El Barcelona dominó la pelota y recortó distancias por medio de Messi, pero nunca pudo desestabilizar al consistente bloque de Marcelino.
El fútbol español bajó el telón a la temporada este sábado. El Benito Villamarín acogió la final de la Copa del Rey, que enfrentaba al Barcelona y al Valencia, en un duelo de contextos y motivaciones diversas. Los catalanes, flamantes campeones de Liga, buscaban clausurar de la mejor manera la huida hacia adelante detonada tras la catástrofe vivida en Anfield. Desprovistos del objetivo del curso, los azulgrana repetirían en la previa la frase "todavía queda un título" como mantra. Los levantinos, por el contrario, se presentaron en el césped verdiblanco con la intención de redondear el éxtasis vivido hace días, ese que les clasificó para la próxima edición de la Liga de Campeones a última hora. Rebosantes de autoestima.
Ernesto Valverde tuvo que lidiar con las bajas de Luis Suárez, Ter Stegen y Ousmane Dembèlè. Y, también, con la atmósfera de acusación generalizada que le persigue desde Liverpool. Se le responsabiliza de poner en práctica un estilo que poco tiene que ver con el llamado 'cruyfismo', aunque haya encadenado dos trofeos ligueros desde ese pelaje industrial. Su cabeza, según algunos analistas, podría ser cortada este mismo lunes. Con todo esto en la mochila, el preparador apostó Arthur -más posesión- y un 4-4-2 -más equilibrio- en el que Semedo y Sergi Roberto confeccionaban un doble lateral diestro, con Lionel Messi acompañado en punta por Coutinho. El 'Txingurri' dio su brazo a torcer y la medular física y contragolpeadora dio paso al ajedrez combinativo reclamado.
Marcelino García Toral, en su caso, disfrutó de la recuperación de los infortunados Ezequiel Garay y Geoffrey Kondogbia, mas dejaría a éste último en el banquillo. No iba a permitirse meter en dinámica a un jugador falto de ritmo, cuando, precisamente, lo que pretendía el asturiano era que los suyos desplegaran un derroche intenso y de concetración total. Así empataron los dos partidos ligueros ante los culés. Y reprodujo el dibujo acostumbrado, con Parejo repaldado por el trabajo de Coquelin. Wass volvió al improvisado lateral diestro, Domènech a la portería, y Gameiro figuraría con Rodrigo en la delantera, con Guedes y Soler en la mediapunta. Esa nómina abordaría el sueño de alzar un trofeo en el centenario del club.

Y la pelota echaría a rodar con el pitido de Undiano Mallenco -que se jubilaba en esta fecha- y bajo un duelo de estilos explícito. Los favoritos asumieron una circulación del cuero eterna, con Jordi Alba y Semedo sumados al centro del campo, mientras que los valencianos se atrincheraron en cancha propia. Presionaban tras pérdida los blaugrana, atentos e implicandos, como demandaba semejante cita. Mas una desconexión precoz en el ejercicio de asfixia de la contra oponente provocaría el primer susto del anochecer para los barceloneses. Parejo sacó el juego ante la indolencia de tres peones y el relámpago che desembocaría en un mal despeje de Lenglet, que dejó a Rodrigo en mano a mano con Cillessen. El delantero superó al arquero, pero su zurdazo fue repelido, bajo palos, por Piqué -minuto 5-.
La verticalidad del libreto de Marcelino, que rozó el 0-1, avisó a los defensores del título de los riesgos que entraña la manutención de un monólogo hozizontal. La superpoblación central valenciana redujo los espacios y los pasillos que tanto usa el Barça, trompicando un pentagrama de Valverde que no alcanzaba a traducir el dominio en peligro. Messi retrasaba su posición para participar y dejaba sin referencia a la punta de su escuadrón, sin posibilidad de desahogo ante el sacrificio defensivo de Carlos Soler y Guedes. Chocaba una y otra vez contra el muro ajeno. Únicamente, en el minuto 18, pudo localizar una oquedad. Una recuperación alta de sus acólitos dejó a la zaga levantina descoordinada y, ahí, el zurdo cambió el ritmo y chutó. El envío se fue a córner tras golpear en un central.
