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Novela

Michel Houellebecq: Aniquilación

domingo 03 de julio de 2022, 17:53h
Michel Houellebecq: Aniquilación

Traducción de .Jaime Zulaika. Barcelona, 2022. 608 páginas. 24, 90 €. Libro electrónico: 12,99 €. Regresa el tan polémico como fascinante escritor francés con una novela que nos lleva a 2027 y en la que da una vuelta de tuerca a su desolada cosmovisión. Por Carmen R. Santos

El pasado año se publicó el ensayo de Michel Houellebecq (Saint-Pierre, isla de La Reunión, 1958) sobre H. P. Lovecraft. Dos escritores únicos, seductores, frente a frente, en un libro con el plus de un prólogo de Stephen King. Un trabajo que nos remitía a su faceta como ensayista, sin duda de gran interés, aunque a veces un tanto eclipsada por su narrativa. La aparición de cada una de sus novelas desencadena un revuelo mediático en Francia que no deja de llegar a otros países.

Ha vuelto a ocurrir, como no podía ser de otra manera, con su nueva novela, Aniquilación -ve la luz tras Serotonina- ,en la que se mantiene fiel a su estilo y cosmovisión, sin renunciar a la polémica, y conservando su talante provocador. Ese talante que, al lado de sus muchos seguidores -en Francia se lanzó una primera edición de más de 300.000 ejemplares-, concita también el rechazo de otros que le tildan no solo de decadente, misógino, xenófobo, islamófobo, nihilista… sino también de mal escritor que ha buscado el éxito a través precisamente de la provocación.

En Sumisión, publicada en 2015, nos llevaba a 2022 al escenario de una Francia en la que ha triunfado el partido Fraternidad Musulmana. Así, Mohammed Ben Abbes se convierte en el inquilino del Elíseo. No impone rápidamente y mucho menos por la violencia la sharía, pero de manera más o menos pausada y sibilina se van produciendo una serie de cambios que persiguen la islamización de Francia, y, quién sabe, de toda la sociedad occidental. Ahora, en 2022 publica Aniquilación, en la que nos lleva a 2027. Están próximas unas elecciones presidenciales en las que tiene muchas papeletas de ganar Benjamin Sarfati, rutilante estrella de un talk show televisivo. Sarfati es la cara visible de la candidatura, pero la pilota Bruno Juge, ministro de Economía y Finanzas, trasunto de Bruno Le Maire, ministro real en estos momentos en esa cartera, y amigo de Houellebecq.

Igual que el presidente que asoma por las páginas de la novela, aunque sin nombrarlo, se asemeja a Emmanuel Macron. Esta parte de la trama da pie a que en internet aparezcan misteriosos vídeos amenazantes -en uno se llega a guillotinar al ministro Juge, incluyéndose en el libro un dibujo sobre las partes de que consta el siniestro instrumento-, marcados con extraños símbolos geométricos y mensajes en lo que parece una lengua rara. ¿Quiénes son los autores de esos vídeos? ¿Terroristas? ¿Sectas satánicas? ¿Activistas contra la globalización? ... La inquietud se incrementa cuando de esa violencia en la red pasa a la realidad en varios lugares: se produce la explosión de un barco en La Coruña, un atentado contra un banco de semen en Dinamarca y el ataque a una embarcación de emigrantes en las costas de las islas Pitiusas.

Pero, por llamativo que resulte esto, en una suerte de ejercicio de política-ficción, como ya practicara en Sumisión, no es, a nuestro juicio, lo mejor de la novela. Lo más atractivo es la disección que Michel Houellebecq lleva a cabo de un núcleo familiar: el de Paul Raison, asesor y mano derecha del ministro Bruno Juge. Raison tiene que averiguar qué está sucediendo. Pero, a la vez, ha de enfrentarse a cuestiones personales no precisamente placenteras: vive una intensa crisis con su pareja, Prudence, su padre, exmiembro ya jubilado de la Direction Générale de la Sécurité Intérieure (DGSI), ha sufrido un infarto cerebral que le ha dejado prácticamente como un vegetal, y, a raíz de esto, tiene un reencuentro complicado con sus hermanos: una hermana ultraderechista, y un hermano dedicado a la restauración de tapices, casado con una agria periodista. Y, por si fuera poco, a Paul le detectan un tumor maligno.

Uno de los más pertinaces enfant terrible de las letras europeas explora ese microcosmos y nos presenta sugerentes personajes que consiguen despertar nuestro interés por cuanto les sucede. Sobre todo, Paul Raison, de significativo, e irónico, apellido Paul piensa, como toda la corriente racionalista de la filosofía a la que dio carta de naturaleza sobre todo el francés René Descartes, que puede ser posible guiarse por la razón, por el orden y ser capaces de controlarlo todo, empezando por nosotros mismos. Pero, naturalmente, no es así. La vida es imprevisible, indomeñable, nos juega malas pasadas y nos pone muchas veces contra las cuerdas. Como a Paul.

No es ni mucho menos casual que Houellebecq se sintiera deslumbrado cuando descubrió a Schopenhauer y rápidamente sintió su afinidad con el filósofo alemán, a quien dedica su ensayo En presencia de Schopenhauer. Los dos son grandes pesimistas y Houellebecq impregna su producción de una visión desolada, que apenas deja resquicio para la esperanza, y no digamos para la felicidad, ni para sentimientos como el amor, que quizá sea un fraude. ¿O si existe ese resquicio?

Desde luego, en Aniquilación, sí está presente, muy presente. No vamos a desvelar cómo. Saboréelo el lector. El título original de la novela es Anéantir, aniquilar. ¿Pero qué debemos aniquilar? Quizá todo aquello que impide que se abra paso, pese a todo, la rendija de la esperanza, de la ilusión. Aunque no deje de tener un cierto regusto amargo. Las novelas de Houellebecq no son novelas de tesis. Nos plantean preguntas, nos ponen frente a las contradicciones y autoengaños como individuos y como sociedad, siempre yendo más allá de la corrección política: “La verdadera razón de la eutanasia, en realidad, es que ya no soportamos a los viejos, ni siquiera queremos saber que existen. Es por eso que les aparcamos en lugares especializados, fuera de la vista de otros humanos”, se nos dice en Aniquilación, sobre uno de los debates en boga.

Y reivindican el poder de la literatura: “Solo la literatura puede darte este sentimiento de contacto con otro espíritu humano, con la totalidad de este espíritu, sus debilidades y sus grandezas, sus limitaciones, sus mezquindades, sus ideas fijas, sus creencias: con todo lo que le mueve, le interesa, le excita o le repele”, leemos en Sumisión.

Les recomiendo que se olviden del personaje Houellebecq, creado por él mismo, de sus declaraciones incendiarias, de sus controversias... y disfruten de uno de los autores más potentes de hoy.

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