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ENTREVISTA A ROSARIO VILLAJOS

"Que algunos padres salieran ilesos de la adolescencia no significa que sus hijos puedan hacerlo con la misma facilidad"

'Que algunos padres salieran ilesos de la adolescencia no significa que sus hijos puedan hacerlo con la misma facilidad'
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José Manuel López Marañón
lunes 16 de octubre de 2023, 10:31h

Tras la reseña de La educación física, publicada el pasado 2 de octubre en El Imparcial, entrevistamos en exclusiva a su autora, Rosario Villajos. Esta cordobesa, formada en Bellas Artes y que reside en Madrid, ha ganado con esta novela el Premio Biblioteca Breve 2023.

  1. Los cambios hormonales que se producen al dar el salto a la adolescencia son percibidos por su protagonista femenina, Catalina, como un engorro –un drama, mejor– que la alejan de disfrutar ese período de la vida con entusiasmo, siquiera con un poco de alegría.

¿Ensombrece tanto el carácter de una adolescente dejar atrás la niñez?

No sé cómo será en otras adolescentes. En mi caso sí que lo viví como un drama. Estaba entre querer ser adulta pensando que podría hacer lo que me diera la gana (JÁ) y el querer volver a ser una niña para que nadie me repitiera lo de ya eres mayorcita para hacer o no hacer tal o cual cosa. Sentía que no quería estar en ese limbo, eso desde luego. Si además te han educado en desigualdad, es decir, bajo el marco de ser mujer, se acumula la sensación de que nunca vas a cumplir ciertas expectativas.

Catalina es mujer y, como tal, percibe un desarrollo corporal de mayor complejidad y calado que en el caso de los varones.

En el caso de un chico, su trayecto hacia la hombría ¿puede resultar tan sorprendente como el de una chica que, de repente, puede ya ser madre?

Creo que no. El camino hacia la hombría puede estar lleno de presiones muy tóxicas e incluso violencia. En el de la chica es todo eso, más cumplir unas expectativas físicas, más el hecho de poder quedar embarazadas, más ser culpabilizada de todo lo que le ocurra. Históricamente, da la impresión de que la mujer supone un peligro público si no se nos mantiene biológicamente bajo control. No hay más que ver como deambulan las mujeres en otros países, siempre tapadas y acompañadas.

¿Estaremos hablando de procesos biológicos muy diferenciados según los sexos?

No, o no debiera ser por lo biológico. Cada cuerpo es un mundo y necesita procesos propios, cuanto antes se nos meta en la cabeza lo diversos y diversas que somos, antes aprenderemos a respetar nuestros propios cuerpos y por ende, los ajenos.

A las congojas del crecimiento físico se une en Catalina una psicología torturada que refleja unos sufrimientos existenciales, quizá, pensarán algunos lectores, pesimistas en demasía para ser sentidos durante tan corta edad.

A esos incrédulos y, sobre todo, a los padres de hoy que tienen hijos en la adolescencia, ¿resulta necesario abrir sus ojos con libros como La educación física para convencerlos de cómo la pubertad no es precisamente un camino de rosas?

A esos padres les diría que tienen muy poca memoria. Que ellos salieran totalmente ilesos de los diferentes ritos iniciáticos que hay en la adolescencia no quiere decir que sus hijos e hijas puedan salir con la misma facilidad. Además, los problemas de ayer que esos padres intenten solventar serán diferentes los que hoy tienen los y las adolescentes, especialmente para chicas, por ejemplo, la hipersexualización que traen las niñas, y el tema de la sobreexposición digital incrementa los complejos estéticos.
Cuando yo era adolescente sólo sabíamos cómo éramos cuando nos mirábamos a un espejo, porque de un carrete de veinticuatro fotos salían bien cinco a lo sumo y las videocámaras estaban fuera de nuestro alcance; ahora los miles de selfies te permiten conocer todos tus ángulos o peor aún, puedes ser grabada con un móvil sin que lo sepas y que eso se convierta en tu peor pesadilla pero sólo si eres una chica. El cuerpo femenino sigue siendo algo que esconder o de lo que avergonzarse. No ocurre lo mismo con el masculino: nadie coge las caras de unos chicos reales y usa IA para mostrarlos desnudos y extorsionarlos como sí está sucediéndole a las jóvenes. Por cierto, es curioso que sean las madres las que estén más indignadas y denunciando estos hechos, como si el cuerpo de sus hijas les perteneciera a ellas.

  1. Para mostrar a sus lectores el profundo malestar, el sufrimiento existencial de Catalina, en una arriesgada opción de la que usted sale triunfante, ha elegido la tercera persona. No es frecuente que el género bildungsroman (o novela de iniciación) deseche la primera persona para referir sus historias, menos aun cuando resultan tan estremecedoras como la que se despacha en La educación física.

¿Que la novela está en tercera persona se ha podido deber a que, pese a la cercanía con la que su voz narrativa disecciona tantos íntimos sufrimientos, Rosario Villajos haya querido distanciarse de ellos?

La primera persona habría resultado confesional y después de dos capítulos, muchos lectores faltos de empatía podrían haber visto esta historia como la de una cría quejumbrosa. La tercera persona, en cambio, es más cercana a los cuentos clásicos y permite que el narrador pueda decir lo que le dé la gana, hacer trampas, saberlo todo o no saber nada.

