El Parralejo ha elegido unos toros bien hechos. Altos, con velamen considerable, pero mansos de solemnidad. Abantos, iban al caballo desganados, salían sueltos, esperaban a los banderilleros. Se desmonteraron Jesús Díez El Fini y Vicente Herrera. También se destacaron dos varilargueros: Juan Melgar y Santiago Chamorro. La mansedumbre y la tendencia de los diestros a buscar agua en pozo seco, acabaron en una tarde larga y tediosa. No hubo ni una estocada en condiciones.
Miguel Ángel Perea logró un aviso en medio de la faena a su segundo, Bienmesabe (4° 9/18). Un bello toro no quería pelea y creó una confusión: Perera hizo el quite por chicuelinas antes del otro puyazo reglamentario. La faena seria, asentada y con series ligadas casi a la perfección. Mas… tan larga como un día sin pan, dirían los clásicos. Los detalles bellos se perdían igual que con Hostelero (2º 10/18), a quien llevaba muy ceñido, a pies juntos, pero no remató la obra.
Alejandro Fermín quiso hacer lo mejor el día de su confirmación. Sin embargo, Escultor (1º 10/18) tuvo pocas ganas de pelea y buscaba al diestro. A cambio Gestor (6° 9/18) iba como un tiro y sólo pararlo hubiera sido un logro. Fermín le ofreció la muleta por ambas manos, alargando los naturales.
Zaherido (3° 12/18) fue protestado por delgaducho. Paco Ureña se hizo con él desde los primeros capotazos, pero con la muleta el malaje no regaló nada, más bien quitó el brillo a la obra de Ureña: se tumbó al albero y la cuadrilla le echó valor para levantarlo agarrando por los pitones. Ostrero (5° 2/19) al pisar el albero se afanó en dos cosas: mugir y buscar el refugio de las tablas. Ureña lo abordó con elegantes y eficaces doblones. Firme, ofreció la pañosa trató de suplir la mansedumbre con su valentía, pero el marrajo se puso muy peligroso a pocas series. Había que abreviar.