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ENTREVISTA

Pío Caro-Baroja: "Pío Baroja no tuvo remilgos a la hora de criticar"

José Manuel López Marañón
lunes 17 de octubre de 2022, 10:00h
Actualizado el: 17 de octubre de 2022, 10:05h

Coincidiendo con el 150 aniversario del nacimiento de Pío Baroja, llega a las librerías una reedición de Familia, infancia y juventud, segundo tomo correspondiente a la biografía del novelista. La nueva edición ha sido preparada por Pío Caro-Baroja, sobrino nieto del escritor, con el propósito de eliminar erratas e incluir una selección de notas.

Pío Caro-Baroja: ' Pío Baroja no tuvo remilgos a la hora de criticar'

- Si algo define a los entregados admiradores de Pío Baroja es la lealtad y devoción hacia su literatura. De ellos, pocos quedarán que no hayan leído aún, y al completo, Desde la última vuelta del camino, las vibrantes memorias de su autor favorito. ¿Cómo animar al grupo que conoce Familia, infancia y juventud a hacerse con la reedición de este segundo volumen de la autobiografía que con motivo del 150 aniversario del nacimiento de su tío abuelo usted mismo prologa?

Familia, infancia y juventud es un volumen que destaca entre el resto de su corpus memorialístico. Desde la última vuelta del camino, que está compuesto por obras que, a pesar de su título genérico de memorias, no son en sentido estricto lo que bien entenderíamos como tales. A mi juicio, se trataría del libro más interesante de esta serie, donde existe una voluntad de unidad clara, y donde el texto se aferra de una manera cronológica y estilística a lo que es el género. Tengo la sensación que este libro, a mi juicio excelente, se ha visto diluido entre los libros anteriores. La idea que sea el tomo segundo de esta serie tampoco ha contribuido a ello y me parece desacertada. El objeto de esta edición es doble: por un lado destacar dentro de ese bloque, a veces demasiado heterogéneo, una obra con fuerza y con singularidad propia, de sumo interés para el lector barojiano. El segundo propósito ha sido limpiarla de una serie de errores y erratas que se han venido repitiendo de manera sistemática desde 1944. Hay erratas que se han ido heredando de una edición a la otra de manera inexplicable. Y además he tratado de ilustrar el texto con una pequeña selección de fotografías muy representativas de los distintos momentos vitales de Pio Baroja. Me hubiese gustado añadir muchos documentos más; pero el libro ya roza en sus dimensiones actuales las quinientas páginas.

- Por desgracia lectores penosamente orientados hacia tanto best seller, producido en serie y sin trascendencia alguna (ellos conforman la mayoría "lectora" de nuestro país), ignoran a un novelista de la talla mundial de Baroja. ¿Qué puede hacerse para que el desubicado consumidor de basura impresa se interese sobre Pío Baroja, dueño de una prosa tan ágil como bien desplegada cuya lectura modifica gustos mostrando la cara verdadera de la literatura?

Yo ahí no soy tan pesimista. El progreso global es algo innegable y deseable. Y dicho progreso afortunadamente aporta al mundo de la lectura a mucha gente que hace muy pocas décadas estaría en condiciones de analfabetismo. La literatura seria, la literatura de calidad, siempre va a permanecer ahí como un lugar al que inexorablemente hay que llegar para el enriquecimiento personal y el aprendizaje como hombre. Me parece estupendo que existan millones de personas que consuman una serie de productos considerados desde la perspectiva de la calidad literaria como basura. De esos un porcentaje terminará en algún momento, y una vez vistas y saciadas las necesidades más básicas, pasado ese primer estadio, en la literatura culta o en la literatura, valga la redundancia literaria. Baroja tiene una ventaja sobre muchos compañeros del siglo XX. El problema, a mi juicio, reside más en la "calidad" de algunos prescriptores y de los agentes culturales, de los que deduzco que no han leído un solo libro y que están más pendientes de asuntos como twitter y la repercusión.

Con respecto a Baroja, lo que en un primer momento fue crítica sobre un lenguaje sencillo y poco pulido, al final ha terminado siendo su mayor virtud. Cuántos prosistas y virtuosos del encaje de bolillos muertos no hace mucho tiempo, han desaparecido del mapa o están a punto de hacerlo. Baroja es sencillez narrativa y profundidad temática, Baroja es atención a los asuntos fundamentales de la vida y eso siempre va a ser motivo de conexión con sus lectores. Y si va expuesto con sencillez y cercanía, mejor.

