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Viajes

Fernando Castillo: Rapsodia italiana

lunes 21 de junio de 2021, 00:23h
Fernando Castillo: Rapsodia italiana

Introducción de Juan Bonilla. Fotografías del autor. Confluencias. Almería, 2021. 201 páginas. 15,90 €.

Por Carlos Abella

Después del delicioso libro Un cierto Tánger, su autor, Fernando Castillo, nos lleva por otro enclave del Mediterráneo, cuya predilección compartimos y que de su mano nos adentra en la imperial Roma, la marítima Nápoles y la singularidad siciliana de Palermo, tres ciudades que hablan el mismo idioma pero que simbolizan tres conceptos culturales asociados a tres grandes épocas de nuestra común civilización mediterránea y occidental.

Y al concluir su lectura y la contemplación de las muchas bellas fotografías realizadas por el propio Castillo, coincido plenamente con lo afirmado en el sugerente prólogo escrito por Juan Bonilla en el que afirma: “Lo mejor que se puede decir de un libro de viajes o de un conjunto de estampas de ciudades es que al terminar de leerlas, detestemos no tener tiempo o dinero para comprar vuelos o hacer reservas para irnos de inmediato a ver lo que leímos”.

Se aprecia en sus páginas que Castillo reparte con ecuanimidad sus preferencias por las peculiaridades de las tres ciudades, y en Roma se le percibe seducido - página 26 - por “los cipreses oscuros y los pinos retorcidos que invaden foros y plazas, compitiendo con obeliscos y columnas rodeados de vegetación y ruinas clásicas”.

De su mano, de su pluma y de su prodigiosa descripción, caminamos por el Campo de Fiori, nos sugiere donde se puede tomar la focaccia de mortadela (página 30 ) en la Panaderia Roscioli y enfilamos la Via Marguta, a la que define (página 34) como “calle recogida en la que vivió el escritor César González-Ruano durante sus años de corresponsal de ABC, aquel escritor que repartió por igual su talento y su malicia. No puedo dejar de citar la coincidencia de sus preferencias por las descripciones tomadas de películas que nos hicieron felices como Roma cittá aperta y la muy personal cita del restaurante “El Bolognese“ donde quien esto escribe cenó en su primera noche romana en su viaje de novios.

De Nápoles acierta a definirla (página 89) como “ todo lo que es se lo debe al mar, es decir al puerto y al golfo, una rada tan vieja como la propia Europa a la que no han dejado de llegar barcos desde que fenicios y focenses aprendieron a navegar por el Mediterráneo uniendo los extremos y las orillas”. Castillo halla una similitud afortunada entre la bahía de Guanabara y la de Nápoles “dominada por un imponente y ahora pacífico Vesubio que ha visto pasar todos los navíos, desde los trirremes griegos a los galeones españoles”.

Y Castillo describiendo rincones, callejuelas, pasadizos, escaleras y avenidas, nos descubre (página 97) queen el estrecho paso que lleva a Lungomare, más un puente que un pequeño istmo se encuentra Zi Teresa, el restaurante preferido de César González-Ruano, cuando en los años treinta paseaba sus ocios por la costa amalfitana”. Como ya hiciera en Un cierto Tánger, Castillo busca en Nápoles la huella de la presencia española que en la ciudad napolitana “para el viajero se encuentra en la populosa Via Toledo, la frontera entre el Barrio Español, el Quartieri Spagnoli, y la ciudad vieja, el centro histórico y monumental, formado por un laberinto de calles estrechas que se diría resume todas las urbes mediterráneas”. Y añade Castillo con acierto: “Y es que por momentos uno no sabe si está en Nápoles, en el Vieux Port marsellés, antes de que los alemanes lo dinamitaran, en la Malvarrosa de Valencia o en el Raval barcelonés, unas ciudades más cercanas de lo que señala la geografía”.

Impresionado por pasar por el lugar del cruel asesinato del juez Giovanni Falcone, Castillo descubre una de las claves de esta Sicilia, tan atractiva cinematográficamente en este párrafo (pagina 148): “Al fondo, por la estrecha Via Maqueda, desfilan trajeados de oscuro y solemnes, los cofrades que festejan a su patrona llevando su imagen a hombros. Una escena mediterránea que se diría salida de una obra de Leonardo Sciascia y que al igual que el elevado número de personas que frecuentan las iglesias, da idea de la religiosidad siciliana, algo que quizás contribuye a la cohesión de la isla, más allá de otras instituciones y con más intensidad que en otros lugares”.

La descripción de los secretos de Palermo detecta la influencia norteafricana en cúpulas, torres y bóvedas, y como es costumbre la huella española, evidenciada en cuanto se abandona -según Castillo- la Avenida Roma, unos metros después, reaparece el Palermo más tradicional de calles estrechas y plazas inesperadas con infinitas iglesias y oratorios barrocos, como el de ese antiguo Barrio español, en el que se encuentra Piazza Monte Santa Rosalía, en realidad una calle a dos pasos del palacio de Lampedusa” y es en esta calleja donde Castillo nos ofrece “visitar los ‘bouquinistas’ locales, los escasos libreros de viejo que convierten el lugar en la Cuesta Moyano palermitana (página 153).

Y así concluye Castillo, entre otros cientos de acertados hallazgos de evocación histórica, literaria, social o espiritual, la descripción de Palermo (página 172): “Como ciudad (en la que la Naturaleza está muy cerca; en la que la relación con el campo y el mar es estrecha, pues no solo no vive a sus espaldas sino que forman parte de ella. Por la Cala, el puerto milenario de barcas viejas y modernos cargueros, el mar entra en la ciudad por la Via del Cassari para exhibir sus productos en el cercano Mercado de la Vucciria, lo que le da un aspecto de lonja. Allí se venden los grandes atunes y emperadores, que compiten con las plateadas sardinas, que parecen navajas abiertas, los rapes de cabeza monstruosa, los pequeños pulpos, los lenguados y las doradas de color cobrizo”.

En conclusión, coincidiendo con las palabras del prologuista Juan Bonilla, al terminar este libro debe uno empezar a buscar un hueco en el calendario y reservar algunos euros para hacer que las imágenes sugeridas por esta Rapsodia se hagan realidad para disfrutar de tres joyas de la imbatible cultura mediterránea.

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