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ENTREVISTA

Pedro Learreta: "El mundo del rock es un mosaico de experiencias lúdicas y emocionales de alto voltaje"

Pedro Learreta: 'El mundo del rock es un mosaico de experiencias lúdicas y emocionales de alto voltaje'
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José Manuel López Marañón
sábado 16 de marzo de 2024, 11:38h

Tras la reseña deSlavery Recordspublicada por EL IMPARCIAL el pasado 2 de marzo, entrevisto a su autor Pedro Learreta (Bilbao, 1967). Abogado y profesor de Derecho Civil en la Facultad de Derecho de la Universidad de Deusto, además de esta primera novela ha escrito George Martin y Brian Epstein (Editorial Alhulia, 2020). En el diario El Correo publica artículos culturales y relatos cortos.

ENTREVISTA CON PEDRO LEARRETA

  1. Toda gran novela es una novela de personajes. Aun resultando la galería de Slavery Records variadísima en su ensamblaje de personajes reales y de ficción (todos tienen una misma sólida entidad), hay que decir que SusanSlavery, aparte de ser urdidora e hilo conductor de tantas historias narradas desde su tienda de vinilos de segunda mano, es una absoluta protagonista perfectamente cincelada sobre la que ha puesto usted sabiduría y afecto.

Abogado de renombre y profesor de universidad… Y, en paralelo, arrojado creadorde unapersonalidad atormentada colgada de un pasado abarrotado de excesos, agobiada en su abrumador presente y sin demasiado futuro profesional ni personal. ¿Cómo se siente alguien de pisada firme en el sinuoso mundo jurídico prestando voz narrativa a una californiana con problemas de identidad, ex adicta a varios tóxicos, y que lleva una vida precaria llena de peligrosas tentaciones?

La verdad es que muy bien. La creación de personajes, en particular cuando se trata de una protagonista presente a lo largo de toda la novela como sucede con Susan Slavery, es una dedicación fascinante, casi absorbente en el proceso de escritura. Intuyo que al narrar se activan todos los mecanismos psicológicos de defensa del autor, que proyecta y sublima en el texto aspectos íntimos de su personalidad, pero también me doy cuenta de que, como creador de ficciones, a lo que el novelista aspira es a volcar sobre el relato sus gustos y sus inquietudes, dando vida a una persona que aúne atractivo, verdad, compasión y humor. Espero haberlo conseguido.

  1. Ya desde el capítulo [1] de Slavery Records, «Una tienda de discos», con la enumeración de seis fotografías (de gran formato y en blanco y negro) de otros tantos astros del rock and roll como son Otis Redding, Chuck Berry, Elvis Presley, Aretha Franklin, Little Richard y Jimi Hendrix, los gustos musicales de la propietaria de esa ya mítica tienda de vinilos de segunda mano quedan delimitados.

Aparte de esos músicos por el libro pululan de forma recurrente los Beatles, los Stones, Lou Reed o David Bowie por citar algunas irrebatibles filias de SusanSlavery. También sabe ella mostrarse inclemente con, por ejemplo, U2 (de Bono no soporta su pedantería) o Queen (se pone hiriente con la canción Radio Ga Ga), dos de sus fobias relevantes. No siendo un entendido debo decirle que tras acabar el libro he convertido a Susan en una segura guía para ampliar mi horizonte musical.

La pregunta es tan previsible como inevitable: el gusto musical de SusanSlavery, sus filias y fobias, ¿son fiel reflejo de las de su autor? En caso contrario: ¿En qué difieren?

En esto no hay trampa posible. Susan habla por mí, todo lo que ella dice acerca de grupos y artistas, discos y canciones, es lo que yo mismo pienso, hasta el punto de que, probablemente, muchas de las frases que pronuncia ella sobre el rock and roll habrán salido alguna vez de mi boca. No es ni tan siquiera una proyección, es una pura traslación de mis esquemas musicales. El gusto que la protagonista expresa hacia Dylan, los Beatles y los Stones, empezando por lo básico, es tan intenso y genuino como el que siente el autor. No obstante, las referencias y debilidades son en mi caso muchas, muchísimas más de las que caben en la novela; de hecho, lo que intenté fue recoger una cierta selección de bandas y obras relevantes que, al mismo tiempo, fueran razonablemente conocidas o, al menos, accesibles para el lector. No quise pasarme de listo ni jugar al esnobismo. Eso sí, las dos fobias por las que me preguntas vienen de antiguo y son incorregibles; cada vez que oigo que Bohemian Rapsody es la «mejor canción de la historia» o algo parecido me entran ganas de llorar. No puedo evitarlo, lo siento.

