Que se puede ser una diva del canto lírico y al mismo tiempo una seguidora de Lady Gaga lo ejemplifica el caso de la soprano Asmik Grigorian, que en una entrevista concedida recientemente a un diario español ha confesado que antes de sus actuaciones vocaliza con música de la artista neoyorquina. Anoche la soprano lituana deleitó al público del Real con un magistral recital de romanzas y canciones de los compositores rusos Chaikovski y Rajmáninov, con acompañamiento al piano por el ruso-lituano Lukas Geniušas.
Grigorian es ya una habitual del coliseo madrileño. En noviembre de la temporada pasada ofreció otro recital, también de música romántica pero centrado en arias de la ópera italiana. Ese recital seguía a su primera actuación en la entidad en noviembre de 2020, en plena pandemia por la Covid, en la que cantó el rol titular de la ópera Rusalka, de Dvořák, en una producción firmada por Christof Loy (de este director la entidad traerá el próximo noviembre dos óperas de Bartók, El mandarín maravilloso y El castillo de Barbazul). Con aquella ópera la soprano se descubrió ante el público madrileño, que rápidamente la adoptó como una cantante de referencia. La prensa especializada alabó su magnetismo en escena y su capacidad de pasar de la fragilidad a la intensidad dramática sin sacrificar la pureza de su voz. Estas cualidades han sido confirmadas recientemente durante su intervención como Desdémona en el Otello de Verdi en el mes de septiembre (papel alternado con la soprano italiana Maria Agresta), donde ha sabido llevar a su terreno una partitura más pensada para una soprano lírica spinto que para su registro de lírica pura -si bien su voz tiene la redondez y oscuridad suficientes para abordar el papel-, haciendo gala de una versatilidad, frescura y calidad escénica extraordinarias.
Anoche la soprano de Vilnius brilló durante la ejecución de su selección de romanzas y canciones rusas. Su recital, del que se ha dicho que “consagra un viaje de Occidente a Oriente”, dio comienzo, durante la Parte I, con producción de Piotr Ilich Chaikovski (1840 – 1893), compositor que durante la segunda mitad de siglo se volcó en el género de la romanza rusa -un trasunto profundamente eslavo del lied alemán-, pensada inicialmente para salones o recitales privados más que para grandes salas de concierto. Entre las piezas interpretadas destacó la romanza inicial “Sred shumnovo bala” (En el tumultuoso baile -1878-), sobre un texto de Tolstoy, perteneciente al ciclo nº 38 (este ciclo coincidió con la crisis personal del compositor tras su matrimonio fallido). La composición, que describe la tristeza interior del individuo en contraste con el bullicio social acentuando el sentimiento de soledad, destaca por sus portamentos y su ritmo con reminiscencias de la danza eslava. Le siguió “Snova kak prezhde odin” (De nuevo, solo como antaño -1893-), del ciclo nº 73, una romanza escrita por el compositor poco antes de su muerte que cierra su trayectoria de soledad existencial y que bien podría calificarse de testamento lírico. Los temas “Niet, tolko tot, kto znal” (No, solo el corazón solitario) y “Sleza drozhit” (Una lágrima tiembla), auténticas confesiones emocionales pertenecientes al ciclo nº 6, de 1869, completaron un ambiente cargado de intimismo, sinceridad y melancolía, con melodías breves, sencillas y directas. A continuación, Lukas Geniušas, pianista reconocido en el nivel internacional por su virtuosismo, ofreció Romance en Fa menor para piano, op. 5 y Scherzo humoristique, op. 19, nº 2, tema éste que preparó el ambiente para una producción de Chaikovski con un tono anímico distinto: “Blagoslavlyayu vas, lesa” (Os bendigo, bosques), op. 47, nº 5, y “Ne sprashivai” (No preguntes), op. 57, nº 3.
Del célebre Serguéi Rachmáninov (1873-1943), discípulo de Chaikovski, Grigorian cantó algunas de sus canciones más conocidas, como “Ne poy, krasavitsa, pri mne“, op. 4, nº 4 (No cantes, mi amor), de 1890, una pieza impregnada del recuerdo melancólico basada en un poema de Pushkin, y, en claro contraste anímico, “Vesenniye vody”, (Agua de manantial) op. 14, nº 11 (1896), donde la soprano evidenció, no solo la perfección de su técnica vocal, sino también su control magistral de la dinámica en el canto. Esta Parte II dedicada a Rachmáninov se cerró con una pieza de sus Catorce canciones, “Dissonance”, op. 14, nº 13. En total, Grigorian ofreció doce canciones este compositor, si se cuenta la de propina: “Ne ver' mne, drug“ (No me creas, amigo), también sobre texto de Tolstoy, perteneciente a la colección nº 14 (Doce canciones). En el intermedio de este segundo período del recital Geniušas desplegó sobre el piano toda su habilidad técnica tocando los Preludios nº 12 y 13 (Trece preludios, op. 32).
En resumen, durante el recital de anoche, más exigente por su aspecto expresivo que por su dificultad vocal, Asmik Grigorian ofreció un viaje concentrado por las canciones de dos grandes compositores rusos, Chaikovski y Rajmáninov, durante el que evidenció un control de la palabra y la densidad emocional con el primero de los autores, para ir ganando en contenido dramático con el segundo. La compenetración y complicidad con el pianista Lukas Geniušas fue total y estableció un diálogo fundamental con el que se consiguió reforzar la estructura y el carácter de cada uno de los temas.