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CRÍTICA

Éxito rotundo en el Teatro Real de la ópera mozartiana Mitridate, re di Ponto

Éxito rotundo en el Teatro Real de la ópera mozartiana Mitridate, re di Ponto
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lunes 24 de marzo de 2025, 18:20h
Actualizado el: 25 de marzo de 2025, 10:44h
El Teatro Real ha vuelto a presentar otra de las óperas serias de Mozart. Pasados apenas dos meses del estreno en concierto de su Idomeneo, sorprende al público de Madrid con una acabadísima producción de Mitridate, re di Ponto, que cuenta con un elenco extraordinario de artistas y una puesta en escena atractiva y convincente.

El de anoche tuvo todos los ingredientes de un estreno para permanecer en la memoria del público. Veinte años han sido necesarios para volver a ver programada esta ópera en el coliseo madrileño (el primer estreno en España tuvo lugar en el Real Coliseo Carlos III de El Escorial en junio de 1997). Hace veinte años lo hacía en versión de concierto bajo la dirección de Marc Minkowski y la agrupación de Les grands musiciens du Louvre. Ahora se ofrece en una coproducción de la Ópera de Frankfurt, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona (en estos teatros ya ha sido presentada) y el Teatro San Carlo de Nápoles. La puesta en escena, de Claus Guth, está inspirada en la famosa serie de televisión Succession, mientras que el maestro Ivor Bolton, uno de los mejores intérpretes mozartianos del panorama mundial, ha sido el elegido para dirigir en esta ocasión la Orquesta Titular del Teatro Real. No es la primera vez que ambos directores unen sus destinos en Madrid, pues en los últimos años han colaborado con gran éxito de asistencia y crítica en Orlando (2023), Las bodas de Fígaro (2022), Don Giovani (2020), Lucio Silla (2017 y Rodelinda (2017).

Mozart viajó a Milán por primera vez 1769. Lo hizo en compañía de su padre y su intención era familiarizarse con el arte de la ópera seria. Mitridate, re di Ponto, compuesta en la ciudad con apenas catorce años -y sin saber italiano- sobre un libreto inspirado en la tragedia de Racine sobre el mismo rey y compuesto por Vittorio Amadeo Gigna-Santi, gozó de un fulgurante estreno en 1770 en el Teatro Regio Ducal; las entradas se agotaron rápidamente en las veintiuna funciones programadas. Entonces, la asignación de las voces fue la siguiente: el tenor Guglielmo d’Ettore fue Mitrídates VI (rey del Ponto), la soprano Antonia Bernasconi fue Aspasia, la prometida de Mitrídates. Los dos hijos de éste fueron los castrati Giuseppe Cicognani (hijo mayor) y Pietro Benedetti (hijo menor), mientras que el también castrato Pietro Muschietti dio vida a Arbate, gobernador de Ninfea. Finalmente, el tenor Gasparo Bassano fue Marzio y la soprano Anna Francesca Varese, Ismene, princesa de los partos.

Como puede deducirse de la relación anterior, el elenco originario respetó la “carta” clásica de siete personajes -algo tradicional en la ópera seria-, cada uno de los cuales tenía una función dramática invariable además de un registro vocal constante. El dirigente -o el dios, según el caso- corría a cargo de la voz de tenor. Los dos personajes siguientes en importancia, normalmente rivales en la escena, eran interpretados por castrati (primer y segundo cantante), mientras que las voces de las mujeres (prima donna y segunda donna), casi siempre en el origen del conflicto personal entre los anteriores, pertenecían a sendas sopranos. Hay que tener en cuenta que en la época no existían las subdivisiones de las voces (mezzosoprano, barítono...) que, aunque empiezan a diferenciarse en el siglo XVIII, no se aplican de forma habitual hasta el siglo XIX. En resumen, el compositor distribuía los roles entre los cantantes como si de las figuras de una baraja se tratara. Antes había comenzado a desarrollar, a partir del libreto encomendado (con frecuencia éste había ya sido utilizado por otros compositores), los recitativos. Estos conformaban el esqueleto argumental de la obra, lo que mucho después recibiría el nombre de libro de escena. La parte recitada se entregaba a la dirección del teatro y era entonces cuando comenzaba la selección de cantantes.

