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BIOGRAFÍA

Manuel Moreno Alonso: Jovellanos. La moderación en política

domingo 14 de enero de 2018, 18:08h
Manuel Moreno Alonso: Jovellanos. La moderación en política

Gota a Gota/FAES. Madrid, 2017. 174 páginas. 15 €.

Por Alfredo Crespo Alcázar

FAES y Gota a Gota prosiguen con su colección de Biografías Políticas (Cánovas, Maura, Silvela, Canalejas, De Burgos, Alcalá-Zamora y Gil-Robles) centradas en figuras que han desempeñado un rol fundamental en la vida de nuestro país como servidores públicos. En esta obra, a través de solvencia académica Manuel Moreno Alonso, catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Sevilla, el objeto de estudio es Melchor Gaspar de Jovellanos, lo que permite al autor analizar también la España en la que se desenvolvió (segunda mitad siglo XVIII e inicios del XIX).

El profesor Moreno Alonso desde el comienzo subraya dos aspectos complementarios. Por un lado, si bien a Jovellanos le se puede catalogar principalmente como político, también cultivó con criterio otras disciplinas (economía, literatura, historia y leyes). En consecuencia, podemos afirmar que nos hallamos ante un humanista ilustrado, un auténtico producto de la Ilustración. Por otro lado, aunque existe la tendencia a considerarlo como uno de los padres del pensamiento conservador español, el republicanismo también ha tendido a apropiarse de su nombre y legado.

Podemos sostener que el autor integra a Jovellanos en la categoría de (auténtico) hombre de Estado, esto es, aquél que se encuentra por encima de etiquetas políticas más superficiales que explicativas. El lector comprobará la veracidad de esta afirmación a lo largo del recorrido que Moreno Alonso realiza por sus diferentes etapas vitales y profesionales, las cuales podrían resumirse con el nombre de cuatro ciudades: Gijón (nacimiento y posterior destierro), Sevilla (primeros desempeños profesionales como jurista, proponiendo una humanización del derecho penal, siguiendo las tesis de Cesare Beccaria), Madrid (Ministro de Gracia y Justicia) y Palma de Mallorca (encarcelamiento). En todas ellas dejó su impronta de moderado (que no tibio o relativista) cuya aspiración principal era el progreso de España, de ahí la radicalidad de sus propuestas educativas (prioridad de las ciencias sobre la escolástica), económicas y religiosas (supresión de la Inquisición).

Asimismo, realizó críticas al statu quo (y a sus servidores), lo que le valió el exilio primero y la cárcel después. En el medio de ambos periodos se produjo su rehabilitación política, desempeñando el cargo de Ministro de Gracia y Justicia. Como se advierte, Jovellanos fue un personaje incómodo para el poder establecido. Sin embargo, este hecho no debe sorprendernos ya que toda su vida discurrió en el contexto de una España atrasada, más partidaria de la superstición que de la razón y donde las intrigas palaciegas formaban parte habitual del paisaje.

La recta final de su vida (y, por tanto, de la obra, ya que Moreno Alonso sigue un orden cronológico en su exposición) resulta tan vertiginosa como trascendente y quizás sea ahí donde mejor se aprecie el moderantismo de Jovellanos. En efecto, la Revolución francesa no fue un movimiento únicamente limitado al país galo sino que sus repercusiones se dejaron sentir en el continente. En el caso de España, las autoridades optaron por evitar cualquier tipo de contagio con las ideas que girondinos y jacobinos trataban de poner en marcha, pese a lo cual, nuestro protagonista estuvo, en la medida de lo posible, al corriente de lo que acontecía en París: Su sentido de la moderación le llevaba instintivamente a reprobar una sangrienta revolución que pudiera acelerar el cambio y la modernización” (p. 80).

No obstante, a pesar de esta cautela, siempre pesó sobre él la escarapela de jacobino cuando su postura era antagónica ya que defendía el equilibrio entre los poderes del Estado (producto de su anglofilia). Al respecto, lamentaba que en España no existieran juristas de solvencia, capacitados para redactar una Constitución, lo que daba como resultado un panorama en el que imperaba la confusión y el desorden.

Su etapa ministerial, que cabe calificar de agridulce, le llevó a prisión de la que fue liberado cuando el pueblo español, que comenzaba a ser el gran protagonista, rechazó las pretensiones hegemónicas de Napoleón Bonaparte. A partir de ahí, dio inicio una nueva etapa de sinsabores para Jovellanos puesto que trató de aplicar en la Junta Central sus ideas moderadas sin que el éxito le acompañara: Yo no sigo un partido, sino la santa y justa causa que sostiene mi Patria […] lidiamos por los preciosos derechos de nuestro rey, nuestra religión, nuestra constitución y nuestra independencia” (p. 145).

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