- Al comienzo de la segunda parte de Familia, infancia y juventud leemos: "Y así sigo, con la chaqueta al hombro, por este camino que yo no he elegido, cantando, silbando, tarareando. Y cuando el Destino quiera interrumpirlo, que lo interrumpa; yo, aunque quisiera protestar, no protestaría". Existe en Baroja una declarada pasividad, cierto conformismo congénito ante los embates de la vida, que bien pudieron haberlo convertido en otro apóstol de la inacción. Sin embargo, el lector de este libro queda precisamente convencido en lo contrario: en él destaca sobremanera la enorme vitalidad barojiana a la hora de salir adelante. En tan trascendente período, este autorretrato juvenil perfilado con los colores de la rebeldía, tanto a la hora del aprendizaje como cuando el doctor en medicina pone en práctica sus conocimientos, acaba resultando una llamada a no quedarse parado. Como médico, también al gerenciar una panadería, Pío Baroja peleaba cotidianamente por realizar sus trabajos de la mejor manera posible. Las páginas finales de Familia, infancia y juventud, con su voluntarista decisión de dedicarse a las letras, están ciertamente alejadas de las inclinaciones de cualquier contemplativo que se precie… ¿Encuentra Pío Caro-Baroja en este tira y afloja espiritual entre inercia y energía de su tío abuelo, tan bien detallado en este libro, una fuente para su fecunda creatividad?

Y creo que esta pregunta es clave a la hora de entender cuál es el alma de este libro. Por un lado, es un libro que se lee de una manera muy amena (y literaria) porque son las peripecias vitales de un niño y de un adolescente en un momento crucial en la historia de este país como es el cambio del siglo XIX al XX. Eso hace que este libro se lea de una manera muy ágil y de forma cuasi novelesca; encontrando desde esa vía una fuente importante de deleite. Pero la naturaleza esencial de este libro, ese alma de la que hablaba, reside en el continuo tira y afloja que se produce en un adolescente sin una vocación clara ante las salidas burguesas que le ofrece la sociedad. De ahí todas sus dudas, inseguridades, inquietudes y tribulaciones. Baroja estaría condenado por la sociedad a proseguir con el espíritu burgués que dictan las normas para una familia de esa condición. Pero existe ahí un gen que altera ese proyecto habitual. Una mutación que le llega de su padre, Serafín Baroja, personaje excéntrico, variopinto en sus quehaceres y actividades, y poco representativo de lo que sería un ingeniero de minas de la época. Esa alma poliédrica y algo diletante del padre contribuye a que la suya sea durante un tiempo indecisa, dubitativa, y los tiempos vividos de errores y aciertos. De ahí que este libro, como relato a posteriori del proceso formativo del Baroja escritor, sea fundamental. Es el relato donde nos narra el camino que le llevaría de la medicina (vida convencional) a convertirse en escritor.

- Tanto la imagen de los profesores de instituto que trataron de formar a Baroja como la de los catedráticos en los hospitales de San Juan de Dios y San Carlos resulta incisiva, sarcástica. Casi todos sus docentes resultan ser viejos, lelos, vanidosos e inofensivos. En las clases se habla, se fuma, se leen novelas; nadie atiende las explicaciones. Ya en aquella época se daba capital importancia a la memoria a la hora de estudiar, y Pío Baroja pormenoriza cómo superaba los cursos memorizando las asignaturas con poco esfuerzo y sin el menor interés. Solo en las clases de disección encuentra algo de provecho: "Yo no manifestaba más sensibilidad que los otros, pero, por dentro, creo que todo aquello me hacía más efecto que a la generalidad, aunque no tuviese inconveniente en abrir, cortar y descuartizar cadáveres". ¿Hasta qué punto cree usted que sus estudios y la práctica de la medicina resultan experiencias de peso para Baroja?

Cuando Baroja entra en la Facultad de Medicina topa con un mundo que, inesperadamente, tiene toques chuscos y zarazuelescos. Baroja se queda sorprendido en los primeros días de la petulancia y engolamiento de algunos de los más afamados profesores de la época. Éste hecho, su poca definida vocación y también una serie de encontronazos a lo largo de la carrera con algunos de estos señores, motivan su desafección temprana con la medicina. Sus tempranas lecturas de Nietzsche, Schopenhauer, Dickens, Dostoievski y otros muchos más, contribuyeron también a tener un sentido de la vida poco vitalista, muy resignado, y enturbiado por cierto pesimismo antropológico. La combinación no era la idónea para resultar luego un médico optimista y positivo a la hora de encarar los asuntos prácticos, a la hora de tener que tratar a los pacientes. Todos estos factores que pudieron condicionar de manera negativa su condición de médico fueron fundamentales para definir su literatura. Y los pocos meses de desempeño de su función de médico en Cestona, para dejarle una huella imperecedera en su literatura. Ello se nota principalmente en sus primeros libros. Empezando por Vidas Sombrías, y una década más tarde en lo que sería su obra más reconocida: El árbol de la ciencia.

