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¿Son más saludables los productos "sin"?

¿Son más saludables los productos 'sin'?
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(Foto: Getty)
jueves 17 de octubre de 2019, 10:55h
Ante el boom informativo suscitado con los alimentos que no contienen gluten, lactosa, conservantes o aceite de palma, el consumidor va al supermercado preocupado por las posibles repercusiones de sus decisiones de compra. ¿Alguien le ha dicho al consumidor que todos los productos que hay en un supermercado son sanos y seguros?

A la hora de ir a la compra muchos consumidores dedican cada vez más tiempo a mirar las etiquetas de los productos intentando evitar aquellos que contienen conservantes, colorantes, sal, azúcar o aceite de palma. Sin embargo, y probablemente para sorpresa de muchos, un alimento con conservantes o aceite de palma puede ser mejor nutricionalmente que uno “sin”. De hecho, eliminar un ingrediente no hace que un producto sea más o menos saludable: la relación entre la alimentación y la salud tiene que ser considerada teniendo en cuenta la dieta en su conjunto y no por la evaluación de los distintos ingredientes. Desgraciadamente, esta presión mediática acaba haciendo mella debido a la inherente desconfianza del consumidor ampliado por una publicidad que confunde respecto a los componentes de los productos alimenticios.

La obsesión no justificada por los productos “sin”

Un ejemplo de estas modas en la alimentación es visible en los alimentos bajos en calorías o “light” que se lanzaron con el fin de reducir azúcares, grasas y sal. Con esta categoría de productos, evidentemente se contribuye a luchar contra la obesidad, que ya afecta al 25% de la población en España, pero se precisan muchas más acciones y medidas complementarias, como la práctica de ejercicio y demás hábitos de vida saludables, asesoramiento profesional de especialistas en nutrición y, sobretodo, una dieta equilibrada y variada.

La obsesión por el culto al cuerpo también ha fomentado que un gran número de personas sin ningún tipo de intolerancia empiecen a ser consumidores habituales de productos “sin gluten” o “sin lactosa”, a pesar de no necesitar estas precauciones. Creen, erróneamente, que son más saludables y es cierto que pueden serlo, pero sólo para aquellas personas que padecen alergias e intolerancias. Por el contrario, las personas que no padecen ninguna enfermedad no tienen necesidad alguna de consumir estos productos “sin”; los adquieren inducidos por desinformación, por imitar comportamientos o dejándose llevar por las técnicas de marketing que “sugieren” que este tipo de productos son beneficiosos para el público en general.

El “temido” aceite de palma

En el malentendido del aceite de palma se mezclan aspectos de nutrición y sostenibilidad medioambiental, todo ello impulsado por el hecho de que algunas empresas han renunciado a este ingrediente, sustituyéndolo por otros con superior contenido en ácidos grasos y, por supuesto, menos sostenibles para el ecosistema.

En esta disyuntiva, hay que tener en cuenta que autoridades internacionales como Food and Agriculture Organization (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la European Food Safety Authority (EFSA) no han prohibido ni desaconsejado el empleo de este ingrediente alimentario. Las únicas recomendaciones hacen referencia a la ingesta de grasas saturadas, presentes en multitud de aceites y alimentos que no deberían superar el 10% del aporte energético diario, según la OMS.

En términos de sostenibilidad, la apuesta y defensa sería en pro de los aceites certificados como sostenibles, que ayudan a preservar la biodiversidad en los países productores. En este sentido, el aceite de palma es una de las materias primas más avanzadas, ya que el 74% del aceite de palma que importa Europa para alimentación está certificado como sostenible.

La normativa en la Unión Europea

La legislación comunitaria dispone de un marco que salvaguarda los intereses del consumidor y de los operadores económicos. Se trata del Reglamento número 1169/2011, y en concreto en su artículo 7, que regula las prácticas informativas leales. A pesar de existir este contexto, siguen proliferando las etiquetas “sin aditivos” o “sin conservantes”, incluso cuando el producto en cuestión no necesita esta precisión.

En definitiva, la clave para proteger al consumidor está en informarle, pero la saturación informativa a la que se expone al visitante de un supermercado es tan elevada que a veces se siente confuso ante tanto reclamo. ¿Es mejor un producto “sin gluten”? ¿Para qué sirve un conservante? ¿Es más seguro un alimento si pone “sin conservantes” en su envoltorio? Cada persona tiene unas necesidades específicas y lo que es bueno o saludable para un individuo puede no serlo para otro. Vigilemos las informaciones que van dirigidas a los consumidores.

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