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Novela

Kazuo Ishiguro: Klara y el sol

domingo 09 de mayo de 2021, 18:45h
Kazuo Ishiguro: Klara y el sol
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Traducción de Mauricio Bach. Anagrama. Barcelona, 2021.384 páginas. 20,90 €. Libro electrónico: 14,99 €. La primera novela que publica el autor japonés tras recibir el Premio Nobel nos ofrece una inquietante historia de ciencia ficción -está narrada por una sofisticada androide-, en la que este género revela en manos de Ishiguro su potencia para hablarnos de la realidad. Por José Pazó Espinosa

Klara es una amiga artificial, una androide de segunda generación, a la venta en una tienda. Se trata de seres diseñados para servir de compañía a humanos que viven en un mundo en el que los padres mejoran a sus hijos genéticamente con la esperanza de que la mejora les permita alcanzar una vida superior. Klara es una androide especial: algo anticuada, superada por los B3, muestra sin embargo signos de una particular sensibilidad e inteligencia emocional. Extremadamente observadora, registra lo que ve con una lengua ligeramente abstracta, distante, con ecos técnicos. Desde su posición en el escaparate, observa el mundo y ve a una pareja fundirse en un abrazo, Mujer Taza de Café y Hombre de la Gabardina, y lo interpreta como un acto de amor verdadero.

También ve morir a Mendigo y su perro, y luego los ve resucitar por el sol. Klara es ella misma un ser solar, necesita de su energía para vivir, y su comprensión del mundo tiene mucho que ver con este hecho. Ve también la máquina Cootings, una máquina de polución capaz de acabar poco a poco con la vida porque su humo oculta la luz del sol. Por eso sus sensores, sus ojos, su piel, siguen el sol, lo ven moverse, aparecer y desaparecer, por los espacios de la tienda, por las calles, sobre los cuerpos de la gente que observa.

Un día, una niña entra con su madre en la tienda. La niña se siente atraída por Klara y se la quiere llevar. Su madre acepta cuando comprueba que Klara es capaz de caminar como su hija. Así, en este mundo distópico, nace la nueva novela de Kazuo Ishiguro, ese japonés de nacimiento (Nagasaki en 1954), pero educado en Inglaterra desde los seis años. Como un Joseph Conrad moderno, Ishiguro hizo suya la cultura británica y desde su primera novela Pálida luz en las colinas, no ha dejado de producir una novela cada cuatro o cinco años, un ritmo pausado, pero que ha tenido como resultado una carrera enormemente exitosa, que tuvo una de sus cimas en el año 2017 con la consecución del Premio Nobel de Literatura.

Ishiguro, en sus últimas novelas, tiende a la ciencia ficción, y en general a la distopía, al mundo o la sociedad ficticia, problemática e indeseable en sí. Klara y el sol es, en cierta manera, una continuación de Nunca me abandones, novela que trataba el tema de la clonación. Klara y el sol se centra más en el de la Inteligencia Artificial: ¿es un androide capaz de sentir? ¿Cómo se crean sus recuerdos? ¿Cuál es la relación entre sus sensaciones y sus sentimientos? ¿Pueden los androides ayudar al ser humano o son intrínsecamente destructivos de la humanidad, por lo que tienen de sustitución de esta? Ishiguro no se hace estas preguntas de forma directa, sino que las toma y retoma, las acaricia sin llegar casi nunca a una conclusión clara. El mundo está ahí, los riesgos existen, y hay solución, nos dice Ishiguro, aunque no tal y como la esperábamos.

Pero volvamos a la historia. Klara es acogida por Jossie y su madre. En este mundo de niños mejorados genéticamente y de androides, las familias que aparecen en el relato son monoparentales, compuestas por una madre y su descendiente. Los padres existen, pero están lejos, completa o intermitentemente ausentes, y son extraños rebeldes tecnológicos recluidos en campos lejanos o partidarios del nuevo orden. Las madres son a su vez inseguras, dubitativas, seres que cargan con una soledad llena de fragilidad que solo sus hijos alivian. Hay también universidades abiertas a unos elegidos, a las que intentar acceder para tener una vida mejor, pero la naturaleza, las cascadas y los insectos siguen su curso, ajenos en cierta manera al universo humano.

Pronto Klara se da cuenta de que Jossie está enferma, y de que ella es parte de un plan para intentar resolver el problema de Jossie, y sobre todo de su madre. Y ahí es cuando llegamos, como lectores, un tanto desconcertados por la larga introducción y por la descripción de detalles aparentemente banales, a las preguntas que Ishiguro se hace, a los temas que rodea: ¿En qué consiste el ser? ¿Hay algo más aparte de carcasa y fluidos? ¿Puede un androide suplantar a un ser humano? ¿Puede querer sacrificarse por él? Las respuestas no son nada claras. En el universo de Ishiguro, menos oscuro sin embargo que el de su novela de 2015 El gigante enterrado, la mente se ofusca, pero las soluciones se encuentran, aparecen por ellas mismas, de la mano del sol. El libro es, en este sentido, una alegoría de la ambición, de la tecnología, del amor, de lo inevitable del destino, y también de la sanación.

Un personaje, el padre de Jossie, es quizá quien mejor ejemplifica esta ambigüedad que todos mantenemos frente a la tecnología, a la Inteligencia Artificial, al mundo de familias uniparentales e hijos mejorados. Paul odia la I.A., es activista contra ella, y a la vez en secreto la admira. La rechaza, pero a la vez la tolera. Se da cuenta de algo que todos sabemos, que un recuerdo es siempre un acto de inteligencia artificial y que un sentimiento, grabado en la piedra, siempre tendrá una gota de agua que a fuerza de caer sobre la inscripción la deshaga. De que nada hay permanente excepto nuestros miedos y nuestros anhelos.

Ishiguro cuenta esto usando la voz de Klara como narradora, desde el yo. Aunque muy diferente en el tono, su recurso narrativo recuerda al de Eduardo Mendoza en Sin noticias de Gurb. Ishiguro se aleja en cambio del humor y del costumbrismo, y nos sumerge en un mundo estilizado y esterilizado, casi abstracto. Las primeras cien páginas son de entrada en escena, y a veces se tiene la sensación de que podían haber sido muchas menos. En otros momentos, se percibe el deseo de que la novela sea película, no se sabe bien si por voluntad del autor o por naturaleza de su estilo. Pero, en definitiva, Klara y el sol es una novela muy interesante, inquietante en nuestra época y extrañamente adecuada para estos recientes tiempos de pandemia. Y, además, es una parábola casi religiosa, aunque esa dimensión se solucione con un panteísmo tecnológico de sabor japonés.

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