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CRÍTICA DE ÓPERA

Madama Butterfly, por amor o fugaz capricho


  • © Javier del Real | Teatro Real


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miércoles 28 de junio de 2017, 08:59h

La soprano albanesa Ermonela Jaho ha protagonizado este martes 27 de junio la exitosa velada de estreno de la última ópera escenificada de esta temporada del Teatro Real, Madama Butterfly, con una soberbia interpretación por la que se ha llevado el aplauso unánime y rotundo del público.

El escenario del coliseo madrileño, convertido en plató cinematográfico del Hollywood de los años 30-40 del siglo pasado, en los albores del cine sonoro, recibía anoche al público que llenaba el teatro para asistir a la primera de las dieciséis funciones que ofrecerá el Real de la que es una de las óperas más famosas del repertorio: Madama Butterfly. Puccini en estado puro. En la recuperada producción del director de escena Mario Gas, que ya ha cumplido quince años, esta vez las cámaras del escenario no eran, sin embargo, las únicas. En el patio de butacas, otras cámaras, estas de televisión, también aguardaban para grabar la ópera, que podrá verse en Televisión Española y en distintas plataformas, además de su retransmisión el próximo día 30 de junio a través de pantallas gigantes situadas en diversos puntos de la capital y de toda España. Porque la “ópera japonesa” del genial compositor italiano estrenada en la Scala de Milán en 1904 es, sin duda, una buena oportunidad para que los neófitos se enganchen al género, siempre que no teman enfrentarse a la paradójica belleza de la tragedia, al núcleo de la pasión desbordada. En definitiva, al insoportable dolor que empuja a la protagonista a terminar con su vida, retorciendo de paso el alma del espectador, veterano o novato, por muy preparado que vaya.

La albanesa Ermonela Jaho, consciente de su propia intensidad emocional, confesaba el pasado viernes durante la presentación de la obra a los medios que su primer impulso para afrontar el reto de dar vida a Madama Butterfly era controlar la emoción, para evitar que la emoción la controlase a ella. Un primer impulso que, sin embargo, Jaho ha dejado en el camerino para meterse de lleno, con todas las fantásticas consecuencias, en este complejo rol que presenta una paleta de colores llena de contrastes y, sobre todo, de esas emociones que la soprano ha sabido transmitir con intensidad sin afectar a una técnica sólida para proyectar la voz sobre la orquesta. Casi tres horas de poderoso drama con epicentro en su corazón, que se saldaban con Ermonela de rodillas sobre el escenario, todavía con la mano en el cuello herido de muerte y las marcas del trágico final en su rostro, para recibir la merecida aclamación de un público que ya había premiado su impecable interpretación del famoso y bellísimo aria “Un bel dì vedremo” al inicio del segundo Acto.

Con la soprano albanesa metida en la piel de Butterfly, la evolución de la frágil muchacha enamorada que contrae matrimonio con el teniente de la armada estadounidense B.F Pinkerton resulta, desde el principio, tan penosamente realista como maravillosamente poética. Mientras la joven Cio-Cio-San, quince años recién cumplidos, canta su suerte camino de la boda organizada por el casamentero Goro, Pinkerton brinda por anticipado a la salud de otra boda diferente, la que algún día llegará, “su verdadera boda con una esposa americana”. ¿Qué es entonces la que está a punto de contraer ahora? ¿Amor o capricho? A pesar de las advertencias de Sharpless, el cónsul norteamericano, que profetiza la tragedia inevitable de un final que parte de dos principios tan diferentes, Pinkerton no hace distingos. Solo quiere atraparla, reconoce el teniente con apabullante frivolidad, aunque para ello tuviera que romperle las alas. Los avisos de Sharpless, interpretado de forma magnífica por el barítono Ángel Ódena – también merecidamente premiado por el público -, caen en el saco roto de un aventurero encaprichado por el exotismo de la joven gheisa y alentado por las normas japonesas que le permiten repudiarla cuando quiera.

Una mariposa ilusionada que se considera a sí misma la mujer más feliz de Japón, y de todo el mundo, contrasta de forma poderosa con el personaje de Pinkerton, interpretado con calidad, emoción y acierto por el tenor Jorge de León, grande en la aceptación final de su cobardía y el reconocimiento de que tendrá enfrentarse cada día a los remordimientos, demostrando con ello que sigue siendo incapaz de dejar de pensar solo en lo que él siente o sentirá. Tres años tardará en volver Pinkerton a Japón, lo hará acompañado de su “verdadera esposa americana” y solo para recoger al hijo que Butterfly había dado a luz sin su conocimiento. Un niño criado por su solitaria y aún esperanzada madre, quien después de haber renunciado a todo por amor, solo ha tenido con ella a ese niño del que ahora le alejan, pensando en su porvenir, y a la fiel doncella Suzuki, rol de peso en la trama, que hace suyo la mezzosoprano albanesa Enkelejda Shkosa, igualmente premiada por una interpretación actoral y vocal sobresaliente.

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