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RIGOLETTO

Leo Nucci repite "bis" con Rigoletto en el Teatro Real

martes 01 de diciembre de 2015, 08:59h
El barítono Leo Nucci ha vuelto a demostrar en el Teatro Real por qué no es una exageración que se le considere el mejor Rigoletto de todos los tiempos.
Este lunes, el barítono Leo Nucci ha vuelto a demostrar por qué no es una exageración que se le considere el mejor Rigoletto de todos los tiempos. Ha sido en el Teatro Real, con un “bis” de “Vendetta, tremenda vendetta” durante el estreno de la gran obra de Verdi protagonizada por el jorobado bufón marcado por la tragedia y la maldición.

“La maledizione” era, precisamente, el título de la primera versión que Giuseppe Verdi realizó de esta obra en cumplimiento del encargo que le había hecho La Fenice en 1850. El texto escrito por su libretista habitual, Francesco Maria Piave, chocó de frente con la censura que calificó la obra de “repugnante inmoralidad y obscena trivialidad”. La obra de Víctor Hugo en la que estaba basado, “Le roi s’amuse”, abordaba temas tan peliagudos como la violación o la prostitución y presentaba como protagonista al mismísimo rey de Francia caracterizado como un degenerado de la peor especie. Las modificaciones que exigía la censura provocaron frustración – y un monumental rechazo – en Verdi, quien, en realidad, únicamente acabó aceptando que el mujeriego depravado fuese un duque, el de Mantua, en lugar de un rey, el de Francia. Es cierto que se le obligó a quitar el título, pero Verdi se lo guardó para que “la maldición” fueran las dos últimas palabras que pronunciase Rigoletto justo antes de caer el telón, mientras su amada hija Gilda se desangra entre sus brazos víctima de la venganza que su propio padre ha urdido. Una venganza que da nombre al aria – “Vendetta, tremenda vendetta” - que Leo Nucci ha vuelto a bisar para el público madrileño acompañado de una poderosa Olga Peretyatko, la soprano rusa que interpreta a Gilda en el primer reparto de esta producción de Rigoletto con escena de David MacVicar estrenada en la Royal Opera House de Londres en 2001 y que podrá verse en el Real hasta final de año. Quizás podría volver a decirse que Nucci ha hecho historia – un mismo intérprete con un mismo rol repite un “bis” seis años más tarde en el mismo teatro-, igual que ya se dijo en junio de 2009 cuando protagonizó el primer “bis” del Teatro Real desde su reapertura o al año siguiente, cuando también con “Vendetta, tremenda vendetta”, el aria con el que finaliza el segundo acto de la ópera, logró un “tris” durante un recital junto a la soprano italiana Patrizia Cioffi.

En todo caso, lo de 2009 supo a muy poco. Aquel Rigoletto, programado en el Real en tiempos de Antonio Moral, sólo trajo una noche a Nucci y ni siquiera fue la velada del estreno. De modo que a la inmensa mayoría, prensa incluida, el entonces sorprendente “bis” les pilló con el pie cambiado. Esta noche, sin embargo, flotaba en el aire. Porque un “bis” durante la representación de una ópera, momentáneamente “interrumpida”, no es algo a lo que uno pueda asistir con frecuencia y la mera posibilidad de que suceda ya es motivo de una expectación que, sin duda, ha de provocar cierta ansiedad en el cantante de quien se espera. Probablemente, no tanto en Nucci. Desde que debutó su primer Rigoletto junto a su mujer, Adriana Annelli, han pasado 42 años y la de anoche en el teatro de la Plaza de Oriente era la ocasión número 513 en la que el barítono italiano se metía en la difícil piel del bufón más famoso de la historia. Por eso, cuando nada más llegar a Madrid con retraso por culpa de unos insistentes cálculos renales – Nucci asegura que las únicas veces que ha tenido que cancelar algún compromiso profesional ha sido por culpa de los mismos – se preguntó al barítono italiano si habría un “bis”, él se limitó a contestar que lo primero era pensar en hacerlo bien. Y después, claro está, que el público lo pidiera, que el maestro Luisotti lo permitiera y que su compañera, Olga Peretyatko, estuviera de acuerdo. Esta vez, Nucci no ha venido como en 2009 para una sola función y si este lunes el respetable había acudido puntual – o más bien con antelación a causa de las especiales medidas de seguridad que el coliseo madrileño tiene previsto mantener durante todo el mes de diciembre – es de prever que ya no queden entradas para las otras 3 funciones de un total de 16 en las que Leo Nucci volverá a clamar venganza. Una o dos veces.

Aunque los primeras aclamaciones de “bravo” que se escucharon anoche no estuvieran dirigidas a él, sino a Peretyanko, quien acababa de conmover y convencer al respetable con una delicada a la vez que potente interpretación del hermoso aria “Caro nome”, ese momento de sosiego esperanzador antes de que se desate la tragedia. Una enorme desgracia que no por esperada resulta menos dramática. Unos minutos en los que queremos creer que, por fin, el duque de Mantua se ha enamorado de verdad, que Gilda no es una más: “Questa o quella per me pari sono”. Un personaje interpretado, en este primer reparto de los tres que se alternarán durante las 16 funciones programadas, por el tenor estadounidense Stephen Costello, que ha ido creciendo en su papel a medida que avanzaba la obra aunque sin llegar a la intensa regularidad vocal y actoral mostrada por sus compañeros del trío protagonista. O por el cuarto “en discordia”, el siniestro asesino a sueldo llamado Sparafucile interpretado en esta producción por el joven bajo italiano Andrea Mastroni, igualmente muy aplaudido por un público que también se ha mostrado justamente generoso con el maestro verdiano Nicola Luisotti al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, así como con el Coro Titular del Teatro Real dirigido por Andrés Maspero.
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