K. Chesterton (Londres, 1874-Beaconsfield, 1936) es uno de los más maravillosos versos sueltos de las letras europeas. Tan genial como polémico, y aguerrido polemista, no tenía pelos en la lengua. No se acomodó al tiempo que le tocó vivir, y mucho menos lo habría hecho al actual, no solo comido por la “cultura” de la cancelación, sino también por una galopante autocensura. A veces calificado como “el príncipe de las paradojas” –no pocas veces la paradoja es un privilegiado recurso contra el dogmatismo-, cultivó prácticamente todos los géneros, en los que mostró que su puntito de pesimismo sobre el mundo y el ser humano, no le impedía ser un lúcido vitalista, amante, a pesar de los pesares, de la vida.
No resulta extraño, pues, que Ricardo Moreno, escritor y profesor, admire al autor londinense. El mismo talante a contracorriente y a las claras lo ha desarrollado Ricardo Moreno en obras como Los griegos y nosotros, Breve tratado sobre la estupidez humana y Breve tratado sobre la felicidad, entre otras. Por otro lado, Moreno no profesa ni mucho menos en solitario esa admiración. Quien creó al singular padre Brown, cuenta con muchísimos seguidores que han ido poniendo en pie Clubes Chesterton por doquier, aunque los guardianes de lo políticamente correcto se empeñen en ningunearlo o denigrarlo.
“Los entusiastas de Chesterton formamos una alegre cofradía en la cual pueden convivir felizmente hombres y mujeres, ateos y creyentes, socialistas y conservadores. [...] Tan solo están excluidos los puritanos, los fanáticos, los ceñudos y los amargados”, afirma Ricardo Moreno, quien precisamente dedica su nuevo trabajo a otro chestertoniano de pro, como es Fernando Savater.
Qué hay de nuevo, Chesterton es una suerte de antología de su cosmovisión -y en buena medida de la de Ricardo Moreno-, concebida con el muy atractivo y ágil formato de una conversación imaginaria -lo que permite a Ricardo Moreno poner a veces en una brete a su entrevistado-, pero no por ello menos verdadera y reveladora del personaje. Una fórmula que, entre otros, practicó con especial acierto en nuestro país Víctor Márquez Reviriego en sus Auténticas entrevistas falsas.
La obra, apoyada en un exhaustivo recorrido por la producción de Chesterton-, se abre con el apartado “Animales, animalistas y vegetarianos”, asunto, como es sabido, de gran actualidad, y en el que, por ejemplo, Chesterton señala: “Me gustan los perros. Me gustan siempre que no se les tome por otra cosa de lo que son. Si queremos a un perro, lo queremos como a un perro, y no como a un conciudadano. Rechazo toda la charlatanería que defiende que los animales tienen los mismos derechos que las personas y que la única diferencia entre los animales y nosotros consiste en que son mudos (que, por cierto, no lo son)”. Una apreciación de sentido común, pero que hoy parece que algunos quieren sustituirla por disparatadas consideraciones. En la misma línea de libertad, se desarrollan los demás apartados que abordan, entre otras cuestiones, el pasado y la tradición, la educación y los buenos modales, la democracia, la religión...
El volumen se enriquece con un estupendo prólogo de Ignacio Peyró, escritor, periodista y actual director del Instituto Cervantes de Londres: “Este Chesterton al día nos devuelve a la lectura y a la escritura como diálogo con los clásicos, sí. Pero uno de sus rasgos hermosos es haber bajado las ideas al calor de una mesa de un pub, de modo que podamos por un momento vivir la fantasía de habernos colado en alguna tertulia oxoniense de los Inklings”.