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Novela

Vasili Peskov: Los viejos creyentes

domingo 11 de abril de 2021, 21:26h
Vasili Peskov: Los viejos creyentes

Traducción de Marta Sánchez-Nieves. Impedimenta. Madrid, 2020. 264 páginas. 20,50 €.

Por Francisco Estévez

La editorial Impedimenta lleva tiempo asegurando prestigio con las novedades del genial Mircea Cărtărescu, la recopilación de textos ya sin circulación o no traducidos al español del simpar Stanislaw Lem (véase, por ejemplo, la disección del festín literario que planteamos a la publicación de Máscara), las traducciones del novelista de T. C. Boyle, (aquí atendimos Los Terranautas) junto a la publicación de alguna interesante voz nacional como la de Jon Bilbao y alguna sugestiva antología como la de relatos de terror de autoras de fines del XVIII y principios del XIX: Reinas del Abismo Cuentos fantasmales de las maestras de lo inquietante.

Tan buena labor se corrobora con esta primera traducción al español y directa desde el ruso del periodista Vasili Peskov (1930-2013), conocido por ser un incombustible ecologista y gran divulgador a través de su cámara de fotos o su pluma. Uno de sus escritos más celebres es Los viejos creyentes. Perdidos en la taiga (1990), historia cuya fuente son los distintos artículos redactados para el periódico Pravda por Peskov sobre la noticia del descubrimiento del total autoaislamiento de la familia Lykov de cualquier contacto humano durante 42 años en las profundidades desiertas de Siberia ante la amenaza del comunismo.

Durante el siglo XVII, la persecución comenzada en el siglo XVII por Pedro el Grande de Rusia de los “viejos creyentes” -sección escindida de los cristianos ortodoxos- se avivó y culminó con la llegada de los comunistas al poder principiando el siglo XX expulsando, cuando no matando, a sus últimos seguidores. De tal modo, la persecución de cierto fundamentalismo religioso volvió anacoreta a la familia Lykov quien se aisló en los años 30 del siglo XX en la tupida taiga siberiana de tal modo que, excluida de todo contacto social, no conocerá, entre muchas otras cosas: la sal, la electricidad, el pan, la radio, ¡la Segunda Guerra Mundial! Pero, con todo, demostró también la capacidad de supervivencia del ser humano ante uno de los entornos más hostiles de la Tierra.

Y, de tal modo es como cinco personas vivieron en dos chozas y un huerto en un rincón abandonado de la taiga rusa continuando los atavismos y el modo de vida de los “viejos creyentes”, lo que equivale a decir una vida diaria en extremo básica compuesta de la continua oración, la lectura constante de los libros litúrgicos junto a la lucha descarnada por subsistir en las condiciones más primitivas que imaginarse puedan.

En este relato conoceremos la dramática historia del anciano Karp Ósipovich Lykov, Savin, Natalia, Dimitri y la deslumbrante Agafia, de su contacto con el mundo moderno, de las dificultades de integración y de la propia reflexión sobre tan dura vivencia sostenida durante tanto tiempo. El presente texto ciertamente “hunde sus raíces en un drama nacional de tres siglos de antigüedad llamado cisma” pero es ante todo el “secreto combate cuerpo a cuerpo con la naturaleza por sobrevivir” durante treinta y cinco años. Pero también narra el modo de constatar las paradojas y contradicciones humanas, en este caso por ejemplo la condición pecaminosa de la patata, introducida por Pedro I, según los Lykosvky pero finalmente alimento principal de la familia.

Más allá presenta poderosas reflexiones sobre nuestra sociedad actual la idea de unos niños que solo tienen noción del mundo a través de los relatos de sus padres junto a la superstición y el fanatismo en un mundo cerrado de dos pequeñas chozas y su huerto. Siendo otras nuestras supersticiones y fanatismos que surgen hoy día en el mundo hiperconectado e hiperemocional, resultan innegables las fuertes correspondencias que establecen. Para esto sirve la literatura, el sarpullido de la vida podríamos decir a tenor de la presente historia narrada en primera persona, para sugerir preguntas afiladas. La personalidad fascinante de Vasili Peskov estará siempre ligada a su mirada sencilla pero acuciante, o lo que es lo mismo, desprovista de afeites y otros maquillajes ideológicos tan perseverantes hoy, con que observó la naturaleza y que tiene trasvase en la prosa directa, viva e impactante de Los viejos creyentes.

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