Informaciones pintan como cínico a uno de los personajes más relevantes del balompié mundial.
La actualidad de la Superliga pasa por representar un proyecto en barbecho. No se han registrado más movimientos por parte de los clubes fundadores ni de aquellos que siguen trabajando para impulsar la revolucionaria competición. El foco ha quedado colocado, más bien, en las consecuencias que a estos equipos se les pueden venir encima. Con los portavoces de la UEFA ejerciendo de maestros de ceremonias de este nuevo escenario.
A las continuadas amenazas lanzadas por Aleksander Ceferin, presidente del organismo continental, se ha unido la opinión de Evelina Christillin. Esta miembro del Consejo de la UEFA -y también de la FIFA- compareció la pasada semana ante los micrófonos de 'Radio Anch'io' con el fin de subrayar la actitud de la asociación europea. Que días atrás activó una investigación contra Real Madrid, Juventus y Barcelona al no retractarse estas entidades de su intención de generar un torneo alternativo a la Liga de Campeones.
"Mi opinión no cambia. Formo parte de la UEFA y estoy convencida de lo que muchos han repetido: hay un sistema deportivo y si uno está fuera de este, no puede participar en las competiciones que se disputan bajo su marco", avanzó, antes de avisar que la sanción será estudiada por "órganos legales y jurídicos". Ahondando en la actitud que ha tomado el organismo gestor del fútbol del Viejo Continente como respuesta al desafío.
En paralelo, el Juzgado de lo Mercantil número 17 de Madrid ha pedido al Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) que se pronuncie sobre una posible situación de monopolio en favor de la FIFA y la UEFA. Este tribunal, que estableció medidas cautelares para frenar las maniobras contrarias a la puesta en marcha de la Superliga, considera necesario que el TJUE analice si estos órganos futbolísticos disfrutan de un abuso de posición dominante al fijar en sus normativas que cualquier nuevo torneo debe pasar por su aprobación.
El auto del magistrado compiló seis preguntas, adheridas al Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, con el objeto de determinar si este texto prohíbe a los mencionados organismos atribuirse la exclusividad de la organización de campeonatos internacionales en territorio europeo. Y, también, si gozan de la legitimidad única para imponer sanciones a los clubes y futbolistas que participen en la Superliga.
Con esta pelota lanzada al tejado de la UE se ha detonado un bombazo que excede los límites de Bruselas. Para comprender el contexto de esta información atronadora cabe recordar las palabras que Javier Tebas pronunció a finales de enero de 2021. En aquella época, antes del advenimiento de la Superliga, el dirigente de LaLiga declaró lo siguiente: "Creo que (Gianni) Infantino debe aclarar su posición porque efectivamente ha estado en reuniones, ha ido trabajando y dando ánimos a que la hagan (la nueva competición)".
"En la documentación que tenemos de la Superliga aparece una mención con unas letras 'W01' que se refieren claramente al señor Infantino. Creo que debe aclarar urgentemente cuál es su posición y decir por qué acudió a algunas reuniones y por qué animó el proyecto en algunos momentos (...) Si él públicamente dice que descarta esta posibilidad para siempre, pues empezaremos a creerlo. Yo, por lo menos, ahora tengo mis dudas".
Pues bien, con esto presente se regresa a este jueves, 20 de mayo, para atender a la publicación efectuada por el diario 'New York Times'. El diario estadounidense, que ha atinado en varias de sus exclusivas sobre este asunto, acusa a Infantino de criticar en público al novedoso torneo mientras alentaba su creación en un diálogo desarrollado durante meses con los fundadores.
Los documentos alcanzados apuntan, según el periódico, a un requisito nuclear en el escrito fundacional de la Superliga. Una condición a la que se le puso un nombre en clave para salvaguardar el secreto. Ese concepto cifrado no es otro que 'W01'. Es decir, la FIFA. Para que saliera adelante el proyecto debían contar con el respaldo del organismo mundial. Esto resultaba "una condición esencial para la implementación del proyecto SL", se expone. Y para llegar a esa orilla, el dirigente suizo se reunió con más de media docena de directivos del balompié continental. Él y miembros de su equipo hablaron largo y tendido sobre el apoyo de la FIFA a la competencia en charlas que se extendieron hasta enero de este año.