- Declarándose nulidad completa para las ciencias y los idiomas, Pío Baroja resalta su prodigiosa intuición con las personas: "No me he engañado nunca con la gente, la he comprendido con claridad tras de sus velos. El envidioso, el vengativo, el colérico, el egoísta, los he visto siempre con claridad de primera intención". Esta ausencia de desengaños le permitió no reñir con nadie. ¿Resulta esto un caso insólito en la literatura española, tan dada a trifulcas no precisamente de guante blanco? ¿Se debe quizás a sus nulas ganas de competir que Baroja tan solo como escritor sea respetado por lectores tan diferentes?

Pío Baroja no tuvo remilgos a la hora de criticar, hay que ser justos. Son célebres sus críticas a muchos contemporáneos, algunas mordaces, aunque ellas aparezcan más detenidamente en otros lugares de estas memorias. Baroja también, para qué negarlo, utilizó el ajuste de cuentas. Algunos de ellos son memorables. Tengo particular predilección por los puyazos que le propinó a uno de los más célebres santones de la medicina del momento, el célebre José de Letamendi. Amigos médicos me han comentado que la autoridad de Letamendi y de alguna de sus obras han tenido cierta transcendencia en lo que es la medicina española; pero que Letamendi ha pasado a la historia por ser el objeto de las feroces críticas de un Pío Baroja, escritor ya consagrado, que hace justicia con aquel profesor de finales de siglo en la Universidad de San Carlos. Esto también causa simpatía entre los lectores más jóvenes. El novelista que castiga después al profesor petulante que le cateaba durante la juventud.

Los primeros escritos de Pío Baroja aparecen en la prensa española de finales del siglo XIX. Publica en La Justicia, periódico de Nicolás Salmerón (ex presidente de la Primera República), quien encontraba que los artículos de Baroja no estaban en su órbita y no merecían ver la luz. Para José Nakens, amigo de Serafín Baroja, resultaban pedantescos y ridículos. Esto dañó mucho al aprendiz de reportero y no lo olvidó cuando se convirtió en novelista famoso. Ganadores del premio Nobel como Gabriel García Márquez o Mario Vargas Llosa iniciaron sus carreras literarias fogueándose en diarios. ¿Cómo pudo influir el periodismo en la trayectoria posterior de Pío Baroja?

La formación de un futuro escritor partía de una enorme vocación lectora que se debía materializar con la escritura de textos breves e iniciáticos que había que tratar de publicar. El periodismo ha sido casi siempre la manera más inmediata y fácil de acceder a la literatura para quienes soñaban con convertirse con el tiempo en escritores. Había que estar ahí donde se conocían las noticias, donde llegaban los rumores, donde se redactaba la crónica de un suceso acaecido la noche anterior o se hacía la crítica de una zarzuela recién estrenada. No quedaba otro camino. El periodismo fue fundamental para iniciarse en el mundo de la literatura. Baroja por aquellos tiempos era más feliz acercándose a las redacciones de los periódicos o a los cafés que a las aulas de la facultad de medicina.

Baroja se reconocía un hombre copioso en sus lecturas pero no concienzudo: solo de viejo leía completos los libros. Tempranero lector de los folletines que publicaba La Correspondencia, el Papá Goriot de Balzac abre sus ojos a los escritores decimonónicos. Sobre Poe, Stendhal, Tolstoi, Dostoievski y Verlaine Pío Baroja vuelve una y otra vez. Resulta curioso enterarse de cómo desdeñaba a uno de los escritores más populares del siglo XX, el belga Georges Simenon, a quien echa en cara mezclar el erotismo con el asunto policíaco. En otro orden de cosas el autor de Las noches del Buen Retiro aseguraba que "lo que es ameno y divertido no desaparece del todo" y también cómo "entre las gentes civilizadas, el público sin gran cultura acierta casi siempre más que los que se consideran especialistas y técnicos". ¿Cómo reaccionaría Pío Baroja ante el paupérrimo nivel literario que alcanza la mayoría de lo que se publica hoy? ¿Habría algún autor nacional o extranjero que pudiese gozar de su simpatía?

La verdad que me resulta imposible contestar a esta pregunta. No soy conocedor de la literatura contemporánea y sería muy osado por mi parte. Y la verdad es que en los últimos meses no he encontrado ningún libro que me haya atraído algo. Pero indudablemente la culpa es mía, así que yo no podría ser un buen prescriptor para Pio Baroja de lo que debiera leer o no. Si me parece que hubiese congeniado con la escritura de algunos autores "contemporáneos", Delibes, Marsé, Pinilla, y de los vivos con Eduardo Mendoza; creo que hubieran tenido cierta sintonía.

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