Adolecía la idea de los aspirantes al trofeo de aplomo con el esférico para refrescar la sensación de amenaza sobre el arco de Cillessen. Hasta que, en el 21, Parejo aglutinó calma en la iniciativa. Esa primera combinación prolongada de su esquema depararía un pase largo de Gabriel hacia el desmarque de ruptura de Gayá. El lateral ganó la espalda a Sergi Roberto, con Guedes distrayendo a Semedo -acción de estrategia que tiró por tierra al intencionado doble lateral diestro defendido del 'Txingurri'-, y centró para que Gameiro encañonara el 1-0, desde el punto de penalti y tras sentar a un Busquets que arribó tarde. El zarpazo corroboraba la valía de la filosofía conservadora del bloque en ventaja. El plan estaba germinando según lo previsto.
Y subiría la exigencia del examen a la paciencia azulgrana. Porque no aflojaría la entrega total de la iniciativa, en una maniobra en la que sólo estaban permitidos los centros laterales de Alba y Semedo -para la comodidad aérea de Garay y Gabriel, que no tenían que cuerpear contra un delantero rematador-. En consecuencia, se cruzaba la media hora con el ratio de posesión del once de Valverde multiplicándose, si bien Coutinho no dañaba y Messi era una víctima del planteamiento global. Y, en el 34, se profundizaría la herida culé. Otra salida cómoda de Parejo despegaría la carrera de Carlos Soler -ganando la espalda de Alba- que el extremo culminó con un centro potente. Rodrigo, en el segundo poste, cabeceó a la red a placer. Volvía a pagar caro el representante de la Ciudad Condal en el envés del tiqui-taca. Si no se aúnan esfuerzos de todos tras pérdida, los espacios para el goce oponente se expanden.

Una tímida volea y un testarazo de Rakitic -ambos, fuera de tino-, constituirían la respuesta inmediata del gigante. Había quedado la escena marcada por la coyuntural bajada de revoluciones en la presión catalana. Como tantas veces en esta temporada, el Barça se abocaba a una contrarreloj que le constreñía a abrazar la épica. Ganar el descanso se convirtió en una prioridad para el sistema que dictaba el marcador. Y llegarían a la orilla, centrados en acorralar a un Messi empeñado en filtrarse por una parcela central imposible. Incluso, se estirarían al galope de Guedes y de Rodrigo, provocando un cruce in extremis de Piqué. Jaume Doménech estrenaría sus guantes, providencial, para detener un zurdazo ajustado de 'La Pulga' y otro, más centrado, de Rakitic, pero este respingo postrero marcaría un camino azulgrana que confiaba en el calor y el cansancio como apoyo en esta aventura.
El entrenador urgido sólo disponía de Aleñá, Malcom y Arturo Vidal como revulsivos -sobrevenido retrato del diseño de plantilla de Bartomeu- y no esperaría para inyectar al chileno y al brasileño, dejando en el banquillo para el segundo acto a Arthur y a Semedo. Sergi Roberto se uniformaba como lateral diestro en la tratativa ofensiva y más directa del patrón histórico de esa competición. De paso, suturaba los problemas de Busquets para amarrar las transiciones rápidas rivales y abría el campo, fijando a un extremo, especializado en tal posición, pegado a la cal. Mas lo que se encontró el Barcelona fue la presión valenciana y los lanzamientos venenosos de Rodrigo y Guedes -minuto 49-.
