestra el liberalismo de Macri como el advenimiento de un supuesto capitalismo salvaje que destrozará la economía de los trabajadores (mensaje especialmente diseñado para los trabajadores que en la primera vuelta de estos comicios ya dieron la espalda al kirchnerismo). Esto ha provocado que Daniel Scioli proclamé: “Macri ha pactado con los diablos.”

Sin duda, una estrategia tan burda se presta a una réplica en términos cómicos, como efectivamente ha sucedido en el último tramo de la campaña que ahora concluye. Los memes del partido de Macri en Twitter han recurrido al sarcasmo: “Si votan a Macri, cambia el gusto de la Coca-cola”, “Si votan a Macri, caduca tu cuenta gratuita de Whatsapp”; “Si votas a Macri, este osito panda se va a morir”…

Probablemente ni la campaña del pánico de Scioli ni la contracampaña sarcástica de Macri moverá una cantidad significativa de votos en una u otra dirección. Lo realmente categórico para que la balanza se incline este domingo a favor de uno o del otro, estriba en la toma de conciencia o no de las clases trabajadores del polvorín político-económico que supone la endogamia nacionalista de un comercio incrustado en un Mercosur que tiende a la parálisis y unas exportaciones de materias primas que se desploman. Junto a la falsificación de los datos oficiales que impiden saber a ciencia cierta cuál es la auténtica inflacióny la verdadera dimensión del PIB, a un Banco Central esquilmado y a una economía varada a la que se quiere dinamizar únicamente mediante un gasto público orientado políticamente, en última instancia, hacia el clientelismo.

Si los votantes que no se decidieron por Scioli o Macri en la primera vuelta no se dan cuenta del suicidio económico-social que supone perseverar en estos errores letales, el Frente para la Victoria tendría una oportunidad para perpetuarse. Si esos mismos votantes perciben el grave peligro del inmovilismo ante esa situación, el respaldo electoral se decantará a favor de la coalición Cambiemos, liderada por Mauricio Macri.