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ENSAYO

Jaime Gil de Biedma: El pie de la letra. Ensayos completos

domingo 11 de febrero de 2018, 16:10h
Jaime Gil de Biedma: El pie de la letra. Ensayos completos

Edición de Andreu Jaume. Lumen. Barcelona, 2017. 697 páginas. 23,90 €. Además de un excelso poeta de la Generación de 1950, Gil de Biedma (Barcelona, 1929-1990) fue un lúcido y brillante ensayista, como demuestra en esta edición ampliada y con inéditos de sus ensayos. Imprescindible. Por Francisco Estévez

Si aplicamos aquella sagacidad de Jaime Gil de Biedma por la que cualquier acto de lectura es también un acto creador, deberemos extremar la atención en la lectura de sus Ensayos completos donde el lector fiel captará la rotundidad de la cita de su adorado W. H. Auden extraída de “Reading”, en La mano del teñidor (1962), que abre el grueso volumen. En ella se enfatiza el escepticismo para con las ideas de uno mismo y solicita entender las siguientes páginas como un “debate consigo mismo” sobre lo pertinente en materia estética. Entender y más allá, comprender, con cierto grado de profundidad la obra del autor, de uno mismo, es un grado de conciencia que, más allá de la imperativa necesidad estética, adquiere un rasgo profundamente moral en Gil de Biedma. “Yo no soy un hombre, soy un campo de batalla”, como apuntara Nietzsche.

Y, de tal modo, en el ejercicio de conciencia del poeta interactúan multitud de ideas contrapuestas que se alimentan unas de otras, agrandan sin tregua o mutilan llegadas el caso. Aquella tensión entre lo que se debe hacer, la concepción, y lo que se puede hacer, el resultado, fue crucial en la obra entera del catalán, que tuvo como ejercicio básico no confundir su figura con el personaje creado, ni siquiera en la autobiografía: “Yo soy bastante personas y no aguanto a ninguna de ellas. Las conozco a todas”, admitía sin aspaviento a sabiendas de que “todo fue una equivocación, yo creía que quería ser poeta, pero en el fondo quería ser poema”. En efecto, supo hábilmente zafarse de los excesos de la poesía entendida como comunicación al crear un personaje de sí mismo en el poema, alimentado por su propia biografía pero diverso a él pues la poesía ya no es lo que dice, sino lo que hace, lo que en el poema ocurre y así se toma pulso a la vida del hecho poético que muchos confunden con la vida real.

Bien mirado acaso este empeño sea la voluntad global que gobierna el pensar de Gil de Biedma. De similar manera queda reflejado en sus diarios cuando en “Las islas de Circe” admite: “En lo confuso de los motivos […] empecé con este cuaderno para adiestrarme a escribir prosa, pero muy pronto descubrí en él -y no creo ser ni, mucho menos un caso insólito- un instrumento de control de mí mismo, un modo de ponerme un poco en orden y también de moverme hacia actitudes que por imperativos de orden intelectual o moral creo que debo adoptar”. Éste y no otro es el orden y la dirección que marcarán sin duda no solo la escritura, sino la vida a seguir por el hombre. La tarea y el oficio de escribir, ese proceso de interiorización de la realidad, que ejecutó con elegante pietismo en sus diarios, el desnudarse por completo para sí más que para distraerse para manejar “un instrumento de control sobre sí mismo”. Ese pilar fundamental que vertebra la concepción poética y el entramado entero de la poesía del autor de Moralidades. Compañeros de viaje y Poemas póstumos.

Al dar por definitiva su poesía, Gil de Biedma decidió en 1980 publicar sus Ensayos, que conocieron edición aumentada en 1994. Esta nueva edición plantea como novedad la publicación de algunos textos inéditos bien significativos como es buena muestra el “Recital de poesía en Oviedo”, de 1981, donde explica de primera mano ¿quién es esa voz que habla en el poema, en nombre de quién habla y a quién se dirige? A sabiendas de que “la poesía es un inventarse a una persona que habla, que es más contingente y mucho más problemática que la persona que escucha”. Se antoja este texto como fundamental para quien desee en una cata corta formarse idea del pensamiento de Gil de Biedma sobre su quehacer poético que debiera complementarse con la “Poética” que publicó en la importante Antología (1939-1964). Poesía social, publicada por Leopoldo de Luis en 1965, también recogida en este volumen. Más allá quedan otros textos aquí recopilados como una concentrada impresión sobre Don de la ebriedad de Claudio Rodríguez (1953) y los Salmos al viento (1958) de José Agustín Goytisolo. Conocidas eran otras notas como la interesante “De amor como tema literario” en su día suprimida de la edición de El pie de la letra por “demasiado orteguiano”.

Jaime Gil de Biedma supo atender la petición de José María Castellet sobre la necesidad de todo escritor de conocer la tradición literaria de su lengua y estar al corriente de las técnicas literarias de su tiempo. Si las raíces quedaban representadas por la estilística de Dámaso Alonso, la influencia del simbolismo francés y la modernidad literaria tomando como partida a Baudelaire, supo aventajarse al tomar como modelo la poesía de Jorge Guillén. Sin embargo, la manera adecuada para las hechuras de Gil de Biedma será diversa y buscará rápido auxilio en la literatura inglesa (Auden y Elliot) y la tradición del monólogo dramático en busca de aquel deseo último que bien cifró Eliot al describir el estilo de los metafísicos ingleses “áspero sentido común y alada gracia lírica”. De tal modo, logra una cotidianeidad bañada de cosmopolitismo sin renunciar a la dicción hispánica. Un fino pero constante voltaje entreverado de una ética reflexiva en permanente evolución, quizás esa característica grupal que aúna a la “Escuela de Barcelona”, como gustaron autodenominarse Gil de Biedma, Carlos Barral, Agustín Goytisolo, Alfonso Costafreda, Joan y Gabriel Ferrater.

Gil de Biedma reflexionó e innovó las ideas poéticas de su tiempo. Pensó en buena parte de las reflexiones necesarias que precisaba la poesía y con ello, su propia escritura. En definitiva, como bien dice en estas páginas: “¿Qué es lo que un autor de poesía pretende hacer con su obra, con su empeño literario?” y como llega a vislumbrar: “El escritor -y ésa es su limitación trágica- sólo descubre, sólo conoce la realidad cuando empieza a imaginarla, pero, por otra parte, ese conocimiento de la realidad, ese descubrimiento de la realidad, que sólo se da en el momento de empezar a imaginarla, a fabularla, es absolutamente inútil más allá de los límites de la propia literatura”. Así, el concepto de poesía de la experiencia que propone es una derivación moral de la poesía como inquisición ética de la realidad y de la experiencia humana para brindar un nuevo objetivismo estético.

La destacable labor de Andreu Jaume, buen conocedor de la lírica inglesa como muestra la excelsa edición que preparo en 2015 de T. S. Eliot, La tierra baldía: Prufock y otras observaciones, nos permite una lectura ordenada de estos Ensayos completos, que hacen ahora justicia al título y se convierten en otra manera que descubrió Gil de Biedma “para no morir del todo”.

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