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ESTRENA TECHO Y COMIDA

Natalia de Molina: "He querido respetar el pudor que a veces sienten las personas desahuciadas"

jueves 03 de diciembre de 2015, 10:54h
La actriz Natalia de Molina estrena este viernes Techo y comida, la ópera prima del cineasta jerezano Juan Miguel del Castillo que le ha regalado un personaje que, superados miedos e inseguridades iniciales, marcará un antes y un después en su aún incipiente carrera interpretativa. El Imparcial charla con la actriz, ganadora de un Goya por Vivir es fácil con los ojos cerrados y que vuelve a sonar en las quinielas para la próxima edición.
Natalia de Molina: 'He querido respetar el pudor que a veces sienten las personas desahuciadas'
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Natalia de Molina tiene una curiosa y mágica relación con los acentos. Ella, nacida en Linares, crecida en Granada y estudiante en Málaga, fue de casting en casting limando su deje para contar los textos en ese castellano neutro en el que encajan la mayoría de los personajes. Hasta que llegó a David Trueba y clavó la prueba. Sólo había un inconveniente, la Belén de Vivir es fácil con los ojos cerrados para la que la solicitaba el cineasta era andaluza. “Si soy de ‘Graná’”. Malentendido salvado. De Molina fue Belén. Final feliz, con Goya a la mejor actriz revelación incluido. Y de allí, de ese personaje lleno de luz al que, asume la actriz, debe mucho, salió Techo y comida. “Es lo que había visto Juan (Miguel del Castillo) para plantearme como opción y enviarme el guión, a pesar de que tanto la película como el personaje son muy distintos”, cuenta la actriz en una charla con El Imparcial.

Y tanto que lo son. Techo y comida, la ópera prima de Juan Miguel del Castillo, es dura, punzante, molesta, hiriente, aplastantemente real. Y Rocío, la protagonista, consume a atropelladas bocanadas la poca luminosidad que aún le queda. Una madre soltera y en paro en el Jerez de 2012, con la Selección Española de Fútbol en un punto tan alto como el número de desahucios que ese año devastó a miles de familias españolas.

“Recibí el guión, lo leí y me emocioné muchísimo. Pasaban los días y seguía pensando en Rocío y en su historia. Por un lado pensé que era una suerte que me hubiera tocado esto, pero por otro tenía mucho miedo. Era una responsabilidad muy grande y el personaje me daba mucho respeto. Soy joven, he hecho pocas cosas, llevo muy poco tiempo haciendo cine y era un personaje muy, muy complejo, que me exigía un nivel emocional altísimo, un cambio a nivel físico e incluso de acento, que tenía que ser jerezano y no tiene nada que ver con el de Granada”. El acento, de nuevo, fue un problema inicial que se transformó en fortaleza. “El mayor piropo que me han dicho en esta película es que haya jerezanos que se hayan creído que soy de Jerez”, confiesa.

- ¿Cómo fue el proceso por el que pasaste del miedo a pensar “puedo hacer esto”?
- He pasado o muchas etapas. Cuando iba en el tren desde Madrid a Jerez para rodar la película, ya con el personaje construido, con todo preparado, de repente me entró el pánico. Llamé a mi madre y le dije, llorando, que no era capaz. Ella me tranquilizó, me dijo que era normal tener miedo pero que intentara disfrutar. Y, a pesar de toda la emoción y el dramatismo, ha sido un trabajo que he disfrutado mucho como actriz.

De Molina confiesa que su madre es pilar fundamental en su vida y en Techo y comida se enfrenta, a unos días de cumplir los veinticinco, al papel de una mujer con un hijo de ocho años. “Hacerlo creíble era algo que me generaba mucha preocupación, sobre todo porque es alguien que, antes del episodio que cuenta Techo y comida, lleva ocho años sacando a su hijo adelante ella sola. Al final, viendo la película, creo que la gente se imagina lo que lleva a cuestas”. Reconoce haber descubierto durante el rodaje que tiene “mucho instinto maternal” pero aún así, y a pesar del espléndido resultado en pantalla, dice ser “consciente de que el día que sea madre, probablemente entienda cosas que ahora mismo se me escapan”.



Además, la actriz reconoce haber “investigado mucho” para construir a Rocío. “He leído muchos testimonios, muchos blogs, documentales y reportajes que se han hecho sobre esta situación, he hablado con abogados que trabajan con la gente que está afectada por las hipotecas, desahuciados o personas en riesgo de exclusión social. Cerca de mi casa hay un comedor social, donde he ido a observar y a sacar cosas. Además, a nivel a nivel jurídico Juan se inspiró en un caso real de una chica de Torrejón de Ardoz. Me planteé buscarla y reunirme con ella, pero conforme iba construyendo el personaje e iba entendiendo más a Rocío, quise respetar el pudor, la vergüenza y el miedo que tienen a veces los afectados a contar la situación”.

- Una película tan dura como real. ¿Eres de las que se llevan el trabajo a casa o logras desconectar?
- No soy de las actrices que se llevan el trabajo a casa, pero sí que es verdad que es un personaje y una historia que calan. Y a mí me calaron. Llegaba a casa después del rodaje y me costaba mucho dormir. No lo entendía, pero es que era todo tan fuerte que mi cuerpo terminaba con una tensión que era imposible relajarse. Después de rodar, me fui un mes fuera a descansar. A Rocío la he sentido mucho, me ha tocado mucho como ser humano, era inevitable. Es algo que vemos en las noticias, que se sabe que pasa, que lleva pasando mucho tiempo… y sin embargo, meterte en la piel de algo así como actriz es muy duro. La película genera mucha impotencia, ver de una manera tan cruda cómo hay niños que están pasando hambre o gente que se queda en la calle. Como ser humano, duele.

