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ÓPERA

Éxito rotundo de "Un ballo in maschera", de Verdi, en la inauguración de la vigésimocuarta temporada del Teatro Real

Éxito rotundo de 'Un ballo in maschera', de Verdi, en la inauguración de la vigésimocuarta temporada del Teatro Real
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(Foto: Javier del Real / Teatro Real )
sábado 19 de septiembre de 2020, 17:02h
Con la asistencia de SS.MM. los Reyes, las presidentas del Senado y del Congreso, y la vicepresidenta primera del Gobierno, el Teatro Real inauguró ayer nueva temporada en pleno rebrote de la pandemia por el Coronavirus y con importantes medias de seguridad sanitaria, que no impidieron que el público madrileño cayera rendido ante la brillante ejecución de los artistas principales.

Antes de la representación, el Nobel de Literatura 2010, Mario Vargas Llosa, hizo una breve disertación sobre los conceptos “Arte y Artista”, acercando su visión de los mismos a los asistentes al estreno.

Hay que calificar de brillante la opción del Teatro Real en este inicio de temporada, con una de las obras más famosas del repertorio operístico mundial, pues es posible que, después de “La Traviata” sea ésta la ópera verdiana con más “hits” asentados en la memoria colectiva, como su “E’ scherzo od è follia siffatta profezia”, aria de Riccardo, la encantadora aria de Oscar “Saper vorreste”, el fiel paje de Riccardo, gobernador de Boston, el famoso dueto de Riccardo y Amelia “Teco io sto”, o el tragicómico concertante del II Acto, donde los violentos sentimientos de Renato hacia Amelia, cuyo idilio con Riccardo, su mejor amigo, acaba de descubrir, se entremezclan con las mofas que los conspiradores contra Riccardo hacen del traicionado Renato. Así, como indica el conocido aforismo, según el cual “no hay entierro sin risa ni boda sin llanto”, en esta magistral ópera de Verdi, el clásico trío amoroso, y la tragedia que el mismo conlleva conviven perfectamente con estudiadas pinceladas de humor, humor que alivia al espectador y, al mismo tiempo, hace que la tragedia de la ópera cobre más fuerza.

Es importante detenerse un momento en el retrato psicológico que Verdi hace de los personajes. Riccardo, cuyo destino ha estado guiado por Marte -según palabras de la propia hechicera Ulrica-, que ha robado y asesinado -desmanes pasados que han ido alimentando una conspiración en su contra-, parece purificarse y redimirse gracias al limpio amor que siente por Amalia. En claro contraste, Renato, su mejor amigo, hombre de fieles e inquebrantables sentimientos (de amistad hacia Riccardo, de amor hacia Amelia) es transformado por los celos en su contrario, como si pasara al otro lado de un espejo, y será finalmente el ejecutor de Riccardo, como Ulrica le había vaticinado en una de las escenas mejor concebidas teatralmente por Verdi, ambientada en la santería y brillantemente ejecutada en esta producción por el director de escena Gianmaria Aliverta, con una original intervención de los bailarines –ataviados con una máscara que reproduce su rostro- de la mano de la coreógrafa Silvia Giordano.

En esta producción del Teatro La Fenice de Venecia -adaptada para ajustarla al protocolo sanitario del Teatro Real- y bajo la dirección musical del maestro italiano Nicola Luissoti, la ejecución vocal corrió, en la première del viernes, a cargo de la italiana Anna Pirozzi en el papel de Amelia (una de las cuatro Amelia contratadas en esta producción), el estadounidense Michael Fabiano como Riccardo, el polaco Artur Rucinski como Renato, la mezzosoprano italiana Daniela Barcellona como Ulrica y la soprano ligera Elena Sancho Pereg como el paje Óscar.

Si bien todas las interpretaciones tuvieron una alta calidad, es necesario subrayar el trabajo de Pirozzi, soprano spinto dotada de una voz carnosa y perfectos y aterciopelados agudos. En su interpretación del aria “Morrò, ma prima in grazia”, donde pide a Renato el favor de poder abrazar a su hijo antes de morir, esta soprano consiguió arrancar un fervoroso y sostenido aplauso del público. A su lado, Michel Fabiano, tenor lírico spinto (más lírico que spinto, pero dotado de buenos graves) convenció sobre todo, por su ejecución vocal –y por su dicción - que estuvo muy por encima de su credibilidad dramática. Con todo, quizás fue el barítono Artur Rinski quien más ovaciones arrancó del público asistente.

En definitiva, un estreno, el del viernes, que podría convertirse en un clásico. El tiempo se encargará de decirlo.

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