www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Ensayo

Haruki Murakami: Música, sólo música

domingo 22 de noviembre de 2020, 18:13h
Haruki Murakami: Música, sólo música

Traducción de Yoko Ogihara y Fernando Cordobés. Tusquets. Barcelona, 2020. 336 páginas. 19,90 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por José Pazó Espinosa

Que a Haruki Murakami le gusta el jazz, los Beatles y el blues es algo de sobra conocido por cualquier lector suyo. Que le gusta madrugar también lo ha contado en más una ocasión, así como su costumbre de escribir durante esas horas de silencio en las que se para el mundo, para después salir a practicar su otra gran afición, correr, a la que ya ha dedicado el libro De qué hablo cuando hablo de correr, también editado por Tusquets. Murakami, como un pájaro curioso que hace su nido con la forma del mundo que va descubriendo en sus vuelos, sigue construyendo su obra como un mapa de sí mismo. Y en ese mapa tienen un lugar importante las entrevistas que le hacen y que él hace. En una de las primeras, desveló hace ya muchos años que descubrió que quería ser novelista al escuchar el ruido de un bateador al golpear la bola en un partido de baseball entre dos equipos japoneses. En el libro que nos ocupa, Música, sólo música, es él el que lleva a cabo la entrevista a Seiji Ozawa, el gran director de orquesta nipón, una de las estrellas de la música sinfónica de la generación posterior a Von Karajan y a Berstein. En ella nos desvela su pasión por la música clásica, una pasión tranquila, metódica y con un sello obsesivo y ligero a la vez, en el más puro estilo del eterno candidato a un Nobel etéreo.

A través de este libro-entrevista, el lector tiene la impresión de que la vida interior de Murakami se parece a la de los aborígenes australianos descritos por Bruce Chatwin en Los trazos de la canción, para los que el mundo es una canción y esa canción es el mundo. Porque en Murakami la ficción mezcla la vida con la muerte, lo existente con lo inexistente, y lo personal con lo nouménico. En cierta manera, tras leer este libro se tiene la impresión de que la música es para el escritor un ámbito más real que el mundo, o al menos uno en el que ha pasado más tiempo y posiblemente más a gusto. Que, en cierta manera, ha vivido en cuevas y casas de paredes musicales, más que en espacios con ventanas abiertas a los ruidos mundanos. En cierta manera, este libro, como toda la obra de Murakami, invoca al silencio, aunque en este caso se dé la paradoja de que lo haga desde el corazón de la música.

La obra está dividida en seis conversaciones, cuatro interludios intercalados a la manera musical, y una introducción de Murakami y un epílogo de Ozawa. Parte de las conversaciones giran alrededor del concierto para piano y orquesta nº 3 de Beethoven, la primera sinfonía de Brahms, la 1ª, la 3ª y la 7ª sinfonías de Mahler, varias óperas e incluso el blues de Chicago. Ozawa se revela como un hombre tímido, humilde, humano y nada dado al narcisismo o la pontificación. Las opiniones Murakami son, en muchas ocasiones, más tajantes que las del propio director. El libro se lee como una guía curiosa y variada, de las obras anteriores y de sus interpretaciones por Bernstein (de quien Ozawa fue discípulo tras Saito Kinen, su querido maestro que le inspiró la creación de una orquesta estacional), Von Karajan, Eugen Ormandy, Carlos Kleiber, Claudio Abbado y otros. No en vano, los editores japoneses venden este libro con un pack de cedés que permite seguir las interpretaciones mencionadas en el libro, algo grato, divertido y, como no podía ser menos viniendo de Japón, formativo. Los editores españoles no han optado por esta opción.

Se incluyen opiniones sobre la literatura y la escritura muy propias de Murakami, asuntos que abordó en De qué hablo cuando hablo de escribir. Sin duda, esta obra forma parte de su poética personal, y lo hace de esa manera mitad racional mitad irracional tan querida por este autor de pequeñas iluminaciones. Acabaré con una cita suya: “Nadie me ha enseñado a escribir y tampoco he estudiado nada concreto al respecto. He aprendido a hacerlo gracias a la música, y por eso lo más importante para mí es el ritmo, como en la música, ¿no le parece? Unas frases sin ritmo no las leerá nadie. No sé cómo explicarlo”. Pero ahí queda dicho.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (5)    No(0)

+

0 comentarios