El gobierno de la República Federal Alemana ha presentado esta semana su largamente esperada Estrategia de Seguridad Nacional, que lleva el antetítulo “Robusta. Resiliente. Sostenible”. En realidad, es la primera vez que Alemania tiene algo así. Existían, sí, algunos documentos (libros blancos, por ejemplo), pero nada como este texto de 39 páginas publicado en alemán, inglés y francés. Después de largas negociaciones, el tripartito gubernamental ha sentado las bases de una “seguridad integral de Alemania”. Se trata de un acontecimiento de cierta importancia habida cuenta de la profunda desconfianza que, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los alemanes tienen por los poderes centralizados. La experiencia histórica del nazismo condicionó la estructura de poder de la Alemania posterior al conflicto. Los Estados o “Länder” disponen, por ejemplo, de sus propios servicios de información que suman esfuerzos al que realiza la inteligencia federal. Sin embargo, la guerra de Ucrania, la destrucción del Nord-Stream de 2022 y la creciente pujanza de la República Popular China han llevado al gobierno federal a impulsar esta estrategia que ahora se ha presentado.
El documento parte de una decidida vocación europeísta, atlantista y globalista. Menciona expresamente el compromiso con el derecho de Israel a existir y la “estrecha amistad” con Francia, así como la “responsabilidad en la toma de conciencia de nuestra propia historia”. No es necesario explicar a qué se refieren con esa toma de conciencia. Considera a Rusia “la amenaza más significativa a la paz y la seguridad en el área euroatlántica”. Considera a China “un socio, un competidor y un rival sistémico”. Enumera amenazas complejas como “el terrorismo, el extremismo, el crimen organizado y los flujos financieros ilegales” así como “los ciberataques”. Dedica mucha atención a “la crisis climática”, que “amenaza nuestro sustento y los fundamentos mismos de nuestras economías”. La estrategia menciona expresamente que “el gobierno federal apoya la integración de la Unión Europea, la cohesión y la ampliación para incluir los Estados de los Balcanes Occidentales, Ucrania, la República de Moldavia y, a largo plazo, Georgia”.
El gobierno alemán asume la Agenda 2030 y las consecuencias que, según él, lleva anudadas en materia de seguridad. Parte de la asunción de que “las emisiones globales tienen que ser drásticamente reducidas”. Sostiene que “una transformación global, sostenible, verde y socialmente justa presenta grandes oportunidades. Tanto el resumen ejecutivo como la propia estrategia incluyen el logo de la Agenda 2030. No faltan referencias al comercio justo y libre de acuerdo con los estándares de derechos humanos. Se considera que la prevención y reacción rápida frente a pandemias son “claves para garantizar la seguridad humana”. La estrategia se compromete con el principio de “una salud”, que “se centra en los vínculos entre la salud de los humanos, los animales y el medio ambiente”.
Una primera lectura de estas 39 páginas genera ciertas dudas. Es claro que muchas cosas van a cambiar empezando por la inversión alemana en defensa. Ya lo advirtió el canciller Scholz a los pocos días del comienzo de la invasión de Ucrania en febrero de 2022. Sin embargo, la estrategia es tan amplia, tan ambiciosa y tan ideológica que podría terminar rasgándose por las costuras. Se nota que es fruto de un gobierno de coalición de tres fuerzas políticas con sensibilidades coincidentes pero distintas. Sin ir más lejos, el documento lo presentó el propio canciller, que es del Partido Socialdemócrata, junto a cuatro de sus ministros: Annalena Baerbock, ministra de Asuntos Exteriores, Christian Lindner, ministro de Finanzas, Nancy Faeser, titular de la cartera de Interior y Boris Pistorius, ministro de Defensa. Baerbock es de Los Verdes. Lindner preside el Partido Democrático Liberal. Faeser y Pistorius son socialdemócratas como Scholz. Todos coinciden en el progresismo y en el modelo de sociedad, pero discrepan en la intensidad de los cambios que pretenden y en la forma de acometerlos.
Así, por ejemplo, esta misma semana ha habido protestas en Alemania por la llamada “Ley del clima”, que ha decepcionado a los verdes. La discrepancia ha venido porque ellos, y la izquierda en general, pedían ayudas económicas para que los hogares pasasen del petróleo a energías más limpias. Al Partido Democrático Liberal esto le parecía demasiado caro.
Es de temer que algo similar pueda suceder en materia de seguridad (como por otra parte ha venido sucediendo hasta ahora con el apoyo militar a Ucrania). Unos querrán apretar el acelerador de la modernización de las fuerzas armadas. Otros creerán que deben priorizarse las políticas de seguridad orientadas al clima y la salud. Por supuesto, como el propio Scholz señaló en la presentación, esto es sólo un punto de partida, pero las discrepancias entre los distintos tipos de progresistas pueden lastrar la estrategia. De los conservadores, mejor ni hablamos.
Berlín está trabajando en otro documento relativo, en particular, a la estrategia hacia la República Popular China. Sin ella, muchas de las políticas que Alemania pretende impulsar más allá de sus fronteras se encontrarán con grandes dificultades. A ver qué hacen ante un país al que ven como socio, competidor y rival sistémico.