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ÓPERA

Don Giovanni, de Mozart, entusiasma al público del Teatro Real

Don Giovanni, de Mozart, entusiasma al público del Teatro Real
(Foto: Javier del Real (Teatro Real))
sábado 19 de diciembre de 2020, 18:48h
Pese a las nuevas medidas de seguridad implantadas por el Teatro Real, el público madrileño pudo disfrutar el viernes de la música de Mozart y aplaudir, entusiasmado, al equipo de artistas de Don Giovanni, que llega a Madrid con una producción de la Staatsoper de Berlín, procedente del Festival de Salzburgo y cuya dirección musical en España corre a cargo de Ivor Bolton.

Don Giovanni, con libreto de Lorenzo da Ponte, se estrenó en el Teatro Nacional de Praga el 29 de octubre de 1787, mientras que, en Madrid, en el Teatro Real, no lo hizo hasta pasado casi un siglo, en 1864. La ópera se basa en el arquetipo de don Juan, concretamente en su antecedente inmediato, el Don Giovanni Tenorio de Giuseppe Gazzaniga, con libreto de Giovanni Bertati, que se había estrenado en Venecia en 1787, ópera poco representada -tan solo tres veces, incluida la del estreno-.

Se ha querido situar el origen del arquetipo -o mito- de don Juan en la Europa medieval, si bien el historiador y arabista conquense González Palencia (1889 – 1949) señaló que hay antecedentes de esta leyenda en romances de Castilla y León. Sea como fuere, su primera plasmación literaria la tuvo en El burlador de Sevilla y convidado de piedra (1630), de Tirso de Molina, si bien el mismo Cervantes retrató a un personaje parecido hacia 1615 en El rufián dichoso, aunque hay otros ejemplos. El personaje fue ganando popularidad y sufriendo adaptaciones; así, en el siglo XIX, José Zorrilla reelaboró al personaje adaptándolo a los presupuestos del ideario del movimiento romántico: rebeldía, amor por la libertad, atención a lo sobrenatural…, elementos que estaban ya en las obras anteriores, pero con la novedad, en el libro de Zorrilla, de que Don Juan no es muerto por el espectro del El Comendador (de Calatrava).

Mozart compuso Don Giovanni tan solo un año después de las Bodas (Le nozze di Figaro), sin duda su mejor ópera. Ambas comparten elementos (enredos, infidelidad, cambios de identidad…, incluso el personaje del seductor sin escrúpulos, que en las Bodas encarna el Conde de Almaviva). Sin embargo, en puridad, hay que reconocer que Don Giovanni es bastante inferior a su predecesora: pese a que su duración es algo más corta, tiene muchos espacios vacíos y llega a hacerse algo pesada. En cambio, todo en Las Bodas parece mejor estructurado; también el argumento de Las Bodas es más creíble.

Conviene detenerse en la verosimilitud del argumento de Don Giovanni y ponerlo en relación con la escena. Don Giovanni es lo que hoy se conocería como un depredador sexual, que, además, resulta irresistible para el sexo femenino. Sabe engatusar a las mujeres, incluso cuando, como Doña Elvira, ya han sido víctimas antes de sus engaños. No hay fémina que se le resista, ni siquiera la pobre Zerlina, la campesina que cae rendida a sus pies y no duda en ser infiel a Masetto el mismo día de la boda de ambos. El retrato que Mozart hace de esta capacidad de conquista de Don Giovanni es jocoso y estereotipado (de hecho, el libreto de Da Ponte recibió la calificación en la época de “dramma giocoso”), pero, hoy, el argumento de Don Giovanni resulta políticamente incorrecto, porque presenta a las mujeres como tontas de remate. Si, encima, la escena se ambienta en la época contemporánea, la cosa no queda muy bien. En opinión de este diario, no siempre hay que adaptar la escena al mundo actual. La omisión de este recurso -al que parecen recurrir mecánicamente todos los directores de escena- habría sido más coherente con el argumento de Don Giovanni. Con la ambientación contemporánea el argumento, estereotipado de por sí, no se sostiene con los valores actuales.

Volviendo a esos espacios vacíos a los que antes se hacía referencia y que constituyen un punto negativo de la ópera, hay que reconocer que pueden llegar a pasar casi desapercibidos cuando la actuación del artista que encarna a Leporello es extraordinaria. El criado de Don Giovanni es el engranaje, la cola de pegar del argumento de esta obra. En opinión de quien escribe, es el personaje verdaderamente esencial de Don Giovanni, el que le da comicidad y color, y el único que consigue mitigar lo que, en realidad, no es sino una sucesión de hechos trágicos o delictivos: engaño amoroso con fines sexuales, asesinato, estupro… El aria estrella de Leporello es “Mandamina...”. En ella el personaje va relatando, a una desconsolada Doña Elvira, todas las conquistas de su amo, y, abundando en el detalle, le cuenta que, en España, “la lista” ya llega a mil tres (“…ma in Ispagna son già mille e tre!”). Interpretaciones memorables como, por ejemplo, la del barítono-bajo Otto Edelmann junto a Cesare Siepi como Don Giovanni, Schwarzkopf como Doña Elvira y Grümmer como Doña Anna, junto con la Orquesta Filarmónica de Viena, en el Festival de Salzburgo de 1954 -versión clásica y extraordinaria-, han hecho las delicias de este personaje.

En esta producción el papel de Leporello corre a cargo Erwin Schrott. Este barítono también interpretó al charlatán doctor Dulcamara en L’Elisir d’amore de Donizetti en 2019, en el Teatro Real. Schrott, dotado de una gran capacidad para la escena, “borda”, interpretativamente, este tipo de roles bufos, por lo que cumplió con creces el principal cometido de su papel, en el sentido antes apuntado.

El rol de Don Giovanni lo interpreta Christopher Maltman. Este barítono inglés, especializado en roles verdianos, también ha sido Don Giovanni en el Teatro del Liceo. En el Teatro Real participó en Das Liebesverbot¸ de Wagner, en 2016 y en un recital junto a Anna Netrebko y Yusif Eyvazov en 2019.

En el rol de Doña Elvira canta la soprano alemana Annet Fritsch. Esta soprano lírica ha cantado numerosos papeles mozartianos, como Pamina, de la Flauta Mágica o la condesa de Las Bodas de Fígaro. En el Teatro Real participó en Cosí fan tutte en 2013, como Fiordiligi.

Brenda Rae es Doña Anna en esta producción. Esta soprano lírico-ligera estadounidense ha sido, entre otros personajes, Violetta en La Traviata, de Verdi, o Lucia di Lammermoor, de Donizetti. Su aria “Non mi dir, bell’idol mio” fue aplaudida y ovacionada en la première del viernes.

Con todo, uno de los pasajes más “redondos”, estéticamente hablando, de esta producción es el famoso dúo, protagonizado por Maltman, y Luise Alder como Zerlina: “Là ci darem la mano”. La interpretación de Alder fue, sencillamente deliciosa. La presentación escénica, a cargo de Claus Guth, es perfecta: Zerlina, vestida con un traje corto de novia, se columpia a la luz de la luna en un bosque de eucaliptos -la luz se concentra en ella-, mientras canta a Don Giovanni que cree que se va a arrojar a sus brazos, que no se ve fuerte como para resistir…: el momento conseguido por Guth es íntimo -al menos en lo que a Zerlina se refiere- y trasciende el mero acto del cortejo.

Don Giovanni se interpretará en el Teatro Real hasta el próximo 10 de enero. En total, están previstas quince representaciones.

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