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Novela

Virginia Woolf: El viaje de ida

lunes 08 de noviembre de 2021, 00:18h
Virginia Woolf: El viaje de ida

Traducción de Miguel Temprano García. Ediciones del Viento. La Coruña, 2021. 464 páginas. 24 €. Se recupera la primera novela de la escritora británica, donde ya, con brillantez, vemos su estilo y cosmovisión.

Por Ángela Pérez

Todos recordamos a Clarissa Dalloway, protagonista de La señora Dalloway, la cuarta novela de Virginia Woolf (Londres, 1882-Lewes, Sussex, 1941), donde la escritora británica nos sumerge en un día de su protagonista -como hiciera James Joyce en su célebre Ulises-, en una Inglaterra aún herida por el desastre de la Primera Guerra Mundial. Mediante la técnica del flujo de conciencia, del que Woolf fue pionera, nos ofreció un espléndido fresco de entreguerras, en el que se ponía de manifiesto que es uno de los nombres imprescindibles no solo de la literatura europea sino de la mundial, con títulos como las novelas Al faro, Las olas, y Orlando, sin olvidar sus extraordinarias colecciones de relatos, sus cartas, sus diarios y sus ensayos.

A Clarissa Dalloway, ya la encontramos, en este caso como personaje secundario, en El viaje de ida, la primera novela de Virginia Woolf, que comenzó en 1907 y publicó en 1915, y fue saludada con fervor por algunos de sus colegas, como E. M Forster, autor del fascinante Un viaje a la India: “Un libro extraño, trágico e inspirado, por fin un libro con una coherencia tan clara como la de Cumbres borrascosas, pero alcanzada por un camino diferente”.

Inédita en España desde hace treinta años, Ediciones del Viento ha tenido el acierto de rescatarla, con una nueva y excelente traducción de Miguel Temprano García, que ha decidido retomar su título original, El viaje de ida.

Tras un arranque que nos despierta el apetito de continuar, El viaje de ida, nos relata la travesía vacacional de su protagonista, la rica heredera Rachel Vinrace, en uno de los buques de su padre, con destino a un país sudamericano, que no se especifica, quizá la Guyana británica. Aunque con algún pequeño incidente al comienzo, la travesía se inicia con “un suave cielo azul y el mar en calma”. En el trayecto, conocemos a otros pasajeros, y, luego, a su llegada a destino, se nos brinda un magnífico retrato coral de su colonia de veraneantes británicos, sus encuentros y choques.

En esta su primera novela, Virginia Woolf, de poliédrica personalidad, como estudia Lyndall Gordon, una de sus mejores biógrafas, e impulsora, junto a su marido Leonard Woolf, del famosísimo e influyente círculo de Bloomsbury, formado por brillantes figuras (E. M. Forster, Bertrand Russell , Ludwig Wittgenstein…), ya explora su personal estilo, que quiere escapar de los caminos trillados, y su cosmovisión, en la que, entre otros aspectos, vemos la enorme complejidad de las relaciones, a veces tortuosas, entre hombres y mujeres, y su credo feminista. En El viaje de ida, ya se refiere a que su protagonista, ha de tener un lugar que se convierta en su “fortaleza y santuario”. Ese espacio que sea Una habitación propia, título de su trabajo ensayístico más emblemático.

En 1941, Virginia Woolf se entregó, arrastrada por su padecimiento de trastorno bipolar y sus numerosos episodios psicóticos y depresivos, a las heladas aguas del río Ouse. Al zambullirse, emprendió un viaje desgraciadamente sin retorno. Sin duda, todavía habría podido escribir más maravillosas obras. Pero no pudo ser. Sin embargo, podemos disfrutar de las que tenemos, entre las que El viaje de ida, merece no pasar desapercibida. No se arrepentirán de su lectura.

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