www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

ÓPERA

Lucia di Lammermoor, el mayor éxito del Teatro Real en la temporada 2017-2018

Lucia di Lammermoor, el mayor éxito del Teatro Real en la temporada 2017-2018
Ampliar
(Foto: Javier del Real)
domingo 24 de junio de 2018, 08:29h
El público del Teatro Real ovacionó el viernes pasado, 22 de junio, el nuevo estreno de Lucia di Lammermoor.
  • Esta ópera, la más esperada de la programación, no solo no defraudó, sino que sorprendió por la calidad de su ejecución.
  • La que ahora se ofrece en el Teatro Real es la ópera íntegra, sin cortes, compuesta por Donizetti.
  • Además, se introduce por primera vez, en la escena de la locura de Lucia, la armónica de cristal, instrumento inicialmente previsto por el maestro italiano.

La del pasado viernes en el Teatro Real fue una función de las que permanecen en la memoria. No solo por la calidad de los cantantes que dieron vida a este exponente del bel canto, caballo de batalla de sopranos y tenores lírico-ligeros que supera en exigencia vocal y dramática a la popular Traviata de Verdi, sino porque el espectáculo fue también el público mismo: imaginen cuerpos inclinados hacia adelante, pendientes, boquiabiertos, de lo que iba a deparar el instante siguiente en la ya exquisita ejecución de los pasajes más representativos. Los intérpretes principales brindaron, en efecto, momentos de extraordinario intimismo y soberbia dramaticidad al interpretar algunos de los archiconocidos -y comprometidos- temas de esta “eterna” creación del genio de Bergamo. En realidad, todo el reparto estuvo impecable.

Ahora bien, dado que un crítico debe ser veraz y no omitir detalles singulares, es necesario informar aquí de que la única reprobación del público en el estreno del viernes fue para la mise-en-scène. Los abucheos, procedentes del abono de Paraíso del Real -que viene a ser el trasunto operístico, dulcificado, de un famoso tendido de la plaza madrileña de Las Ventas- siguieron sin solución de continuidad al fervor de los aplausos hacia los ejecutores musicales.

Registrado este hecho, es necesario reconocerlo, pero con matices: el decorado, ciertamente, era parco. Algunas de las motivaciones escénicas de esta producción se comentaron en el artículo de El Imparcial de pre-estreno de Lucia di Lammermoor del pasado 19 de junio, pero conviene extenderse sobre el particular. El escenario simula una noble casona escocesa, con magníficas dimensiones, pero algo avejentada en su pintura y demás revestimientos, como corresponde a la situación económica que atraviesa la familia Lammermoor. En este sentido, nada que objetar: la escena se ciñe al guión. El vestuario del coro y del resto de artistas es sobrio y monocolor, pero extraordinariamente fiel al lugar y a la época histórica en el que transcurre el argumento de la ópera: la capital escocesa durante la época vitoriana.

Yendo un poco más allá, esta austeridad podría, incluso, estar beneficiando al aspecto musical de la ópera. Existe una sola justificación, pero lo suficientemente convincente: la belleza de la música y la perfección de la ejecución brillan como un lucero en la sobriedad de la ambientación. Aún así, la producción no carece de efectos visuales interesantes, como los que brinda, por ejemplo, el personaje de Lucia: obligada a casarse contra su voluntad, presa de la enajenación tras haber asesinado a su esposo, permanece petrificada como una figura de porcelana oriental; la imagen, casi fotográfica, es de una conseguidísima plasticidad. Por lo tanto, hay que ser justos en la valoración: la producción de Lucia di Lammermoor que ahora se presenta en Madrid, puede calificarse redonda; no hay ningún elemento que sobresalga -para bien o para mal- del conjunto artístico, excepto el musical, y posiblemente sea éste el efecto perseguido.

Lucia di Lammermoor es un dramma tragico en tres actos sobre libreto de Salvatore Cammarano, basado en la novela The Bride of Lammermoor (1819), de Walter Scott. En la obra abundan los elementos temáticos predilectos de la estética del siglo XIX: situación dramática desde el inicio mismo de la obra, amor romántico hasta el extremo, frustración de deseos, enajenación, asesinato, muerte... En este sentido, el decorado no es sino otro elemento más, propio de la estética referida: la decadencia.

La première del viernes contó con la intervención vocal, en los papeles protagonistas, de la soprano de origen cubano Lisette Oropesa y del tenor mexicano Javier Camarena. Ambos encarnan roles de extrema dificultad y extensión: una auténtica maratón vocal para la que es preciso una técnica sólida y depurada. La tesitura exigida en ambos papeles es la de una voz lírico-ligera, pero con los suficientes quilates dramáticos, lo cual no es tan habitual. Oropesa, en el papel de Lucía de Lammermoor, cumplió este cometido a la perfección durante las tres horas que duró la función. Camarena (interpreta a Edgardo, prometido y amante de Lucia) siguió una línea de canto bella y correcta, y se reservó para darlo todo en el último acto, tras la muerte de Lucía de Lammermoor, el más extenso y complicado de su rol. El nivel vocal del barítono polaco Artur Rucinski en el papel de Lord Enrico Ashton -el malvado hermano de Lucia- resultó evidente en la bella ejecución de las notas más agudas de su papel, lo cual suele ser un hándicap en una voz media-grave. Roberto Tagliavini, bajo, fue convincente en el rol de Raimondo Bidebent. También estuvo a la altura del resto del reparto el tenor ligero Yijie Shi (en la ópera, Arthur Bucklaw, el marido asesinado de Lucia), que canta una aria de apenas un minuto de duración, que, por desgracia suele pasar desapercibida -cuando su ejecución no es mala-, pese a su extraordinaria dificultad.

En conclusión, un estreno memorable, el de Lucia di Lammermoor el pasado viernes, con el primer reparto. Otra anécdota de la función fue la protagonizada por el músico Sascha Reckert, que toca la armónica de cristal, auténtica primicia de esta producción. Reckert no subió a saludar al final de la función, pese a ser requerido insistentemente por la soprano Lisette Oropesa: un gesto de modestia digno de alabanza: su papel –debió entender- estaba con el resto de los músicos, pese a que el dúo de la locura con el personaje de Lucia fue uno de los momentos más sobresalientes de la noche. La armónica de cristal, originalmente concebida por Donizetti para el dúo con Lucia, durante la escena de la locura, ha sido sistemáticamente sustituida por una flauta, porque el instrumento original no cubría las exigencias acústicas de una sala de teatro. Reckert inventó en 1983 el glass-euphonium, fabricado con tubos de cristal huecos en uno de sus extremos y que se toca acariciándolo con las manos. Esta nueva Harmmonica ha conseguido respetar el deseo de Donizetti de utilizar el vítreo instrumento en el dúo referido: ambas “voces” empastan a la perfección; el nuevo instrumento consigue imbuir a este pasaje un misterio y dramatismo muy convincentes, a la vez que una sonoridad hasta ahora casi desconocida.

Lucia di Lammermoor se representará en el Teatro Real hasta el próximo 13 de julio.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.