En 1994, que es cuando tiene lugar La educación física, Catalina cumpledieciséis años. Usted –nacida en 1978– tuvo la misma edad en aquella época. Por supuesto que estamos ante una ficción y como tal debe ser leída: cuerpo y mente de su personaje empiezan y acaban en el libro.

Pero díganos, aparte de datos objetivos para ambientar su novela (películas, series de televisión, música de 1994…), ¿hay algo real de la pubertad de Rosario Villajos aportado a la radical subjetividad de su personaje a la hora de mirar el mundo y afrontar la vida?

Por supuesto, siempre parto en mi escritura de sensaciones reales, no de hechos reales, los hechos es lo de menos, lo importante es lo que se hace con esas sensaciones y cómo transformarlas en escritura.

  1. En el capítulo trece leemos: «Catalina ha descubierto que no tiene mejor forma de estar en el mundo que escribiendo. Para ella eso equivale a sentir algo, aparte de miedo o culpa; escribir le sirve para transformar sus disforias, sus ganas de matar, sus ansias de existir o de existir sin cuerpo; escribir hace que esa aflicción corporal con la que se conoce desde hace tiempo se convierta en un duelo pasajero, algo que exorcizar».

En una novela llena de pesares como es La educación física, la escritura se convierte en el principal (casi diríamos único) agarradero o sostén de su protagonista. ¿Cómo motivar a tantos adolescentes, dolientes o felices, para que descubran en la lectura y la escritura en el arte en generaluna herramienta que abre los ojos lúcidamente a la vida?

Dejando que se aburran. Así es cómo lo descubrí yo.

  1. Llama la atención esa faja que lleva Catalina, impuesta por su madre para que esté «recogida», aunque en realidad ella busca que su hija vaya «blindada». El triple asesinato de las tres menores de Alcásser despertó el pánico en las madres de nuestro país y muchas extremaron sus medidas de protección. En treinta años, la educación sobre sexualidad y su forma de vivirla por la juventud han experimentado notables cambios. Hoy en día resulta casi imposible imaginar a una joven con esa especie de cinturón de castidad…

¿Qué una madre proteja así a su hija contra el mundo y contra su propia curiosidad no resulta una medida incluso en casos de alarma más que cuestionable?

Claro que sí, de eso va esta novela, de mostrar cómo todo el mundo, no solo padres y madres, cruzaron los límites castrando a sus propias hijas en lugar de castrar a los hombres, que son quienes perpetúan el machismo y la violencia contra las mujeres. Se nos educaba y educa a nosotras en el miedo, en lugar de educar a los chicos en el respeto. Vuelvo a poner el ejemplo de madres denunciando que unos chicos usen IA para mostrar el cuerpo de sus hijas, esto demuestra que aún no hemos pasado de pantalla y que importa demasiado guardar esos cuerpos. ¿Y qué si se muestran? Sé sus respuestas y siguen estando llenas de miedo para ellas e impunidad para ellos.

  1. La desconfianza que Catalina siente hacia sus padres acaba trasladándose hacia sus amigas Amalia y Silvia («Ya no confiaba en Silvia ni en nadie, del mismo modo que en su casa no confiaban en ella»).

Esa suspicacia generalizada del adolescente que puede desembocar en una completa misantropía, ¿será uno de los primeros síntomas que ayuden a detectar el estado patológico de su mente?

Depende de las habilidades actorales del adolescente en sí para pasar desapercibido. Esa suspicacia de la que hablas, normalmente procede del abandono, pero un niño abandonado puede generar recursos para sobrevivir y adaptarse al mundo, aunque sea esa misantropía. En cambio, un niño sobre-protegido está totalmente indefenso ante un mundo como el nuestro que a veces puede resultar tan hostil. Catalina sufre ambas cosas, abandono afectivo y sobreprotección. Uno de sus miedos, puesto de manifiesto al comienzo de la novela, es que nunca dice lo que realmente piensa porque cree que desataría un tsunami, el rechazo generalizado. De modo que el único pedacito de libertad que le queda es su pensamiento íntimo que no comparte con nadie (a excepción de los lectores). Si dejara de pensar de forma tan pesimista, quizá sería vencida por un sistema que la quiere «en el redil».

  1. En poco tiempo coinciden en las librerías españolas tres novelas escritas por mujeres, centradas en episodios que tienen lugar durante el final de la infancia y la adolescencia, y protagonizadas por personajes femeninos. Nos referimos, por orden de aparición, a La memoria del alambre (Bárbara Blasco, Tusquets 2022), a Kudryavka(Xenia García, Alianza Editorial 2023) y a esta premiada obra suya de este año, La educación física (Seix Barral).

¿Piensa que existe algo propiciador en estos tiempos duros que vivimos para que tres autoras vuelvan sus miradas creadoras hacia un período tan delicado y fundamental del ser humano?

Tal vez buscamos el tsunami del que huye Catalina, puesto que seguir en silencio no nos ha traído paz.

En el caso de que haya leído La memoria del alambre y/o Kudryavka… ¿Encuentra en ellas algún parentesco argumental o estilístico con La educación física?

Las he leído y he disfrutado mucho las dos. De hecho, La memoria del alambre me ayudó a decidirme a querer mostrar La educación física. Me siento acompañada por esas dos novelas.

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