En el público que ya ha visto Techo y comida, la reacción va de la tristeza al agradecimiento e, incluso, la indignación. “Cuando estuvimos en el Festival de Málaga la gente terminó gritando ‘Techo y comida, techo y comida’”, cuenta De Molina, que salió de la cita malagueña con el galardón a la mejor actriz. Además, la cinta fue reconocida con el premio del público. “Es dura pero necesaria, y la gente agradece que se haya contado la historia de una manera tan honesta”, valora.

- ¿En qué ha cambiado tu vida, tu perspectiva o tus objetivos desde Vivir es fácil?
- En lo personal soy la misma, pero es verdad que a nivel profesional ha cambiado muchísimo. Sigo trabajando, estoy haciendo cine, cosas muy distintas, que me gustan, que me llenan y que me suponen un reto. Creo que Techo y comida es una peli muy importante en mi carrera. Pienso que he dado un paso, que la gente verá que no sólo me tocó la campana con Vivir es fácil. Se puede ver que soy una actriz y que estoy aquí porque siento pasión por lo que hago.

Lo cierto es que desde Vivir es fácil, De Molina no ha parado de trabajar. Sólo en Málaga presentó, además de Techo y Comida, Cómo sobrevivir a una despedida y Sólo Química. Además, ha rodado la serie televisiva Bajo Sospecha y tiene pendiente de estreno para 2016 lo nuevo de Paco León, Kiki, el amor se hace, y la también comedia coral Los del Túnel, de Pepón Montero. Mucho trabajo y muy variado. Y sin ganas de limitarse. “Me quedo con todo, con comedia, con drama y, si llegan, con thriller y con películas de acción. Si me dan la oportunidad me gustaría hacer cosas muy distintas”.



Lo que también ha cambiado es que antes de Vivir es fácil no tenía un Goya. Y ahora sí. “Ese momento fue mágico, surrealista, todavía no me lo creo, cuando veo el vídeo pienso ‘¿esa soy yo?, ¿yo he vivido eso?’ Al día siguiente me desperté y ahí estaba el Goya, no era un sueño”. Con su nombre sonando en las quinielas para la próxima edición, ella evoca un “ojalá” y considera que “las cosas muy difíciles” frente a “papeles impresionantes” de actrices a las que confiesa admirar, como Penélope Cruz, Inma Cuesta, Elena Anaya, Nora Navas, Marian Álvarez o Maribel Verdú. Su deseo, por el momento, para la película: “Una nominación daría a esta película, tan necesaria, una visibilidad que de otra manera igual no tiene”.


"No tan dura como la realidad"

Techo y comida nace de la rabia, la del cineasta Juan Miguel del Castillo al enterarse por televisión de que una vecina suya había sido desahuciada de su vivienda. “Alguna vez me pidió cosas, un poco de leche para el niño, pero un día desapareció sin más y me enteré por televisión. Me hizo pensar en cómo viven estas personas ese drama entre la vergüenza y la soledad, que estábamos tan cerca y tan lejos de un drama que de puertas para adentro es terrorífico. La verdad es que afectó y decidí contarlo”, relata.

Natural de Jerez, “una tierra muy castigada por la crisis”, Del Castillo escribió y dirigió su ópera prima inspirándose en su entorno más inmediato, y ese pudor a confesar una situación de necesidad llegó a contagiar, en un primer instante, a La Granja, el barrio obrero de las afueras de Jerez en el que está rodada la película. “Cuando empezamos a rodar, la gente estaba un poco desconfiada sobre qué íbamos a enseñar, pero luego se volcaron, fue una fiesta y nos hicimos grandes amigos”, asegura. Al final, y aunque reconoce que la mayoría de sus trabajos anteriores –cortos, fundamentalmente- también tienen este carácter “localista” y que su “sueño desde niño” era rodar en su tierra, la historia “podría haberse contado en Madrid, en Barcelona o en Galicia”.

La motivación del cineasta es la de concienciar a la sociedad e invitarla a reflexionar. Dice no buscar culpables, sobre todo porque cree que “lo que falla es el sistema”. “Tenemos que ir de la mano, tampoco quiero echarle la culpa a nadie sino concienciar de una realidad que existe. Con unión y buena intención, siempre hay algo que se puede hacer. A mí lo que se me ha ocurrido es hacer esta película”.

Y para remover conciencias, es necesario a veces mostrar lo desagradable. “Es un tema muy delicado y he tenido que documentarme mucho. Es una película, ficción sí, pero en mi aporte dramático está lo más light que me he encontrado. Es una película dura pero creo que no tan dura como la realidad. Tampoco quería pasarme ni ir demasiado lejos, sino hacer que llegara el mensaje. He contado lo mínimo, sin caer en la lágrima fácil, sin usar músicas, muy realista, pero con respeto y cuidado”, cuenta. Reconoce Del Castillo que “la gente cuando la ve se siente mal” porque, dice, “es una realidad que pincha, pero es la manera de invitar a una reflexión”.

Con Haneke, Hitchcock o Chaplin como referencias y algunos proyectos en mente que siguen por la senda de la temática social, Del Castillo se muestra escéptico ante los mensajes de mejoría y cambio del rumbo económico que llegan desde la política. “Nos quieren convencer de que la cosa está cambiando, pero al menos en Jerez seguimos con más del 50 por ciento de paro juvenil. Cuando lo escucho en la tele pienso, ‘vente a Jerez un par de meses’. Puede que esté empezando a mejorar en otros sitios, pero desde luego en Andalucía no”.
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