El pasado año tuve ocasión de dar cuenta en este mismo suplemento de Tanger era la clave, y anteriormente de Las cartas del miedo. En este último título, el economista y escritor Carlos Abella debutó con brillantez en la novelística, con una historia ambientada en la Transición, época clave del devenir colectivo de nuestro país y en la que, con sus luces y sus sombras, como toda empresa humana, la reconciliación se alzó frente a la división y el odio fratricida y España vivió una de sus etapas más prósperas, por mucho que hoy de manera torticera algunos la quieran cuestionar y echar por tierra.
Abella ha estudiado especialmente la Transición, a él le debemos una rigurosa biografía sobre Adolfo Suárez, y profesionalmente ha estado próximo a ámbitos de poder como el Palacio de la Moncloa, el Ministerio de Economía o el Banco de España. También en la exitosa transición de España de la dictadura a la democracia se desarrolla Tánger era la clave, donde volvemos a encontrarnos con el periodista Fernando del Corral, creado por Abella en Las cartas del miedo.
Ahora, Carlos Abella retoma sus memorias, y nos regala un magnífico ensayo, Aquella Barcelona, en el que se repasan los avatares de la Ciudad Condal desde la Guerra Civil hasta los Juegos Olímpicos de 1992. Confiesa Abella: “Este libro es un homenaje a la ciudad de Barcelona, a mi ciudad, porque así la considero. Nací en ella en 1947, viví los años que confirman la memoria impagable de mi infancia, mi adolescencia y mi madurez, y vinculo sus calles, sus rincones, tiendas, restaurantes, bares y amigos con lo más sustancial de una vida plena”. Y explica: “Mi padre falleció en 2008, y parte de estas memorias urbanas son también las suyas, pues con él mantuve una estrecha relación de identidad cultural e intelectual”. Precisamente también reseñamos una excelente biografía del editor José Manuel Lara, debida al padre de Carlos Abella, Rafael Abella.
Con una sólida y abundante documentación, Carlos Abella aúna a la perfección historia personal y colectiva, y rescata recuerdos imborrables. Así, por ejemplo, uno de los mejores momentos de su infancia y adolescencia, cuando iba a un emblemático espacio deportivo: “Ir a bañarse a Piscinas y Deportes era el mejor premio a una buena nota en Lengua o en Matemáticas y tirarse de los distintos trampolines, experimentar las primeras sensaciones vitales de riesgo”.
Por las páginas de su trabajo, desfilan nombres y momentos en un recorrido por La ciudad de los prodigios, como la denominó en esta novela otro barcelonés de pro, Eduardo Mendoza. Entre otros muchos acontecimientos históricos, culturales..., tanto dichosos como oscuros, y hasta trágicos, reflejados en los diecisiete capítulos que forman la obra, Abella rememora las siniestras checas, los asesinatos del periodista Josep Maria Planas y del obispo Manuel Irurita, la dureza de la contienda y de la postguerra junto al nacimiento del influyente premio Nadal, la apertura del Liceo con La bohème, o la impronta desde Barcelona del célebre boom latinoamericano, con Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Asimismo, la inauguración del puente aéreo entre Barcelona y la capital de España, y la gran transformación auspiciada por la celebración de los Juegos Olímpicos.
Concluye Carlos Abella como ha realizado la evocación de “aquella Barcelona” y oportunamente denuncia lo que viene sucediendo últimamente: “Desde la nostalgia y el realismo, desde la admiración al espíritu colectivo y ciudadano y al concepto de ciudad abierta, transversal, acogedora y creativa, sin dejarse llevar –como desgraciadamente ocurre en estos últimos años- por la rigidez ideológica, que alienta la confusión entre ciudad de acogida y ciudad refugio, ciudad de bienvenida con ciudad donde se extiende la degradación, la invasión de la propiedad, la falta de higiene”.
Nos queda, sin embargo, esa Barcelona, de todos y para todos, a la que nos invita Carlos Abella en este extraordinario paseo. Disfrútenlo.