El astro español lució aplomo para derrotar al serbio, que acabó desquiciado, por 6-2, 4-6, 6-2 y 7-6. Jugará contra Zverev en semifinales.
Rafael Nadal lo ha vuelto a hacer. Ha aferrado a sus televisores a miles de personas hasta pasada la una y cuarto de la madrugada. En esta oportunidad, el seguimiento de sus fieles ha desembocado en otro triunfo de campanillas frente a Novak Djokovic, aquel con el que comparte la rivalidad más larga e intensa de la historia del tenis. Alzó los brazos y miró a su equipo técnico con la sonrisa dibujada en su rostro tras cuatro horas y 11 minutos de derroche. Con otro partidazo para la excelencia del deporte y el billete para las semifinales de este Roland Garros en el bolsillo.
Se debatió mucho en la previa por qué la organización del Grand Slam francés movió al jugador balear del horario diurno -el que le ha acompañado en sus 13 entorchados en París- al nocturno. Y se ha cuestionado si esta modificación de las condiciones de juego le beneficiaba o no. Pues bien, el primer apartado en discusión goza de sencilla explicación: el duelo más esperado del torneo debía ser accesible a todo el mundo, incluidos los europeos que trabajan en horario de oficina, y no podía compartir hora con ningún otro evento. La exclusividad le pertenecía por el relumbrón de su pedigrí.
El segundo elemento también encontró definición, pues al zurdo legendario le cuesta más competir de noche -la pelota pesa más y no se levanta tanto, es más difícil moverla-. Pero por encima de todas esas cuestiones, a la altura del lema "La victoria pertenece a los más tenaces" que preside la Philippe Chatrier, se yergue la jerarquía del manacorí. Su capacidad de adaptación para batallar en plenitud sea como sea. Este parámetro, uno de los muchos intangibles que gobiernan su juego, estalló para solventar el desafío en cuatro sets 6-2, 4-6, 6-2 y 7-6(4). El número 1 del planeta hincó la rodilla, desprovisto de argumentos.
Como si de una declaración de intenciones llamada a turbar la confianza ajena se tratara, Nadal arrancó el choque con un tempo, agresividad y precisión atronadores. Con el favor de la tribuna como acólito del esfuerzo, el balear restalló su derecha por todos los ángulos y alturas imaginables. Y, en consecuencia, se disparó 6-2 y 3-0 y saque. Su fogonazo aparentó anunciar una resolución rápida, escenario gozoso para él si se contempla que venía de un reto de cinco sets ante Auger-Aliassime y el serbio no había cedido una manga en todo el campeonato -ni en el Masters 1.000 de Roma, que dominó por completo-. Sin embargo, entre estos dos púgiles no cabe gloria sin sudor.
El balcánico, que volaba en una racha de 14 victorias seguidas y el pasado año se había dado el gusto de eliminar a Rafael en las semis de Roland Garros, reaccionó con uno de sus característicos respingos. Enfocó su concentración en repartir golpes cargados de presión, elevar el ritmo hasta la asfixia y en activar esa virtud industrial suya por la que puede pasar horas sin fallar. Igualó el set, pasadas ya las dos horas - en el 3-3 se llegó a registrar un juego de 18 minutos- y lo remontó con síntomas de su sensacional legado.
Con la temperatura en descenso también perderían filo los golpeos fundamentales de Nadal. Mas, como era de esperar, el manacorí se amoldó y empató el volcánico listón físico y técnico que había establecido el renacer del serbio. 'Nole' había mostrado su clase, justificado su favoritismo, aunque no disfrutaría de la consistencia necesaria para salir con un triunfo de este enfrentamiento. Rendimiento guadianesco, no exento de valentía y una conmovedora voluntad de vaciado de energías -compartida con el español-, se diluyó en la constancia y determinación del actual número cinco del ránking ATP (y ganador de 21 Grand Slams).
Sustituyó Rafael la potencia de su tenis por la inteligencia de su estrategia y Djokovic rozó el descarrilamiento con un 6-2 en contra. Un nuevo apagón al que quiso poner remedio con otro chorro de personalidad que le fijó 3-0 arriba en el cuarto set. Para entonces ya había evidenciado su inferioridad en el ajedrez psicológico al dar un raquetazo a la red. Ese feo gesto prendió la mecha el apoyo del público al balear y con 5-2 en el electrónico del parcial se detonó la remontada definitiva, el truco final.
El español desplegaría lo mejor de su repertorio -firmó 57 winners-, al tiempo que el cansancio abrasaba la gasolina que restaba en la reserva de los tenistas. Navegó Novak, del todo, en la precipitación impotente del que se sabe en aguas profundas, a pesar de seguir por delante en el set. Nadal olió las dudas de su contrincante y recuperó la agresividad, tocando líneas y sembrando dejadas y subidas a la red que engalanaron una senda que le descubrió 6-1 y con cinco bolas de partido en el tie-break. Para coronar otra maravilla en su ilustre hoja de servicio. Cuando se esfume este éxtasis, asomará Alexander Zverev como el único obstáculo que le separa de la final. Camino de su Decimocuarta.
No te voy a dar la enhorabuena, la enhorabuena la tenemos que tener todos tus fans y seguidores, por poder disfrutar de momentos tan agradables en la vida, cuando juegas, pierdas o ganes, eres el mas grande, tanto dentro como fuera de la pista, y siempre nos haces felices, y estar orgullosos de ser Españoles, me has emocionado tanto, que se me han saltado las lágrimas de la alegría, solo se me ocurre darte las GRACIAAAAAAS.
¡ VAMOS VAMOS VAMOOOOOS RAFA ! eres el mas GRANDE ¡ GRACIAAAAAAAAAS !