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CIUDAD DEL VINO

Crónica gastronómica. Protagonista, la bebida

Crónica gastronómica. Protagonista, la bebida
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(Foto: Ciudad del vino.)
jueves 21 de mayo de 2020, 19:05h

Precisamente ahora, y a pesar de la situación tan terrible que estamos viviendo a causa de la pandemia, podemos encontrar en el confinamiento una buena ocasión para disfrutar de la gastronomía y buscar las armonías donde la protagonista sea la bebida.

Por ejemplo, si queremos disfrutar de un buen vino, una vez hayamos elegido el que más nos gusta, tratemos de encontrar el complemento ideal para disfrutar con ese vino.

En todo caso, me gustaría dejar claro que siempre se debe beber con moderación y nunca hacerlo con el estómago vacío. Fue Alfonso X el Sabio el primero en recomendar que no debemos consumir ni servir ebidas alcohólicas si no van acompañadas de comida. Ese es, justamente, el origen de las tapas, los pinchos y los aperitivos.

En esta ocasión voy a mostrar lo sencillo que es adentrarse en el mundo de las armonías, con ejemplos de las catas que he ido haciendo. Y para ello, he elegido dos bebidas totalmente contrapuestas: el vino, con el que todo el mundo está habituado a beber comiendo y los cócteles, que no suelen relacionarse con la comida.

Vinos

No cabe duda de que el vino ha sido el protagonista absoluto, durante casi dos siglos, en el tema de las armonías con bebidas. Sin embargo las antiguas normas, como la de que el pescado tiene que tomarse con vino blanco y la carne con tinto, ya han pasado a la historia.

En cualquier caso, quisiera poner de relieve cómo algunas empresas han tratado de diversificar su oferta, disponiendo de un vino adecuado para cada ocasión, para cada momento, para cada comida y, también, para cada compañía.

Una de ellas es Herederos de Marqués de Riscal que es, en estos momentos, una de las empresas españolas con más presencia a nivel internacional y que exporta a más de 100 países.

He querido probar sus diferentes vinos y comprobar que, efectivamente, se puede encontrar una comida ideal para cada uno de ellos, por muy diferentes que sean.

Así, para los aperitivos creo que va muy bien un Vinos txacolí, su última creación vinícola, y como acompañamiento de los platos con huevo, o de las croquetas, un Marqués de Riscal Reserva.

Si hablamos de verduras, el Riscal Rosado Viñas Viejas puede ser una buena propuesta. En el caso de las ensaladas, un blanco verdejo.

Con la carne guisada o los cocidos va bien un Riscal Gran Reserva y si se cocina a la parrilla, mejor un Chirel tinto.

Para los pescados, ya sean a la plancha, al horno o fritos, el Barón de Chirel blanco ofrece un buen acompañamiento; y para los mariscos un Blanco Organic.

Cócteles

Ya que estamos en casa podemos aprovechar para explorar el maravilloso mundo de los cócteles. Y es que tomar un cóctel de vez en cuando, aunque tenga un poco de alcohol destilado no es, en absoluto, perjudicial para la salud, más aún si se acompaña de algún alimento.

Salvo, por supuesto, en los casos en los que esté contraindicado. Pero incluso en estos casos existen alternativas sin alcohol que pueden ser igual de interesantes.

Para mí lo fundamental es encontrar la pareja ideal para cada uno. No se puede comer lo mismo con un dry Martini que con un pisco sour, ni con una piña colada que con un bloody Mary.

En contacto con Diageo, que distribuye en España la mayoría de los destilados, yo he seleccionado algunos de mis cócteles favoritos para proponer cuál sería mi armonía ideal. La vuestra será, por supuesto, la que más os guste, pues cada cual tiene sus propias preferencias.

Por ejemplo, para combinar con un dry Martini creo que es ideal un canapé de caviar, de salmón ahumado o de anchoas.

Un pisco sour combina muy bien con un salpicón de marisco o cualquier plato que incluya cítricos.

Para degustar un Bellini yo elegiría una ensalada de frutas que tenga melocotón.

Para una sangría una gilda, unas aceitunas rellenas de anchoas, o unas patatas fritas.

Y con un negroni, la cecina resulta muy apropiada.

Pero también encontramos cócteles maravillosos sin alcohol, empezando por el San Francisco.

Christophe, en su restaurante La Bomba, convirtió un cóctel como el bloody Mary en un entrante tipo gazpacho. Luego el cliente podía añadir, o no, el vodka. Y también servía la piña colada como postre y el cliente podía añadir, si quería, ron.

Por tanto, el mundo de los cócteles ofrece una posibilidad infinita de armonías de productos y de bebidas y, por ello, podríamos decir que los banterders son “cocineros de los cócteles”.

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