El 13 de mayo se publica el libro Flores y ruina. Antología de relatos sobre el desamor (Dos Bigotes), que reúne a quince autoras y autores bajo una premisa común: el final del amor unido a la presencia de las flores. El asombro y el desvelo recorren las historias, firmadas por algunos de los nombres más destacables de la narrativa actual española, que abordan este gran tema desde diferentes ánimos y lugares.
En el libro se dan cita autoras y autores que se estrenan en Dos Bigotes. Es el caso de Aida González Rossi (Leche condensada), Alba Carballal (Bailaréis sobre mi tumba), Lola Tórtola (Los dioses destruidos, accésit del Premio Adonáis), Layla Martínez (Carcoma), Mara Mahía, Flor M. Yustas, Ignacio Vleming, Alejandro Albán (Solo los valientes), Juan Gallego Benot (ganador del II Premio de Poesía Joven Tino Barriuso por Oración en el huerto), Álvaro Llamas y Luis Bravo, el antólogo e ilustrador del libro, junto a voces que ya han sido publicadas en el sello editorial madrileño: Vanina Bruc, Julen Azcona, Dimas Prychyslyy y Bruno Ruiz-Nicoli.
Los relatos traen atractivas situaciones y escenarios: un jardín italiano en penumbra que no permite recibir visitas, la carta dirigida a la amante para intentar desenredar su nombre del pasado compartido, el misterio de un perro y su amo hacia otra pareja, una tumba rodeada de los testigos de un amor prohibido, un cabaré donde brotan el lujo decadente y las heridas remotas.
En palabras de Luis Bravo, ‘el relato era el formato que mejor se ajustaba por su carácter concentrado y libre, por aunar la síntesis de la lírica y la evocación de la prosa.’ Cada uno, cada autor, lleva asignada una flor —dibujada en la página que abre cada relato—, ello debido a que las flores, ‘en su infinita razón y utilidad, despliegan todo su poder de fabulación en el solo instante en que uno decida reparar en ellas. Naturalmente, esa labor debía ser parcelada en episodios que recogieran ese acompañamiento de sentimientos tristes envolviendo el aroma o la atracción o el nombramiento ya sugerente de las mismas’, apunta el antólogo en el epílogo del libro.
Una antología, en definitiva, que intenta poner nombre a lo que se repite sin agotar su conmoción en nosotros, actuemos o no en consecuencia, condenándonos a la desaparición o a recuperar los restos que naufragaron. Todo sea por componer emociones fuertes e intensas, dando sentido a la palabra literatura.