www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TEATRO REAL

Fulgurante estreno del ballet Don Quijote: un romance de amor y aventura

Fulgurante estreno del ballet Don Quijote : un romance de amor y aventura
Ampliar
(Foto: Javier del Real / Teatro Real)
viernes 28 de febrero de 2025, 17:25h
Actualizado el: 28 de febrero de 2025, 20:34h

Ayer, 27 de febrero, la Compañía Nacional de Danza presentó en el Teatro Real el ballet Don Quijote, uno de los más famosos del repertorio clásico, con música del compositor checo Ludwig Minkus (1826-1917), en la versión del coreógrafo José Carlos Martínez y que fue estrenada por la misma compañía en el Teatro de la Zarzuela en 2015. La dirección artística, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real, corre a cargo del maestro Manuel Coves. El público aplaudió entusiasmado esta versión, que explota al máximo el potencial de la obra y exhibe un exquisito despliegue de sonido, danza y colorido.

José Carlos Martínez ha elegido este título para inaugurar el regreso del ballet de repertorio a la Compañía Nacional de Danza; en parte porque han pasado cuatro siglos desde la escritura del segundo tomo de la inmortal obra de Cervantes, que relata el famoso episodio de la lucha del pintoresco personaje contra los molinos de viento, y en parte porque es uno de los grandes títulos de la historia del ballet clásico junto con el Lago de los cisnes. Ambos salieron originalmente de la mente del coreógrafo Marius Petipa, al igual que lo hicieron La bella durmiente, El cascanueces o La bayadera. El ballet de El Quijote es en realidad una visión muy personal del mítico personaje de la literatura en ojos de este genio de la coreografía: como artista francés emigrado a Rusia vio España, su literatura y su folklore desde un prisma determinado, que, no obstante, resulta bastante ajustado. Minkus por su parte consiguió componer de forma muy convincente numerosos ritmos españoles: jotas, seguidillas, boleros, fandangos…

Por lo tanto, Petipa no aspiró, en el sentido apuntado, a tratar de forma fidedigna el argumento de la novela cervantina, y mucho menos reflejar su filosofía o ahondar en su pensamiento sobre la condición humana. En su lugar, es la figura misma de don Quijote la que, en compañía de la de su lancero Sancho Panza, sirve como excusa para un simple divertimento que, partiendo de la faceta más cómica y caricaturesca, no exenta de idealizada y absurda heroicidad, de ambos personales, consigue fabricar una obra vibrante que se sirve de la danza clásica para expresar acciones y emociones, donde los movimientos de los personajes hablan mejor que lo harían las propias palabras. Aquí hay que apuntar que José Carlos Martínez recurre constantemente a la gestualidad para apoyar el argumento del ballet y dar coherencia a la sucesión de números, de variado registro, que van apareciendo encadenados uno tras otro.

Desarrollando un poco el tema de los registros (concepto que guarda un ligero paralelismo con el de los cantantes de ópera), don Quijote (en la escena, el alcoyano Isaac Montllor) se caracteriza por servirse de expresiones grandes y amplios movimientos de brazos, como si persiguiera la batalla por el bien allá por donde va. A veces sus pasos parecen algo descoordinados, como corresponde a un personaje que vive otra realidad fruto de su locura. A su lado, los movimientos de Sancho Panza son burdos -reflejando su carácter sencillo y su mente poco cultivada-, cómicos y burlones -propios de un personaje de sátira fácil-, pero también cortos, para poner de manifiesto su pensamiento realista. La interpretación, a cargo de Jesús Florencio, del Ballet Nacional de España, suscitó la simpatía y el apoyo del público.

Lo cierto es que don Quijote actúa en el argumento como mediador entre los personajes principales, propiciando su desenlace feliz. Su fama sirve de excusa para narrar el romance entre Quiteria y Basilio, relación que no cuenta con la aprobación del padre de ella, porque él desea que su hija case con Camacho.

La danza de la bailarina protagonista (Giada Rossi) es ágil, enérgica y audaz, destacando “La gran variación” en el tercer acto: la sucesión de rapidísimas piruetas con un final en absoluta quietud es de quitar el aliento. Su compañero de reparto, Basilio (encarnado por Yanier Gómez Noda), exhibe, sobre todo a partir del segundo acto, enormes saltos y rápidos giros, como el célebre grand jeté en tournant, con los que no solo declara su ardiente amor, sino que evidencia una extraordinaria destreza como bailarín. El conocido pas de deux, en el que ambos danzan a dúo, es uno de los momentos más intimistas y atractivos de la obra, lleno de giros, piruetas y portés (él sostiene a su pareja en posturas que parecen imposibles, por la flexibilidad, destreza y porque desafían el principio del equilibrio). En suma, ambos bailarines exhibieron un clasicismo virtuoso y acabado.

El tercero en la lid amorosa y finalmente derrotado Camacho es interpretado por el bailarín Álvaro Madrigal. Su registro consiste en movimientos cursis, ampulosos y falsamente sofisticados, con pequeños, rápidos y ridículos saltos que revelan una personalidad fatua y narcisista.

Con todo, una de las escenas más emblemáticas es el Sueño de Don Quijote en el segundo acto, en donde el personaje, tras resultar herido en el episodio de los molinos de viento, sueña con Dulcinea y con seres mágicos: la escena incluye “La danza de las cigüeñas”, donde un grupo de bailarinas con maillots y tutús clásicos bicolor en degradé interpretan uno de los números más clásicos de la obra (más tarde, en el número flamenco, el taller de la Sastrería Cornejo, que es el responsable del vestuario, recurrirá a los vistosos tutús en otra versión cromática del degradé). La escena donde interactúan don Quijote y Dulcinea es bellísima. Ella (Elisa Ghisalberti) aparece tapada con un larguísimo tul blanco y don Quijote descubre su rostro.

Destacó Kayoko Everhart en el rol de Mercedes, la amiga de Quiteria; un papel secundario, pero con mucha presencia, esencial para la cohesión argumental y el movimiento escénico, con solos destacables dentro de los números grupales.

Pero, sin duda, la gran vistosidad del ballet Don Quijote, como en muchos otros del repertorio clásico, se debe a los números en grupo, donde pesa más el color y la alegre animosidad (en la taberna, durante la danza de los toreros, la escena de los gitanos, el acto final…). Estos números son indispensables para dar vida al ballet y aportarle movimiento.

El Quijote se representará en el Teatro Real hasta el 2 de marzo.

Ficha artística (bailarines)

Quiteria:Giada Rossi

Basilio: Yanier Gómez Noda

Dulcinea: Elisa Ghisalberti

Don Quijote:Isaac Montllor

Sancho Panza: Jesús Florencio (BNE)

Mercedes: Kayoko Everhart

Espada: Juan José Carazo

Camacho: Álvaro Madrigal

Cupido: Daniella Oropesa

Padre de Quiteria: Javier Serrano

Jefe de los gitanos: Anthony Pina

Amiga: Laura Pérez Hierro

Amiga: Shani Peretz

Cura: Adrián Maqueda (BNE)

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(0)

+
0 comentarios