La valiente vuelta de tuerca de Marcelino se arriesgaba a abrir huecos para Messi, por lo que se limitaría a rachear la subida de líneas. El argentino lanzaría una falta desde la frontal y a la barrera, producto de una transición azulgrana que comandó él mismo. Malcom empezaba a tirar de verticalidad, agujereando a Gayá y granjeando profundidad y tensión a su escuadrón. Y Messi se alió con este brasileño para trazar una diagonal que confluyó en el zurdazo angulado que escupió la madera -minuto 57-. El intercambio de golpes, en el tú a tú, había prmocionado el crecimiento culé. Aún así, Rodrigo y Gameiro presionaban a Piqué y Lenglet cada vez que podían.

Había cambiado el paisaje y el tempo se disparó. Acertó Valverde rescatando su pizarra más anatómica que 'cruyfista' y su homólogo decidió dar entrada a Kondogbia. El sistema che estaba siendo desestabilizado. En principio, quiso sustituir a Gameiro, pero Parejo se lesionaría en la lanzamiento de una falta. El motor francés suplió al faro valencianista y se retomaría la confrontación de estilos. Los de Mestalla volvieron a la cueva, al tiempo que Malcom -en sus centros- y Coutinho -en un chut- pecaban de imprecisos. Se quemaba la frontera del minuto 70 con 2-0 en el electrónico y el restablecimiento de la ocupación del terreno inicial.
Piqué marraría una remate claro, a pase de Malcom, antes de que Piccini sentara a Gameiro. Wass subía a la medular para tapar el desborde de Malcom, entre los dos guerreros franceses. Completaba la mutación defensiva Marcelino, pero sufriría el 2-1 en el 74. Lenglet cabeceó hacia la cepa del poste en un saque de esquina, Domènech reaccionó con una parada de mérito y Messi embocó el rechace, para recortar distancias. En esta altura del esfuerzo, con Aleñá ocupando el escaño de Rakitic, se desnudaría la esencia del desenlace: asalto final azulgrana y achique agónico levantino. Con el fuelle tocando mínimos. Acabaría el Barça con cuatro mediapuntas y un delantero -amén de las incorporaciones de Piqué-.
Le quedaba al arsenal valenciano que Rodrigo o Guedes pelearan por pescar la montonera de pelotazos que les mandaba su exigida defensa. Que contemporizaran con la pelota y arrancaran oxígeno y segundos. Sin Parejo, las opciones de hilvanar juego se apagaron. Y el Barça acumularía pases horizontales en la frontal contrincante, con Piqué en punta y Malcom y Jordi Alba alimentando el flujo de centros laterales. Sin embargo, de ese asedio no cosecharía más que un cabezazo fútil de Messi. Diakhaby completaría los cambios dando descanso a Rodrigo, apuntalando la reclusión y dando carpetazo al paroxismo valencianista. A pesar de que Guedes perdonó un cara a cara con Cillessen en el 94 y falló a puerta vacía, en el 95. Después de más de una década sin títulos, volvieron a alzar la Copa del Rey en una conclusión de campaña maravillosa.
- Ficha técnica:
1 - Barcelona: Cillessen; Semedo (Malcom, m.46), Piqué, Lenglet, Jordi Alba; Arthur (Arturo Vidal, m.46), Busquets, Rakitic (Aleñá, m.76); Sergi Roberto, Messi y Coutinho.
2 - Valencia: Jaume Doménech; Wass, Garay, Paulista, Gayà; Carlos Soler, Coquelin, Parejo (Parejo, m.65), Guedes; Rodrigo (Diakhaby, m.88), Gameiro (Piccini, m.72).
Goles: 0-1, M.21: Gameiro. 0-2, M.33: Rodrigo. 1-2, M.73: Messi.
Árbitro: Alberto Undiano Mallenco (Comité Navarro), quien se despidió del arbitraje profesional. Amonestó a los barcelonistas Busquets (m.61) y Arturo Vidal (m.89), y a los valencianistas Gayà (m.53) y Kondogbia (m.70).
Incidencias: Final de la Copa del Rey disputada en el Benito Villamarín ante unos 54.000 espectadores. Césped en perfecto estado. Presidió el partido desde el palco el Rey Felipe.