  1. Antes de Slavery Records quise leer Alta fidelidad de Nick Hornby. He visto luego su adaptación al cine hecha por Stephen Frears. Sin ser gran cosa la película me distrae, algo que el libro en contadas ocasiones consigue. En Championship Vinyl, tienda de discos que en la novela regenta Rob Fleming, ocurre lo interesante de Alta fidelidad que, para mí, pierde fuelle cuando su propietario sale de ella y se pone a enumerar obsesivamente sus poco duraderos ligues, bastante deprimentes, aunque, menos mal, evitando detallar proezas sexuales (quizá porque no las tuvo).

Sin embargo, usted despacha la crónica amorosa de su protagonista en un único capítulo –el [21], «Ellas, la banda»– donde, con no poca gracia, relata cómo las cuatro ex novias de la propietaria de Slavery Records contactan y quedan para montar un grupo musical. Su primer disco, Ellas, gusta a Susan. Tanto que decide acudir a uno de sus conciertos de presentación.

Por el homenaje a Nick Hornby, otro de los clientes admirables de Slavery Records, infiero que Alta fidelidad debe gustarle más que a mí. Muy centrada en la tienda y sintetizando las relaciones de Susan, pienso que su novela gana por goleada a la del inglés, a quien poca gana me queda de leer (lo contrario me sucede con usted).

¿Puede decirnos de qué manera Alta fidelidad dejó huella, tanto en su concepción como a la hora de redactar Slavery Records?

Muchas gracias por el elogio, de verdad. La historia de mi relación con Alta Fidelidades simple: primero vi la película, allá por el año 2000, y me divirtió, después leí el libro, que me gustó mucho más, y a partir de esa lectura descubrí a Hornby, cuyas novelas anteriores y posteriores me cautivaron por encima de Alta Fidelidad. El año pasado, mientras escribía la novela, revisité película y libro y he de decir que en ambos casos sufrí una considerable decepción, ya se sabe que el paso del tiempo puede ser cruel con nuestras viejas devociones. Si lo miro con la perspectiva que tengo hoy, tras la publicación de Slavery Records, es claro lo que Alta Fidelidad significó para mí: la posibilidad de combinar rock y literatura y la verosimilitud de hacer de la afición por la música un argumento o, al menos, un marco narrativo dentro del que construir un relato. Por eso señalo en los agradecimientos del libro que a Nick Hornby le debo que «me diera la pista». Así es como lo siento, como una puerta de acceso a la idea de ser escritor.

  1. El capítulo [24], «Luché contra la ley (y la ley ganó)», nos informa de cómo una impersonal corporación mercantil de Delaware es la propietaria real del inmueble que alberga la tienda de Susan. Su inquilina recibe una notificación para abandonarla en breve plazo al no haber satisfecho varias rentas. El Derecho asoma aquí mostrando su inflexibilidad, cargando sin delicadezas contra un tipo de negocio lleno de encanto y personalidad, pero en vía de extinción.

Además de autor de libros como este del que nos estamos ocupando, es usted socio de Garrigues, prestigiosa firma internacional de servicios legales y fiscales. Especialista en litigios tanto en materia civil como mercantil, y abogado de referencia en esta área, describir las penalidades sufridas por SusanSlavery debidas a esa contravención de su contrato de arrendamiento no ha debido generarle dificultades.

Dura lex, sed lex («La ley es dura, pero es ley») se esgrime en tantos casos… Pero a la hora de idearel lanzamiento de Susan, ¿se suscita algún choque frontal entre el abogado que conoce bien el Código civil y el autor que pone susentrañas a la hora de insuflar vida a un personaje tan díscolo y auténtico?

