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Relatos

James Salter: Cuentos completos

domingo 07 de mayo de 2023, 21:49h
James Salter: Cuentos completos

Varios traductores. Salamandra. 334 páginas. 20 €. Libro electrónico: 8,99 €. El gran escritor norteamericano nos ofrece una extraordinaria recopilación de todos sus cuentos, género en el que es consumado maestro. Por Matías Jaque Hidalgo

La editorial Salamandra publica los cuentos completos del escritor norteamericano James Salter, continuando la labor de difusión de la obra de este autor, hasta hace poco una figura relativamente inadvertida en el ámbito hispánico, y hoy considerado por muchos un maestro no muy lejano de otros pesos pesados del siglo XX norteamericano, como Carver, Roth o Fante. Salter constituye un caso cuanto menos peculiar en la historia literaria reciente: despreció la tentación de ser prolífico, privilegiando en cambio una paciente conquista de un estilo propio que le llevaría, literalmente, la vida entera. Todo lo que hay, una de sus novelas más celebradas (tras no publicar ninguna desde 1979), aparece en 2013, cuando Salter contaba 87 años y le separaban solo dos de la muerte. Abre el volumen un prólogo de John Banville que es en sí mismo una buena razón para hacerse con el libro.

Los cuentos de Salter no destacan por la originalidad de sus temas, sino por la perfección de un método. No busca contarnos lo que nunca se ha dicho, sino agudizar la mirada, cincelar las frases hasta que estas diseccionen quirúrgicamente la intimidad y brote, en forma de silencio pasmado, todo lo que tiene que salir. El lector podrá reconocer parentescos con Carver, Cheever, y en general ese ethos narrativo norteamericano que, siguiendo de forma acaso inconsciente el dictum wittgensteniano, dice los hechos para mostrar una verdad sobre cuyo sentido siempre es mejor callar. Aunque se nos relatan experiencias duras y complejas, el sentimiento que estos cuentos transmiten nunca es de injusticia. O pensar en la justicia nos haría sentir extrañamente ingenuos.

Puede aventurarse que estos 22 relatos gravitan sobre una filosofía materialista (nunca explicitada) que sitúa como eje el deseo (tal como, con una prosa algo más recargada y reflexiva, hacen también las novelas de Philip Roth, con quien Salter tiene, en los temas, más de un punto en común). El deseo y el cuerpo: las únicas verdades con respecto a las que nuestros destinos aciertan solo en ciertos momentos luminosos, errando la mayoría del tiempo entre contención, frustración, exuberancia o vanos intentos de trascendencia.

Se repite en distintos cuentos, por ejemplo, la imagen de un hombre perdido en sus afanes, patéticos y torpes, de alcanzar una gloria espiritual. Un padre exalcohólico, en “Akhnilo”, cree experimentar en mitad de la noche un trance místico, solo para ser devuelto a su mediocridad existencial por los ruidos triviales de su casa. En “La destrucción del Goetheanum”, un hombre ya maduro arrastra a una joven cada vez más cansada en su quijotesca e infructuosa búsqueda de la trascendencia literaria. Otro tanto cabe decir de Nile, el protagonista de “Vía Negativa”, un escritor joven que ve cómo se deteriora a su alrededor la poca confianza de quienes en principio le estiman.

A veces los personajes yerran por exceso y pretensión; a veces por defecto, por estar, simplemente, más acá de la consecución de sus deseos, apartados de la vida de forma sorda, impasible, inapelable. Quizás una de las historias más perfectas, en este sentido, sea “Ocaso”, en la que una mujer mayor, sumida en la soledad, recibe la visita de un antiguo amante algunos años más joven que, en medio de un diálogo anodino, le revela que ha vuelto con su esposa y es feliz con ella. Los hechos, como siempre, son brutalmente simples, pero sus resonancias urden tramas difíciles de sondear.

En medio de ese estilo contenido en que el lenguaje aspira a la transparencia, las únicas metáforas, los únicos símbolos que se permiten son aquellos que forman parte también de la historia. En especial en los primeros relatos, Salter hace un uso particular de los animales que, de alguna manera, arroja un guiño sobre la concepción existencial que arriba esbozábamos. Para cada personaje que se contiene, que pierde o que se excede respecto de este centro constituido por el cuerpo y el deseo, ronda un animal que cumple, de alguna forma, con el curso natural de los acontecimientos.

En “Am Strande m Strande von Tanger”, una pareja de viajeros que busca la felicidad en Barcelona insiste en prolongar una relación que, ambos lo saben, debe morir; el que muere, no obstante, será el pájaro de Nico, la chica: “La jaula está vacía en el frío umbral. Parece que no hay nada que decir, Malcolm cierra la puerta”. Cuando el antiguo amante sale y la mujer de “Ocaso” se queda sola, “pensó en los gansos mientras escuchaba sus graznidos” y, como si fantaseara con un destino que no se decide a llegar, “imaginó que en algún lugar, sobre la hierba húmeda, yacería alguno con el pecho oscurecido y empapado, el elegante cuello extendido todavía, las grandes alas esforzándose por batir, la sangre gorgoteando en los hoyuelos del pico”. Ejemplos de este tipo podrían multiplicarse: animales que rondan en los márgenes de estas historias, como testimonios de una suerte que se elude, que se retrasa, pero que sigue siendo la nuestra.

En los últimos cuentos del libro, que coinciden con los que Salter escribió en una etapa posterior, los animales se retiran y los hechos humanos se quedan solos, irradiando su cruda objetividad. Poco se puede añadir excepto pedirles que lleguen al final, a “La última noche”, y piensen un momento a qué sabe la mañana siguiente.

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