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Memorias

Oscar Tusquets Blanca: Vivir no es tan divertido...

domingo 19 de septiembre de 2021, 22:00h
Oscar Tusquets Blanca: Vivir no es tan divertido...

Anagrama. Barcelona, 2021. 200 páginas.17, 90 €. Libro electrónico: 9, 99 €.

Por Carlos Abella

Cuenta Oscar Tusquets (Barcelona, 1941) “que hace años, el teórico de diseño napolitano Vanni Pasca escribió que yo era arquitecto por formación, diseñador por adaptación y pintor por vocación, frase que tuvo inmediato éxito “(página 38) y que yo enmendaría añadiendo y con todo merecimiento escritor, porque en este sugerente y delicioso libro Vivir no es tan divertido y envejecer un coñazo, Tusquets acredita su sensibilidad literaria tanto para evocar pasajes de su vida, como para describir la evolución del arte, su amistad con Dalí, y la dura reflexión sobre los muchos y engorrosos achaques de ir envejeciendo.

He disfrutado con su lectura como en su día lo hice con los libros de memorias que escribió su hermana Esther, de la que hice recensiones en estas mismas páginas, y ello porque percibo en ambas plumas el mismo manantial de origen para narrar, para contar, para evocar, para recordar con criterio, gusto por lo vivido y sabiduría para sacar conclusiones vitales. En Vivir no es tan… Tusquets ha conseguido que los lectores visualicemos las muy incómodas meditaciones sobre lo duro del envejecimiento, las incógnitas de cómo afrontar las enfermedades terminales, las opciones anímicas con las que afrontarlas, y en este último capítulo, “Distintas maneras de morir”, rinde homenaje a la pérdida de dos amigos entrañables: uno, el editor Jaume Vallcorba, al que traté en Barcelona en los años noventa de la mano del psiquiatra Mariano de la Cruz, que le llamó para decirle que tenía un tumor cerebral inoperable, y del que se despide con un intenso abrazo en su casa, y el otro, su gran amigo el arquitecto Enric Miralles, que optó por ser tratado en Estados Unidos, prolongando su agonía unas cuantas semanas, para volver a morir en su Barcelona. Y en este intenso capitulo, evoca la muerte de Dalí, al que no enterraron junto a Gala en el Castillo de Pujol -como deseaba- sino en el Museo de Figueras y rinde culto a la personalidad del torero Juan Belmonte -cuya imagen ilustra la portada del libro-, de quien elogia la meditada decisión de suicidarse para evitar todos las tristes renuncias del envejecimiento.

Tusquets atribuye a su hermana Esther la feliz frase de “envejecer es un coñazo” y esta reflexión la apoya Tusquets reproduciendo otras de escritores como Albert Camus, (pág. 88): “ envejecer es pasar de la acción a la compasión”; de Josep Plá: “envejecer significa pasar permanentemente frio y miedo a caerse” (pág. 91) y otra no menos irónica y sabia es la que reproduce del actor y director de cine, el genial Woody Allen que ha dicho que «llegamos a una edad en la que las palabras más bellas que ansiamos oír no es ‘te quiero’ sino ‘es benigno’».

Por razón de mi emotiva vinculación con mi Barcelona natal, el capítulo “La vida da para mucho; sucinta y anecdótica autobiografía” es sencillamente espléndido y la sola cita de los escenarios de sus recuerdos es ya deslumbrante: el tren de Sarriá, los serenos, el cine Publi, la Rabassada, el apeadero de Gracia donde paraban los trenes que mi padre tomaba para viajar a Bilbao o Madrid; la lucha libre en el Circo Price donde Tusquets cita al luchador Tarrés y yo recuerdo a Lambán y Catarecha; el sigilo musical y ambiental de aquellas Semanas Santas, la llegada de los portaviones o acorazados de la VI Flota americana al puerto de Barcelona; la venida de aquel gran futbolista que fue Ladislao Kubala, las comuniones y otras celebraciones familiares en el Salón Rosa, el tranvía 23, la estación de Muntaner del tren de Sarriá, y sobre todo los recuerdos de la Deutsche Schule – Colegio Alemán San Alberto Magno, -donde en distintas años por nuestra corta diferencia de edad aprendimos a sumar en alemán –eins, zwei, drei…-, a jugar a Förker Ball, y a celebrar el Sommerfest ( la fiesta de verano).

Para avalar sus vivencias, reconoce Tusquets en la página 85: “He construido auditorios, viviendas sociales, mansiones de lujo, estaciones de metro, hoteles, oficinas, incluso rascacielos bajitos, he montado exposiciones, diseñado comercios y restaurantes, y a pesar de las frustraciones y humillaciones sufridas, no me puedo quejar de las posibilidades que se me han presentado”. Y añado yo que el ámbito de su peripecia vital incluye momentos tan magníficos como la creación junto con su mujer de entonces, Beatriz de Moura, de la editorial Tusquets, que tanto ha contribuido a la creatividad literaria, su estancia en los Estados Unidos como profesor en una elitista escuela, sus cientos de viajes por todo el mundo -los realizados con sus padres por Italia, especialmente-, y el crucero ya de adulto en el Queen Elizabeth 2 por los fiordos noruegos. Por ello concluye Tusquets: “Por haber vivido tantas experiencias, visitado tantos lugares, disfrutado de tantas obras de arte, y de tantas personas interesantes, puedo contar estas cosas y muchas otras que ya he explicado en otros escritos y que aquí no tendrán lugar” (pág. 86).

Libro absolutamente recomendable para leer lo que coincide con nuestros sentimientos, nuestra vivencia, nuestras reflexiones, y nuestras compartidas angustias ante la etapa final de la vida, escrito con finura, delicadeza y sensibilidad.

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