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ESTRENO

El Teatro Real concluye su temporada de ópera con Nabucco, de Verdi

miércoles 06 de julio de 2022, 15:59h
Ovaciones, momentos mágicos rozando el delirio del público, abucheos... El estreno de este Nabucco de Verdi, con el que se pone el broche final a la temporada de ópera del Coliseo madrileño, tuvo todos los ingredientes de una noche de ópera digna de recuerdo.

Precisamente fue el Nabucco de Verdi el primer título del compositor de Busseto que sonó en el Teatro Real de Madrid en 1853, recién construido hacía tan solo tres años, en 1850. La obra siguió representándose, con gran éxito de público y crítica, en temporadas sucesivas. Estrenada en la Scala de Milán en 1842, la ópera relata la conquista de Jerusalén por Nabucodonosor, rey de Babilonia, y la consecuente expulsión de los judíos de la ciudad. En realidad, esta historia, ambientada en la Antigüedad y que relata las calamidades y la opresión sufrida por el pueblo hebreo, es aprovechada por Verdi, claro defensor del Risorgimento italiano, para evocar la dominación política a manos de Austria que Italia vivió entre 1713 y 1796. Seguramente por esto Nabucco es la ópera con la que los italianos se sienten más especialmente identificados, hasta el punto de que su archiconocido himno de los esclavos, “Va pensiero”, está considerado una especie de segundo himno nacional o himno italiano no oficial. Se suma a las circunstancias anteriores que una de las principales aportaciones de la escritura operística verdiana a la historia de la ópera (así lo ha apuntado Holger Nottze, principal biógrafo del compositor) fue intentar dar credibilidad a sus libretos, con lo que nuestro autor se convertía con esta creación en la voz del anhelo de todo un pueblo, el italiano, que en la época en la que la obra se compuso aspiraba, tras las diferentes dominaciones padecidas a manos extranjeras, a su reunificación en un libre u único Estado.

Lo anterior viene sobre todo a colación porque fue precisamente el coro del Teatro Real -el encargado de interpretar el “Va pensiero”- el claro vencedor de la velada operística del martes. Sus integrantes consiguieron culminar con una interpretación estelar su trayectoria durante la temporada, que hay que calificar de más que brillante, sobre todo en títulos como El Ángel de Fuego o el muy reciente Juana de Arco. La respuesta del público rozó el paroxismo cuando, tras diez minutos de ovación, obligó a repetir el famoso himno, algo plenamente justificado, aunque dada la frecuencia con la que, desde el pasado año, se han sucedido los biseos (la cosa empezó con el aria de Tosca durante el último estreno de la pasada temporada), el fenómeno puede llegar a trivializarse y, en consecuencia, a no significar nada.

En el reparto de voces es justo valorar la actuación de Anna Pirozzi en el papel de Abigaille, de gran carnosidad y proyección, excelente en los pianos y en el volumen medio, aunque quizás algo muscular en el forte. Con todo, el papel es extremadamente exigente, con agilidades y grandes intervalos que obligan a utilizar la mal llamada voz de pecho alternándola rápidamente con la de cabeza. A su lado, Michael Fabiano, tenor, exhibió una excelente voz, si acaso algo escasa de quilates dramáticos. Muy buena la actuación del barítono Luca Salsi en el papel protagonista, el de Nabucco. En contraste, en el papel de Zaccaria, el bajo Dmitry Belosselskiy hizo gala de una excelente capacidad dramática pese a que sus bajos más profundos fueran menos audibles de lo que hubiera sido deseable. Estupenda también la labor de la mezzosoprano Silvia Tro Santafé en el papel de Fenena, la hija de Nabucco. En definitiva, un excelente reparto sumado a un coro excelso.

Como elementos menos valorables estuvo la escena, de Andreas Homiki, oscura en demasía y abucheada por el público en su valoración final; esto sumado al hecho de que su tratamiento del libreto tiene el efecto de trasladar en exceso a la esfera privada de los personajes un argumento que en esencia es claramente público. Por fortuna, las carencias escenográficas fueron brillantemente suplidas por el coro, que constituyeron la verdadera escenografía y también casi el único atrezzo: una vez más, el himno fue -también escénicamente- el momento más conseguido de la noche, con los esclavos tumbados en el suelo y levantándose paulatinamente a cada estrofa, con un resultado impresionante.

Al frente de la orquesta estuvo Nicola Luissoti, que con éste dirige su séptimo título verdiano al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real tras el éxito obtenido con Il Trovatore en 2006, Rigoletto en 2015, Aida en 2018, Don Carlo en 2019, La Traviata en 2020 y Un ballo in maschera en 2020.

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