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EXPLORACIÓN ESPACIAL

Confirmado: un agujero negro supermasivo se esconde en el corazón de la Vía Láctea

Esta visualización usa datos provenientes de simulaciones de movimientos orbitales de gas, girando a aproximadamente un 30% de la velocidad de la luz en una órbita circular alrededor del agujero negro.
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Esta visualización usa datos provenientes de simulaciones de movimientos orbitales de gas, girando a aproximadamente un 30% de la velocidad de la luz en una órbita circular alrededor del agujero negro. (Foto: ESO/Gravity Consortium/L. Calçada)
Eduardo Villamil
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eduardovillamilelimparciales/16/7/16/28
miércoles 31 de octubre de 2018, 21:46h
Aunque se daba prácticamente por hecho, las nuevas observaciones del Observatorio Europeo Austral lo han confirmado.

El instrumento GRAVITY del Observatorio Europeo Austral (ESO, por sus siglas en inglés) acaba de confirmar lo que llevaba largo tiempo sospechándose: el centro de la Vía Láctea alberga un gigantesco agujero negro, cuya masa es cuatro millones de veces la del Sol.

El descubrimiento se ha producido gracias a la observación de diferentes destellos orbitando alrededor de Sagitario A*, que es como se ha denominado a este monstruo cósmico. Estas señales luminosas que han sido observadas por los científicos, detectadas como tres prominentes destellos brillantes, pertenecen a "electrones altamente energéticos" que orbitan a gran velocidad alrededor del agujero negro.

Un agujero negro es una zona del espacio-tiempo cuya masa es tan elevada que genera un campo gravitatorio capaz de atrapar cualquier partícula material, incluida la propia luz. Sin embargo, un agujero negro no es capaz de absorber toda esa masa de golpe, sino que lo hace poco a poco, provocando que el material que se acerca comience a orbitar a su alrededor formando lo que se conoce como un disco de acreción.

Aunque parte del material en este disco de acreción (el cinturón de gas que gira en torno a Sagitario A* a velocidades relativistas) puede orbitar alrededor de un agujero negro de forma segura, cualquier cosa que se acerque demasiado está destinada a ser atraída más allá del horizonte de sucesos (límite del espacio-tiempo visible para nosotros). Los destellos observados en este caso concreto, no obstante, se sitúan justo al límite y pertenecen a interacciones magnéticas de gas muy caliente que se desplaza a unos 100.000 km/s, o un tercio la velocidad de la luz.

Representación artística de un agujero negro con una estrella compañera que se mueve en órbita alrededor, excediendo su límite de Roche. La materia que cae forma un disco de acrecimiento, con algo de materia expulsada en chorros polares colimados altamente energéticos. (Fuente: Wikimedia Commons)

"Es alucinante ver efectivamente material orbitando un agujero negro masivo a un 30% de la velocidad de la luz”, comenta maravillado Oliver Pfuhl, científico en el Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE). “La gran sensibilidad de GRAVITY nos ha permitido observar los procesos de acreción en tiempo real con un nivel de detalle sin precedentes”.

A principios de este año, GRAVITY y SINFONI le permitieron al mismo equipo medir con exactitud el sobrevuelo cercano de la estrella S2 a medida que pasaba por el intenso campo gravitatorio que hay cerca de Sagitario A*, y por primera vez esto reveló los efectos previstos por la relatividad general de Einstein en un ambiente así de extremo. Durante el sobrevuelo cercano de S2, se observó también una fuerte emisión infrarroja.

"Monitoreamos de cerca S2, y por supuesto siempre supervisamos Sagitario A*”, explicó Pfuhl. “Durante nuestras observaciones tuvimos la suerte de apreciar tres destellos brillantes alrededor del agujero negro, ¡lo que fue una afortunada coincidencia!”.

Reinhard Genzel, del Instituto Max Planck de Física Extraterrestre (MPE) en Garching, Alemania, quien dirigió el estudio, añade: “Este siempre fue uno de nuestros proyectos soñados, pero nunca pensamos que pudiese hacerse realidad tan pronto”. Refiriéndose a la antigua suposición de que Sagitario A* fuera un agujero negro supermasivo, Genzel concluyó que “el resultado es una rotunda confirmación de este paradigma”.

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