Pierre Lemaitre (París, 1951) comenzó su carrera literaria haciéndose un hueco en el competitivo ámbito de la novela policiaca -muy de su gusto, como demostró en Diccionario apasionado de la novela negra-, en la que creó el personaje de Camile Verhoeven, comandante de la Brigada Criminal de la Policía de París, que se enfrentaba a complicados casos. La serie protagonizada por este singular detective, cuya corta estatura -su madre, adicta compulsivamente al tabaco, le condenó a una hipertrofia fetal que le impidió crecer- nada tiene que ver con su talento investigador, sino todo lo contrario, y que desconfía del ser humano, se inició con Irene -aparecida en Francia en 2006 y en España en 2015-, Álex, Roxy & John, y Camille, publicadas en español en Alfaguara, excepto Álex, en Círculo de Lectores y Grijalbo.
La incursión de Lemaitre fue muy bien acogida por los lectores, pero el escritor galo decidió cambiar de registro, si bien ha confesado que no descarta en absoluto volver a sus orígenes. En su nueva andadura, ideó la trilogía Los hijos del desastre, formada por Nos vemos allá arriba, Los colores del incendio y El espejo de nuestras penas, que se centra en el periodo de entreguerras y pone a la familia Péricourt en primer plano.
Sin duda, el éxito inmediato de crítica y público, obteniendo la primera entrega, Nos vemos allá arriba, el premio Goncourt en 2013, le animó a continuar por el camino de la exploración histórica y las sagas familiares. Así, se sumergió en la escritura de una nueva serie que se proyectó como una tetralogía bajo el título de Los años gloriosos. En 2022 vio la luz El ancho mundo, y al año siguiente El silencio y la cólera. Y ahora nos llega Un futuro prometedor, a la espera de un último volumen, que se prevé aparezca en Francia en 2026. De momento podemos disfrutar de la trilogía Los hijos del desastre y de las tres entregas de Los años gloriosos, de la mano de Salamandra, que nos las sirve en excelentes traducciones.
En Los años gloriosos, Pierre Lemaitre prosigue su indagación en el siglo XX, aunque será acompañando a otra familia, los Pelletier, dueños de una fábrica de jabón en Beirut. En Un futuro prometedor, corre el año 1959 y el matrimonio Pelletier ha vendido el negocio y se ha instalado en la campiña francesa, donde parecen ser felices y les visitan sus tres hijos y sus numerosos nietos. Pero la tranquilidad no va a durar, como se anticipa en su arranque: “Colette observaba la granja con detenimiento, como si la acechara un peligro que no identificaba. Lo tenía delante, lo sabía, pero miró inquieta hacia un lado y aguzó el oído. En el campo, sólo se oía el zumbido de las moscas y el murmullo intermitente de las hojas de los castaños”.
El panorama político nacional e internacional no es precisamente halagüeño, con la Guerra Fría en toda su pujanza. En estas circunstancias, uno de los hijos de la pareja, François, acepta embarcarse en una misión en la Praga de detrás del Telón de Acero. La propuesta le resulta excitante, pues “de joven se había imaginado como corresponsal de guerra, enviado especial a teatro de operaciones, misiones estimulantes y peligrosas en las que te ves obligado a tomar decisiones constantemente”. Y, en efecto, en esa Praga acechará el peligro por todas partes. ¿Logrará sortearlo François?
En sus novelas, Lemaitre consigue que, a pesar de la proliferación de acontecimientos, aventuras y personajes, la lectura sea fluida, pues es un consumado narrador, que ha dado un nuevo y moderno impulso a lo mejor del folletín que tenía enganchados a los lectores del siglo XIX, que buscaban ansiosos la siguiente entrega en el periódico, medio en el que solían publicarse. Y combina drama y comedia, tristeza y alegría generando un gran fresco por el que pasean logrados personajes. Confeso admirador del folletín decimonónico, de Balzac y sobre todo de Émile Zola, creador de la monumental saga de los Rougon-Macquart, Lemaitre no cae en el determinismo social de su compatriota, pero no le va a la zaga en que nos atrapen las peripecias de una saga familiar. Y en Un futuro prometedor con un toque de novela de espionaje, en la línea de Le Carré. Entretenimiento asegurado para gratos momentos de lectura.