Lucio, el hombre que se tragó al mar
jueves 24 de julio de 2008, 01:43h
“¡A la mar marea!”. Eso debió pensar Lucio, el más popular de los hosteleros de y en el universo mundo. Si es que le dio tiempo a pensar en algo cuando, tras un desmayo en aguas mediterráneas se cayó sobre la superficie del mar y no volvió en si de la lipotimia hasta que le auxiliaron. Es fama de que Lucio flota bien y escapar de hacer pesca submarina. Pero nunca trató de entrar en el “guinnes” porque ya lo está en otra materia: la pitanza.
Pasaba su convalecencia en la playa de San Juan después de haber sido operado de la vesícula biliar. Ocurrió el accidente y los pulmones del hostelero, el de los huevos de oro, se inundaron. Como los periodistas somos gente de mucho alboroto, en una televisión española se dijo que Lucio Blázquez, había sufrido un gravísimo infarto del que tardaba en salir. Si la noticia fuese verdad sus clientes Luis Miguel, Severo Ochoa, los Kenedys y tantos otros desaparecidos, lo hubiesen recibido con un “¡albricias, pan de Madagascar!”. Porque, según su cliente Edgar Neville, en el cielo se comen horriblemente mal. Además el citado autor teatral, pintor, director de cine, etc., pedía al final de sus cenas, en calidad de postre, una fuente repleta de huevos fritos con chorizo y patatas. Neville no alcanzó a vivir para degustar los huevos que hicieron famosos a Lucio.
Hasta el punto de que unos turistas extranjeros subieron a un taxi y cuando el conductor les pregunto a donde querían ir, respondieron: “una calle que se llama los huevos de Lucio”. Lucio los potenció abriendo un establecimiento, casi en frente del célebre “Lucio”, titulado “los huevos de Lucio”. Un conocido humorista gráfico y pintor, José Luis Molleda, acaba de facilitarnos el retrato más reciente que hizo al famoso hostelero. Retrato que acompaña a nuestra crónica de hoy. Lucio es el auténtico Rey de la Cava Baja. Su familia nos comunica que no reaparecerá en sus establecimientos, que son muchos, hasta pasado el verano. “Casa Lucio”, permanecerá cerrada todo el mes de agosto. Así es posible el merecido descanso del guerrero que, estamos seguros consistirá en seguir peleando.
Son muchos los comensales que le inquieren en torno a la fórmula para hacer huevos iguales o por lo menos parecidos a los que llegan a nuestras mesas. Pero desgraciadamente no salen como los de la cocina del Rey Lucio. En los restaurantes del todo Madrid, también se sirven huevos parecidos, pero ninguno como los afamados huevos de Lucio. Que bien podría decir, en frese de Don Jacinto Benavente “bien aventurados sean nuestros imitadores porque de ellos serán nuestros defectos”.
Uno se alegra porque la suerte, que no siempre es grela -como dice el tango- se ha vuelto a alinear con uno de los personajes españoles más queridos y admirados. Por mi parte me atrevo a presentarme ante ustedes con una camiseta en homenaje a los huevos y una sartén con un huevo frito en ingenio de Molleda. Añadamos una toalla. Va mi brindis por el hombre que ha reunido más amigos a lo largo de su vida. Y que ahora se cuidará mucho de meterse en las aguas mediterráneas. Volvemos a recordarle que “a la mar marea...”. Es preferible que Lucio reciba a los frutos de los océanos a puerta gayola como hacen los Ponce, los José Tomás, los Castaña y múltiples toreros que pueden presumir no solo de los huevos de Lucio sino de los que ellos llevan bajo la taleguilla. Me consta que toreros intelectuales, científicos, jurisconsultos, la flamenquería andante, los ricos de viejo y nuevo cuño, levantarán sus copas brindando por el cocinero doliente.