En cuanto a las normas del drama, venían fijadas por el libreto, pero era el compositor quien decidía el desarrollo definitivo de la obra. Precisamente es aquí, en el desarrollo de la obra, donde Mozart nos muestra otra faceta de su genio irrepetible además de la estrictamente musical. Supo huir de las anticuadas convenciones monolíticas de la ópera seria y enriquecer ésta distinguiendo claramente los sentimientos de los personajes, a la vez que dotándola de mayor contenido; caracterizando, por ejemplo, con una precisión extraordinaria, las figuras femeninas. Esta cualidad iría perfeccionándola en óperas posteriores: Constanze, Doña Anna, Fiordiligi o la Reina de la Noche.

La presente producción respeta en líneas generales la asignación de personajes inicial del genio salzburgués. Para Farnace se ha mantenido a un contratenor contralto en la función de castrato (en la escena, Franco Fagioli). Sin embargo, para Sifare se ha preferido a una soprano mujer en lugar de un contratenor, seguramente para contrastar timbres, colores y tesituras, dado que Sifare es un personaje juvenil y requiere una voz más alta que la de su hermano Farnace. Otra de las claves en la época eran los binomios joven-voz aguda y viejo/a – voz grave.

Hacer distinguibles entre sí las voces agudas -así como las graves- resulta muy complicado, pero Bolton lo ha solucionado muy bien mezclando contratenores y sopranos. Además, asignando el papel del hijo menor a una soprano mujer ha conseguido empastar a la perfección las voces en el famoso dúo entre Sifare, el hijo menor del rey, y Aspasia, la prometida de éste.

De hecho, la ejecución del famoso dúo es uno de los momentos más conseguidos de esta producción y uno de los más ovacionados ayer junto con el aria del mismo personaje (le da vida la soprano danesa Elsa Dreisig), aria acompañada de un solo de trompa ejecutado sobre el escenario. Otro de los momentos fuertes de la velada fue el aria de Aspasia al final del Acto II (“Nel grave tormento”) cantada por la soprano Sara Blanch, que exhibió una decidida y cuidada agilidad junto con unos agudos bellísimos. Perfecta, sin más calificativos, y así lo reconoció el público, estuvo la soprano valenciana Marina Monzó como Ismene. En definitiva, todos los cantantes son buenísimos y dotados de gran versatilidad. No es muy habitual ver tanto talento reunido en una misma producción.

La escena convenció: movimiento escénico constante -aunque éste se consiga preparándose una raya de cocaína-, con un bonito manejo de la ambientación, el color y la proporción. Sorprende negativamente que todos los personajes pasen la mayor parte del tiempo emborrachándose en la lujosa mansión de estilo contemporáneo que sirve de marco escénico. Las copas las sirve un perfecto mayordomo a la inglesa (mucho más que un figurante y aplaudido al final por el público), sin parecer importar, para este menester, que el Ponto libre batallas continuas para rechazar su conquista por Roma.

Elenco de cantantes

Mitridates: Juan Francisco Gatell (23, 26, 28 mar; 1, 4, 8 abr) y Siyabonga Maqungo (25, 30 mar; 5, 9 abr).

Aspasia: Sara Blanch (23, 26, 28 mar; 1, 4, 8 abr) y Ruth Iniesta (25, 30 mar; 5, 9 abr).

Sifare: Elsa Dreisig (23, 26, 28 mar; 1, 4, 8 abr) y Vanessa Goikoetxea (25, 30 mar; 5, 9 abr).

Farnace: Franco Fagioli (23, 26, 28 mar; 1, 4, 8 abr) y Tim Mead (25, 30 mar; 5, 9 abr).

Ismene: Marina Monzó (23, 26, 30 mar; 1, 4, 8 abr) y Sabina Puértolas (25, 28 mar; 5, 9 abr).

Marzio: Juan Sancho (23, 26, 28 mar; 1, 4, 8 abr) y Jorge Franco (25, 30 mar; 5, 9 abr).

Arbate: Franko Klisović Mayordomo y José Luis Mosquera.

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