No, al revés, mi experiencia profesional me permite conocer de primera mano el abismo que separa en ocasiones la realidad jurídica de la vida «ordinaria», por llamarla de alguna forma, y soy capaz de identificar las injusticias que esa distancia entre ambos mundos puede comportar. En el caso de Susan me gustó la idea de ubicar a la inquilina, pertinaz incumplidora, frente a su tenaz acreedora, la poderosa empresa propietaria del local. Nos cae infinitamente mejor la primera que la segunda, pero a la vez sabemos que la empresa tiene razón, y aunque nos gustaría un desenlace amable para nuestra heroína, el derecho y la economía pueden ser inclementes, con frecuencia lo son. Colocar la historia de la tienda de discos en el extremo débil de esa balanza me pareció hermoso y cruel al mismo tiempo, y por ello, muy literario.

  1. Los estragos de drogas y alcohol quedan ejemplificados en figuras del rock como Keith Moon (el gran batería de los Who de vida desenfrenada que murió a los 32 años por una masiva ingesta de sedantes) o John Bonham (otro de los grandes bateristas del rock and roll –tocaba en Led Zeppelin–, alcohólico, que dejó este mundo a los 38 años por otro clásico: la aspiración de vómito).

SusanSlavery («niña buena de mamá o frustrada aprendiz de salvaje») tampoco está precisamente limpia de polvo y paja: desintoxicada tras años de alcohol y drogas de todo tipo, bebe y consume hierba, según ella puntualiza en el capítulo [15], con moderación. Este tipo de excesos asimismo aparecen durante el capítulo [17], donde una periodista musical amiga de Susan, Rashida, echa a perder su carrera profesional por culpa de la cocaína.

Parece que vivir la música con intensidad, ya sea componiéndola, tocándola, vendiéndola, oyéndola,oescribiendo sobre ella, conlleva importantespeligros. ¿A qué puede deberse que, dentro del mundo del arte, haya más víctimas en la dedicación musicalque en otras actividades creativas?

Es un asunto complejo, sin duda, y las respuestas sencillas son peligrosas, pues suponen casi siempre una simplificación. A mi modo de ver, el mundo del rock es un mosaico de experiencias lúdicas y emocionales de alto voltaje, por lo que la química y, en general, las herramientas de evasión o potenciación de la realidad, como el alcohol, potencian las vivencias asociadas al rock. La tentación de divertirse, o de hacer que la diversión dure más tiempo y sea más completa, resulta enorme, además de que en ocasiones pueda también ser fructífera en lo artístico. Sumemos a ello la sensibilidad extrema de algunos músicos, sobre todo los auténticos creadores, y tenemos un cóctel perfecto. Los peligros que el asunto comporta son evidentes, la historia del rock está plagada de tristes ejemplos.

6.En el capítulo [8], «Días de vino y rosas»,SusanSlavery resume lo que prefiere en un grupo de rock and roll: «música poderosa y letras sugestivas; potentes guitarras y, tras ellas, un bajo y una batería sólidos; una interpretación musical espontánea sin sumisión a los patrones almibarados de aquellos años; una sutil referencia a los clásicos con un ojo puesto en la actualidad; ciertos toques de psicodelia sin joder la esencia de una canción que es su melodía; y fuerza, energía a borbotones, sudor y rock and roll en cada poro de la piel».

Cuando escucho música moderna persigo eso, palabra por palabra. Por desgracia, en lo que hoy en día se hace apenas encuentro algo de aquello que tan generosamente habitual fue en las bandas y solistas de los sesenta, setenta y primeros años ochenta…

¿Cuál sería su acreditado diagnóstico sobre la música actual y que intérpretes y grupos puedesalvar para los lectores de EL IMPARCIAL?

El rock and roll está vivo, no ha muerto ni morirá. Se ha transformado la industria y se modifican las formas de hacer, es cierto, el público rejuvenece y pide cosas distintas, pero siempre hay una banda, una canción, un concierto que nos conmueve y que, por decirlo de una forma simbólica, nos recuerda que Elvis hizo su trabajo por y para algo, o sea, que Elvis está vivo. Hay infinidad de artistas interesantes en el panorama musical vigente, por fortuna. Además de muchos clásicos aún en activo, me quedo con gente como Jason Isbell, Ryan Adams, Leon Bridges o Conor Oberst, en América, o con Richard Hawley o los Villagers, en las islas británicas, por citar unos pocos ejemplos de músicos que me parecen sobresalientes.

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