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GASTRONOMÍA

Crónica gastronómica: mermeladas ecológicas

Crónica gastronómica: mermeladas ecológicas
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miércoles 26 de noviembre de 2025, 14:14h
Actualizado el: 26/11/2025 17:34h

Las mermeladas son uno de esos productos que parecen estar siempre con nosotros, en la mesa del desayuno o acompañando a un buen queso, pero pocas veces nos detenemos a pensar en su historia.

Aparentemente, su origen se remonta a Inglaterra, cuando los barcos que llegaban desde España transportaban cítricos (especialmente naranjas sevillanas), que debían conservarse durante más tiempo. Alguien tuvo la idea de cocer la fruta con azúcar, dando lugar a una preparación deliciosa y duradera. Aquel gesto, nacido de la necesidad, fue el inicio de una tradición que pronto se extendió por toda Europa.

Con el tiempo, la técnica se perfeccionó, y hoy prácticamente cada país elabora sus propias mermeladas con las frutas de su entorno: fresas en Francia, frutos del bosque en Escandinavia, guayabas en América Latina, o higos y cítricos en el Mediterráneo. Lo que comenzó siendo una fórmula de conservación, se ha transformado en un lenguaje gastronómico universal.

Durante muchos años, las variedades eran pocas, principalmente naranja, fresa, albaricoque o melocotón. Pero en la actualidad, la cocina creativa ha multiplicado las posibilidades. Hoy existen mermeladas que incorporan todo tipo de sabores (vino tinto, calabaza, jengibre, lavanda, chile…), reflejando la enorme libertad que caracteriza a la cocina actual. Son un ejemplo perfecto de lo que llamo la “cocina de la libertad”: una gastronomía sin límites, abierta a la experimentación y a la mezcla de sabores y texturas.Mermeladas ecológicas Rustic Queen.

Entre la tradición y la innovación

Algunas marcas históricas siguen siendo referentes en todo el mundo. Hero, por ejemplo, que nació en Suiza hace más de un siglo y mantiene la pureza del método tradicional. Bonne Maman, con su estética inconfundible y su carácter artesanal francés, se ha convertido en sinónimo de elegancia y calidad. St. Dalfour, también francesa, fue pionera en elaborar mermeladas sin azúcares añadidos; y la marca británica Wilkin & Sons (Tiptree) conserva, desde 1885, la autenticidad del producto hecho en pequeñas partidas con fruta seleccionada.

Entre las marcas clásicas que han marcado la historia de este producto, merece también una mención especial La Vieja Fábrica. Desde 1834, este producto español se elabora de manera artesanal y cuidando la calidad de las frutas.

Rustic Queen

Pero, más allá de las grandes marcas, en los últimos años han surgido empresas jóvenes que aportan una visión más natural, sostenible y local. Entre ellas quiero destacar, por su calidad y su compromiso, a Rustic Queen, que elabora mermeladas ecológicas, con un 75% de fruta, preservando al máximo sus propiedades naturales y los sabores auténticos.

Esta empresa se sitúa en el espacio protegido Sierra del Sueve, en el Principado de Asturias, aprovechando la producción de fruta de las pequeñas plantaciones de la zona para ejercer el mínimo impacto en el entorno.

Representa una nueva generación de productores que entienden la gastronomía no solo como placer, sino también como un compromiso con la sociedad y con el medio ambiente.

Del desayuno a la alta cocina

Aunque las mermeladas se han asociado tradicionalmente con el desayuno (y casi todos los hoteles del mundo ofrecen una selección, junto a la miel o la mantequilla), su versatilidad es mucho mayor.

Hoy los grandes chefs las utilizan como ingrediente o acompañamiento de platos principales, donde aportan matices de contraste y equilibrio. Una mermelada de frutos rojos puede realzar un cordero asado; la de naranja amarga, un magret de pato; y la de pimientos, un foie gras o un queso curado. Incluso se incorporan en salsas, reducciones o postres salados, abriendo un universo de posibilidades creativas.

En definitiva, un producto tan sencillo (en apariencia) como la mermelada, puede ser una fiel representación de la libertad gastronómica: la capacidad de transformar la naturaleza en cultura, la tradición en innovación y lo cotidiano en arte.

Porque la verdadera cocina libre no impone límites. Experimenta, combina y se reinventa constantemente. Y pocas cosas reflejan mejor esa libertad que una cucharada de mermelada: el sabor dulce de la historia, la memoria y la imaginación.

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