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ORIENT EXPRESS

La guerra no se decidió en Normandía

Ricardo Ruiz de la Serna
domingo 09 de junio de 2024, 20:20h

Esta semana se ha conmemorado el 80º aniversario del desembarco en Normandía. A la ceremonia en la playa de Omaha acudieron 200 veteranos y decenas de líderes mundiales. La cifra de participantes en las celebraciones de la mayor operación anfibia de la historia asciende a aproximadamente un millón de personas. La elección de Omaha no es casual: allí fue donde los aliados sufrieron el mayor número de bajas. El resultado de esta operación aceleró el fin de la guerra, distrajo recursos y tropas del ejército alemán y allanó el camino hacia Alemania. Junto a los desembarcos en Italia y en el sur de Francia, permitió la liberación de Europa Occidental en pocos meses. Fue, sin duda, una de las grandes victorias aliadas.

Pero la guerra no se ganó en Normandía.

Hasta 1941, el Eje parecía invencible en Europa. Aquel año hubo dos acontecimientos decisivos. El primero fue la invasión de la Unión Soviética por parte de Alemania y sus aliados el 22 de junio. El segundo fue el bombardeo de Pearl Harbor -el 7 de diciembre- y la consiguiente entrada de los Estados Unidos en la guerra el 8 de diciembre. Sin embargo, cuando tuvo lugar el ataque japonés, los ejércitos alemanes ya estaban atascados ante Leningrado y Moscú. La Operación Barbarroja estaba fracasando.

Sin duda, la aportación estadounidense a la victoria final sobre el Eje fue crucial: tropas, armamento, vehículos, equipos… En estos días, toda Europa ha recordado el esfuerzo estadounidense, así como el de otros países como Canadá, Nueva Zelanda y, por supuesto, el Reino Unido. Sin embargo, todo eso hubiese sido insuficiente sin el colosal sacrificio de los pueblos de la Unión Soviética y, digámoslo claramente, del pueblo ruso.

Hay algo sospechoso en ese entusiasmo por la victoria aliada de 1944. El motivo de sospecha no es lo que se dice, sino lo que se omite: la derrota alemana en la URSS había sellado el destino de la guerra. En el invierno de 1941 se detuvo el avance. En el invierno de 1942, ante Stalingrado, Alemania sufrió tal golpe militar y moral que ya no se recuperaría. Las operaciones Ciudadela (julio de 1943) y Bagration (julio y agosto de 1944) sentenciaron al régimen de Hitler. A partir de la batalla de Kursk (5-16 de julio de 1943), el Reich sólo libra batallas defensivas para intentar detener el avance soviético. Las iniciativas alemanas tendentes a alcanzar una paz por separado con los aliados occidentales se debieron precisamente a esa consciencia de un fracaso en ciernes.

Unos 27 millones de ciudadanos soviéticos, civiles y militares, murieron durante la Segunda Guerra Mundial. El Ejército Rojo sufrió un número terrorífico de bajas: uno de cada cuatro soldados murió en combate. Rusia Occidental, Bielorrusia y Ucrania quedaron literalmente arrasadas por la ocupación y los combates. De los heridos ni hablemos. No hay familia rusa que no cuente un muerto, un lisiado o un prisionero. El sufrimiento de los pueblos de la URSS hizo que Alemania sufriese una derrota determinante del hundimiento del Reich. Fue un soviético quien lideró al alzamiento del campo de Sobibor. Fueron los soviéticos quienes liberaron Auschwitz. Fueron los soviéticos quienes lucharon en Berlín calle a calle.

No se trata de iniciar una competición para ver quién sufrió más en una guerra atroz, pero sí de situar los acontecimientos históricos en la dimensión adecuada. La guerra no se ganó en Normandía aunque, sin el desembarco, hubiese durado más y las pérdidas aliadas hubiesen sido mayores. Ahora bien, sin la resistencia soviética, sin el aterrador precio en muertos que pagaron sus pueblos (y que pagó el pueblo ruso) seguramente el Reich hubiese durado mucho tiempo. Hitler se equivocó al invadir la URSS. Sus servicios de inteligencia tenían información incompleta y, en ocasiones, directamente equivocada o falsa. En la Europa ocupada operaban redes de resistencia comunista que se activaron tan pronto como el Reich invadió la URSS mientras que los nazis no tenían nada parecido. Esas redes, por cierto, también sirvieron a los aliados occidentales en Francia, en Italia y en otros lugares.

La victoria en Normandía fue un éxito sin paliativos, pero no fue allí donde se decidió la guerra.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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