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Teatro

Ernesto Caballero: Reina Juana

domingo 09 de junio de 2019, 18:16h
Ernesto Caballero: Reina Juana

Antígona. Prólogo de Carmen R. Santos. Madrid, 2019. 50 páginas. 10 €.

Por Adrián Sanmartín

Próximamente, Ernesto Caballero, una vez cumplido el plazo de cinco años, abandonará su responsabilidad al frente del Centro Dramático Nacional (CDN), donde ha desarrollado una magnífica labor y deja el listón muy alto a su sucesor, Alfredo Sanzol. No conviene olvidar, sin embargo, que, junto a su tarea ejecutiva –al acabar sus estudios en la RESAD fundó la compañía Producciones Marginales, y, posteriormente, impulsó y dirigió la compañía El Cruce-, Ernesto Caballero (Madrid, 1958) es también una de las figuras imprescindibles en sus facetas de dramaturgo y director de escena, que le han valido numerosos galardones. Entre sus trabajos en la dirección escénica, cabe recordar sus brillantes montajes de La tortuga de Darwin, de Juan Mayorga, Rinoceronte, de Ionesco, Vida de Galileo, de Brecht, En esta vida todo es verdad y todo mentira, de Calderón de la Barca, El laberinto mágico, de Max Aub, e Inconsolable, de Javier Gomá, entre muchos otros.

Como dramaturgo se encuentran Squash, Retén, Solo para Paquita, Rezagados, Auto, Un busto al cuerpo, Pepe el romano, Te quiero…, Maniquís, Sentido del deber, El descenso de Lenin, Matrioskas y La autora de las Meninas, entre más de cincuenta piezas, en algunos casos llevadas por él mismo a escena. No hace mucho pudimos disfrutar en las tablas de su obra Reina Juana, dirigida por Gerardo Vera, y con una Concha Velasco en estado de gracia encarnando a la desdichada soberana. Desdichada, sin duda, pero también mucho más poliédrica y compleja de lo que habitualmente se nos suele presentar. Así, con sus múltiples matices, nos la ofrece Ernesto Caballero en esta espléndida obra, con la que, ahora, gracias a la editorial Antígona -con un gran catálogo teatral-, es posible deleitarse en un volumen, que incluye un esclarecedor prólogo de la profesora y periodista cultural Carmen R. Santos.

Juana I de Castilla (Toledo, 1479-Tordesillas, 1555), tercera hija de los Reyes Católicos, ha pasado a la Historia con el sobrenombre, más bien diríamos sambenito, de “Juana la Loca”, resaltándose casi en exclusividad el amor obsesivo por su esposo, Felipe el Hermoso, en la imagen de una Juana que durante casi un año arrastra su cadáver embalsamado por las tierras de Castilla. Sin obviar ese episodio de su vida en la pieza, ni claro está, su pasión por Felipe el Hermoso, Ernesto Caballero deshace el tópico de “Juana la Loca” para poner en valor el de “Reina Juana”, lo que hace ya desde el propio título de la pieza.

“Mi padre acaba de proclamar mi incapacidad. Lo mismo que Felipe; ambos aspiran al trono de Castilla. Ahora lo veo todo con claridad. Como en el juego de escaques ambos pretenden anular a la Reina”, reflexiona Juana en un momento de este intenso texto, que es más que un monólogo, pues por la celda del palacio de Tordesillas -donde permanece prácticamente prisionera, cerca de cincuenta años, a instancias primero de su padre, y luego de su hijo y de su nieto-, desfilan los fantasmas de quienes la convirtieron en una reclusa, junto al de su esposo, que no dejó de involucrarse en las ambiciones y luchas por el poder. Un poder al que Juana resultaba incómoda.

No es Reina Juana, sin embargo, una mera hagiografía ni una exaltación desmedida de la monarca. Ernesto Caballero ha tenido el extraordinario acierto de acercarnos a una Juana más allá del lugar común, con sus aristas, y revestida de una dimensión shakespereana. Y ello en una pieza que nos absorbe, escrita con un intenso lenguaje de gran altura dramática y poética.

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