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ESTRENO

Crítica de cine | Joker: retrato de un descenso a los orígenes de la locura

jueves 03 de octubre de 2019, 15:15h

No se anda con remilgos Todd Phillips a la hora de querer desmarcar Joker de toda relación con un universo de superhéroes. Una declaración de intenciones marcada a fuego desde los mismos créditos iniciales: ni rastro del logo de DC y aparición del sello que usaba Warner a finales de los ’70. Y así, aparece en pantalla una Gotham decadente en su versión más neoyorkina. La reverencia al maestro Scorsese no ha hecho más que empezar.

El descenso a los infiernos de la locura que está por acontecer es un homenaje directo y reconocido a clásicos del director neoyorquino como Taxi Driver o El rey de la comedia, y que también cuenta con trazas del Network de Sidney Lumet. Una oda a esa corriente de cine atrevido y sin cortapisas que transformó Hollywood en la década de los 70.

Dos son los pilares en los que se apoya Joker para salir adelante. Primero, en el empeño de un director (y guionista junto a Scott Silver) que reclamó a Warner una libertad total para sacar adelante el proyecto, gracias en parte a un presupuesto pequeño y a que la toma de decisiones del estudio en torno al universo DC se debe hacer con ruleta rusa de por medio. Por fortuna, el director de películas como Resacón en Las Vegas, Viaje de pirados o Aquellas juergas universitarias logró que le dieran luz verde a este descomunal cambio de registro en su filmografía.

Y segundo, en la actuación de un Joaquin Phoenix magistral, protagonista absoluto de una función dedicada a que exhiba su talento cada minuto de la misma. Un personaje, Arthur Fleck, que le permite hacer de amoroso hijo, ilusionado fan, trabajador incomprendido, enfermo en busca de cura… y demente desatado. El mismo actor que en el mismo año ha hecho desde vaquero en Los hermanos Sisters hasta de Jesús en María Magdalena. Su trabajo en Joker grita nominación al Óscar en cada toma.

Porque ver Joker es asistir a la liberación de los demonios interiores de un demente. Y esa liberación no se produce por la acción directa del protagonista, sino que esa sociedad marchita que se ve en pantalla empuja a Arthur Fleck a la locura.

Fleck busca ser todo lo normal que encaja en el significado dado por esa sociedad: tener un trabajo, tomar su medicación, cuidar de su madre y hasta se permite el lujo de enamorarse y soñar con ser un comediante de éxito.

Y esas capas de supuesta normalidad se las va arrancando la misma humanidad que se las reclama. Y además de forma cruel. Palizas, despidos, recortes, sueños rotos… poco a poco se van desenroscando las cadenas que atan a Arthur Fleck a la cordura y se empieza a mostrar el Joker que lleva dentro, desatado ya en un tercer acto bárbaro en todos los sentidos.

Un camino de resentimiento que se transmuta en liberador con la locura como catalizador. ¿Es Joker un héroe o un asesino si remordimientos? ¿Es esa carcajada una muestra de regocijo o un grito de dolor? No se trata de buscar el compás que encuentre el norte de una brújula moral sino de hacerlo girar y disfrutar del trayecto. Eso es Joker.

Joker

Año: 2019
País: Estados Unidos
Duración: 118 miutos
Director: Todd Phillips
Guión: Todd Phillips y Scott Silver
Fotografía: Lawrence Sher
Banda sonorna: Hildur Guðnadóttir
Reparto: Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge, Jolie Chan, Bryan Callen, Shea Whigham.
Sinopsis: Arthur se siente siempre solo entre la multitud y busca conectar con alguien. Pero mientras camina por las tranquilas calles de Gotham City y recorre las vías de ferrocarril grafiteadas de una ciudad hostil donde reina la división y la insatisfacción, Arthur usa dos máscaras. Una le sirve para su trabajo diario como payaso. La otra no se la puede quitar nunca; es la apariencia que proyecta en un intento inútil de sentir que forma parte del mundo que lo rodea, y no ese hombre incomprendido a quien la vida golpea sin descanso. Arthur no tiene padre y su madre es una mujer frágil que es, sin lugar a duda, su mejor amiga. Le puso de apodo Happy, un nombre que ha pintado en la cara de Arthur una sonrisa que oculta un dolor infinito. Pero cuando los adolescentes lo intimidan en las calles, se burlan de su ropa en el metro, o cuando otros payasos se ríen de él en el trabajo, este ser asocial y estrafalario se siente aún más alejado de todos los que le rodean.
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