El relato prosigue desvelando la tensión creciente que se ha generado entre Infantino y Ceferin en relación con este tema. Sobre la mesa flotaban miles de millones de euros en ingresos y las reuniones habrían arrancado en 2019, cuando, según se narra, Mattias Grafstrom -subsecretario general de la FIFA- dialogó con trabajadores del llamado grupo 'A22', conformado por asesores que se vaciaron en la construcción de la Superliga. Al parecer, el organismo propuso como contraprestación a su apoyo el ingreso de alguno de los grandes equipos al Mundial de Clubes que vienen impulsando Infantino.
En 2018, sigue la exposición, la FIFA advirtió a los conjuntos implicados que los jugadores podrían ser expulsados de sus selecciones nacionales y del Mundial si no competían en una liga autorizada. Mas, a mediados de 2020 los asesores confirmaron que "la FIFA estaba de acuerdo". Se había cimentado el paisaje idílico para eludir una guerra judicial larga y cara, aliñada por un rosario de penalizaciones y sanciones, con la UEFA. Y el reclamo de tener a Infantino de su lado habría convencido a algunos de los clubes aristocráticos de Europa.
La reconstrucción profundiza alegando que directivos de algunos equipos decidieron hacer su comprobación particular, saltándose a los asesores del 'A22'. Querían comprobar si la FIFA apoyaba el proyecto, así que hablaron directamente con funcionarios del organismo mencionado. Y éstos les recalcaron la misma información que escuchaban de los emisario de la Superliga: Infantino "no se opondría". Ahondando en la confianza de un torneo que ató la financiación por parte del banco de inversión JP Morgan.
El problema es que en enero de 2021 se escaparon detalles de la inminente creación del campeonato. Cuando lo supo, Ceferin convocó de urgencia una reunión con Infantino en la sede de la UEFA, en la localidad suiza de Nyon. En esa charla Infantino negó que respaldara el proyecto y, al tiempo, se negó a pronunciarse en contra de la Superliga. Pero la presión le pudo y en día 21 de aquel mes emitió un comunicado en el que proclamó que no reconocería una liga "cerrada". Dejando fuera de juego a los fundadores del revolucionario proyecto. Que habían desarrollado una relación fluida con la FIFA hasta entonces. Mas, según uno de los directivos implicados, "informaron que la FIFA todavía estaba abierta a algo".
La hoja de ruta desnudada, según el New York Times, pasaba por ligar la Superliga al Mundial de Clubes de la FIFA. Debían comprometer la participación de hasta doce clubes europeos potentes en la cita mundialista de Infantino. Y se añade que idearon una suerte de pago solidario de mil millones de dólares al organismo, en concepto de renuncia a pagos potenciales.
El punto de inflexión llegó con el anuncio oficial. Ceferin saltó llamando "serpientes y mentirosos" a los directivos de los equipos fundadores. Infantino, que declaró en un principio que era "firme a favor de la solidaridad en el fútbol y un modelo de redistribución equitativa que puede ayudar a desarrollar el fútbol como deporte, particularmente a nivel mundial", cedería públicamente a la agudizada presión. En el congreso de la UEFA, el 20 de abril, dijo esto: "Sólo podemos desaprobar enérgicamente la creación de la Superliga (...) Es una tienda cerrada. Una ruptura con las actuales instituciones, las ligas, las federaciones, la UEFA y la FIFA. Necesitan reflexionar y asumir responsabilidades". El abandono de las declaraciones vagas provocó, junto a la intervención directa de Ceferin y de Boris Johnson, la desbandada británica. Y el punto y aparte actual. Ahora le toca regatear a Infantino. Dirigente que este mismo mes se ha definido atrapado en un dilema: condenar la Superliga, mediar para que no se decreten sanciones potentes y apoyar las propuestas que revitalicen el negocio.