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Novela

Eduardo Mendoza: Tres enigmas para la Organización

domingo 25 de febrero de 2024, 20:09h
Eduardo Mendoza: Tres enigmas para la Organización

Seix Barral. Barcelona, 2024. 408 páginas. 21,90 €. Libro electrónico: 10,99 €. A sus 81 años, el escritor barcelonés vuelve en plena forma con una divertidísima novela, donde brilla su manejo del humor y la parodia

Por Rafael Fuentes

Sabido es que 1975 fue un año decisivo en nuestra reciente historia. Atrás quedó la larga dictadura franquista y comenzó la Transición que, con sus luces y sus sombras, como toda empresa humana, supuso un gran éxito colectivo, pese a que a veces de manera torticera se haya intentado desacreditar. En literatura, también se produjo un punto de inflexión, visible especialmente en la narrativa en la que hay una novela paradigmática, aparecida precisamente en 1975: La verdad sobre el caso Savolta. Con ella, debutó Eduardo Mendoza (Barcelona, 1943) quien, a partir de ese momento se convirtió en una figura imprescindible de la novelística española, sin olvidar sus incursiones en otros géneros, como el teatral ­–véase su Teatro reunido (Seix Barral, 1917)-, o el ensayístico, con títulos tan esclarecedores como ¿Qué está pasando en Cataluña? (Seix Barral, 1917).

La verdad sobre el caso Savolta obtuvo un éxito inmediato entre lectores y críticos –se alzó con el Premio de la Crítica-, y ya reflejó algunas de las características más señaladas del estilo y el universo mendociano –sobre todo una lograda mezcla entre lo serio y lo humorístico-, que ha ido desplegando en novelas como La ciudad de los prodigios, Sin noticias de Gurb, la trilogía Las tres leyes del movimientoEl rey recibe, El negociado del ying y el yang, y Transbordo en Moscú, protagonizada por el inolvidable personaje Rufo Batalla; y la serie comenzada por El misterio de la cripta embrujada en la que creó a un singular “detective”.

El escenario de numerosas novelas del Premio Cervantes 2016 es Barcelona, su ciudad natal que conoce a la perfección. A la Ciudad Condal regresa en su última y esperada novela, Tres enigmas para la Organización, una de las más divertidas de las suyas, en la que en un tour de forcé nos sirve una historia coral con nueve disparatados investigadores que deben resolver tres casos, tres enigmas que no parecen relacionados, o quizás sí, en una trama repleta de sorpresas. ¿Se resolverá la aparición de un cadáver en una pensión de mala muerte –y nunca mejor dicho- de las Ramblas, la desaparición de un millonario británico en su lujoso yate y las extrañas finanzas de Conservas Fernández?

Estamos en la Barcelona de 2022, como ya se nos sitúa en el arranque: “Barcelona, primavera del año 2022. En la calle Valencia, a escasos metros del Paseo de Gracia, refulgente de hoteles suntuosos y tiendas lujosas de grandes marcas internacionales, casi enfrente del pequeño pero simpático museo de antigüedades egipcias, donde no faltan momias, sarcófagos y tablillas, así como un número indeterminado de figuritas, se levanta un edificio estrecho, de estilo decimonónico, fachada de piedra gris con algunos relieves florales, balcones alargados con barandas de herraje y zaguán oscuro. No hay portero y es inútil pulsar el interfono”.

El edificio aloja curiosas oficinas: “Hoy son cuatro despachos distintos, cuyas actividades respectivas anuncian las cuatro placas, iguales en tamaño y letra. 2.º 1.ª Arritmia. Obesidad. Demencia. Todo lo cura el doctor Baixet. 2.º 2.ª Academia Zoológica Neptuno: Se adiestran simios. 2.º 3.ª Delitos fiscales, embargos, decomisos, expedientes. Borrachuelo & Associates. 2.º 4.ª Duró Durará. Reparación de lavavajillas, aspiradoras, planchas, cafeteras y demás efectos del hogar. Un observador perspicaz podría advertir que, pese a lo habitual de la oferta, a las cuatro oficinas apenas acude nadie, ni empleados ni clientes; y si alguien lo hace, hombre o mujer, procura pasar inadvertido, escudriña a derecha e izquierda antes de entrar en el edificio, y repite la maniobra al salir a la calle”.

La Organización a la que hace referencia el título es una entidad parapolicial creada en el franquismo y que malamente sobrevive en democracia, con unos extravagantes empleados, que no dejan de evocarnos a los célebres Mortadelo y Filemón de Francisco Ibáñez. En la Barcelona que ahora refleja Eduardo Mendoza –con alguna incursión en la novela a la Costa Brava-, se insertan en el trama, entre otras cuestiones, la inmigración, la masificación turística, el tolerado negocio de la prostitución... y asuntos tan de hoy como el uso de los móviles y las redes sociales.

Eduardo Mendoza es un maestro del humor inteligente. En su discurso al recibir el Premio Cervantes afirmó: “Quiero pensar que al premiarme a mí, el jurado ha querido premiar este género, el del humor, que ha dado nombres tan ilustres a la literatura española, pero que a menudo y de un modo tácito se considera un género menor. Yo no lo veo así. Y aunque fuera un género menor, igualmente habría que buscar y reconocer en él la excelencia”. Esa excelencia la posee el escritor catalán, que domina como pocos el humorismo, la parodia, volviendo aquí a la de la novela policiaca, la ironía y el sarcasmo –sin hacer mucha sangre-, y los ecos del esperpento valleinclanesco, lo que no le impide un toque barojiano, pues no olvidemos el confesado gusto de Mendoza por Pío Baroja, a quien dedicó una biografía y un volumen de la colección “Baroja y yo”, titulado Por qué nos quisimos tanto. Y precisamente se ha fijado especialmente en algo que no suele destacarse en el autor de El árbol de la ciencia: “Su profundo y sentido del humor fue y sigue siendo el mejor antídoto contra cualquier forma de sacralización”.

Y nada más lejos del espíritu de Eduardo Mendoza que la sacralización, quien, como nos confiesa en el citado discurso al recoger el Cervantes: “La lectura del Quijote fue un bálsamo y una revelación. De Cervantes aprendí que se podía cualquier cosa: relatar una acción, plantear una situación, describir un paisaje, transcribir un diálogo, intercalar un discurso o hacer un comentario, sin forzar la prosa, con claridad, sencillez, musicalidad y elegancia”.

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